Ollas de vicio, así se ‘cocina’ el microtráfico en Cartagena

12 de agosto de 2019 11:30 AM

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La captura de una mujer -de 54 años- que tenía bajo su mando un punto de expendio de sustancias alucinógenas en el barrio Olaya Herrera puso al descubierto cómo delinquía una familia al servicio del microtráfico en la ciudad. Junto con la mujer fueron aprehendidos sus dos hijos.

El operativo también le permitió a la Policía Metropolitana de Cartagena el decomiso de 200 dosis de cocaína empacadas y listas para su distribución y consumo; además de un celular y dinero en efectivo -al parecer- producto de la venta de estupefacientes.

Según la Policía, la cabeza de la familia y líder de la banda vinculó al cónyuge, y luego a los hijos y a los sobrinos para que empacaran las dosis o salieran a vender diariamente.

“El jefe que tiene el contacto con la banda delincuencial que los provee de los estupefacientes tiene a los primos, sobrinos o tíos como campaneros o soneros, que son quienes se ponen en el exterior de la vivienda y están atentos al ingreso de un vehículo o una persona diferente que no sea del sector y que podría ser un policía infiltrado”, contó un agente de la Sijín que participó en ese operativo.

Así empieza el negocio

Mil pesos son suficientes para que una persona compre unos gramos de bazuco a un expendedor en Cartagena, y 5.000 pesos para acceder a una dosis mínima de marihuana o cocaína. Estas dos últimas son las drogas más consumidas en la ciudad, sin distinción de estrato social, clase, religión ni orientación sexual.

Pese a la histórica lucha que los gobiernos han librado contra el microtráfico, este es un negocio tan redondo que va tres pasos adelante de las autoridades.

Entrar al negocio del microtráfico no es tarea fácil. Al igual que como ocurre con las empresas legales, cuya administración pasa de generación en generación, las redes del tráfico de estupefacientes han emulado esta modalidad.

Según investigaciones de la Sijín, existe una alta probabilidad de que los actuales líderes de bandas dedicadas al microtráfico ingresaron al negocio de manera heredada, por lo que tienen los contactos con el ‘clan del Golfo’ y ‘los Pachencas’, las organizaciones criminales de talla nacional que distribuyen la droga en esta zona del país.

“Estos grupos traen la droga a Cartagena por vía terrestre y luego buscan donde guardarla. Después se la entregan a las bandas delincuenciales que son las que tienen determinados sectores bajo su liderazgo. Ellas surten los barrios donde hay ollas de vicio”, dice el agente secreto de la Sijín.

Una olla de vicio es un sector delimitado en el cual, en una calle o un barrio, pueden haber más de cinco casas dedicadas al expendio de droga. Estas casas son a su vez lideradas por un jefe que constituye una organización criminal pequeña que se dedica a la venta de estupefacientes.

Ollas de vicio, así se ‘cocina’ el microtráfico en Cartagena
Las estrategias

Los nuevos roles de los delincuentes y su gran capacidad para innovar la manera en cómo venden drogas lleva a que la Policía se replantee constantemente las estrategias usadas para desmantelar una olla, y más aún cuando los delincuentes se hacen querer de la comunidad y crean toda una burbuja protectora a su alrededor.

“Buscan viviendas estratégicas que sean difíciles para el ingreso de las autoridades o que sea fácil para ellos saber quienes ingresan o no. Utilizan calles tipo bolsillo y ponen la venta de droga al final para tener conocimiento de todo el que llegue. O utilizan calles que no están pavimentadas o que están en lo alto para observar quién sube. Los delincuentes se están profesionalizando en cometer su delito, y es allí donde nos toca mejorar nuestras técnicas para lograr incautaciones”, dice la Policía.

El delincuente no se conforma con que su casa sea la más difícil de acceder, debe tener la seguridad de que si la Policía llega a practicarle un allanamiento, no le encuentren nada, o por lo menos no mucho.

“Ya no conservan los estupefacientes en la casa de expendio porque si les hacen un allanamiento, los capturan, les incautan la droga, el dinero y deben responderle al jefe de la banda delincuencial. Entonces utilizan otra vivienda del núcleo familiar para guardar la droga y en la casa en que se vende simplemente al dueño le dicen: ‘aquí tienes 100 dosis de marihuana y 100 dosis de cocaína, cuando se agote me avisas para traerte más’; y el dinero lo recogen varias veces en el día”, explica la Policía.

Modalidades

La Policía dice que ahora se usa mucho la figura del expendio móvil, que es aquella persona que sale a vender a las esquinas, cerca a las instituciones educativas, parques y escenarios deportivos, “por ser espacios donde habitualmente se reúnen los jóvenes, y estando allí ya llevan menores cantidades de droga que venden muy rápido”.

La ultima modalidad identificada es el expendio a domicilio, que tiene como canal de contacto las redes sociales y medios de comunicación instantáneos tales como Whatsapp y Telegram, una modalidad que dificulta aún más la captura de expendedores y dinamiza el delito a niveles mayores, logrando no solo montar un imperio en los barrios si no también en un área intangible como lo es internet.

Si usted tiene conocimiento de un punto de expendio o una olla de vicio en su barrio, puede informar enviando el nombre o alias del presunto delincuente, una foto de la fachada del lugar y dirección del expendio al correo mecar.sijin-estpolicia.gov.co.

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