“Que los constructores den la cara”: mujer de víctima de desplome

03 de mayo de 2017 10:00 AM

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Cuando Jorge Luis Hoyos Romero empezó a trabajar como obrero en la construcción del edificio Portales de Blas de Lezo II, tenía planeado tumbar su casa de madera, que se ha caído varias veces, y por fin hacerla de material para brindarle mejores condiciones de vida a su familia.

Sin embargo, la edificación terminó desplomándose unos cuatro días después que empezara a trabajar, dejando sepultados sus sueños.

El hombre fue uno de los 23 obreros que resultaron heridos ese jueves fatídico de la semana pasada, que quedó marcado en la memoria de los cartageneros, pero ahora hace parte de la lista de víctimas fatales, que con él son 21. El lunes en la tarde murió en una clínica y ante la situación sus parientes pidieron justicia.

El obrero tenía 30 años y hace nueve vivía con su mujer, Emperatriz Viloria, en la invasión 3 de Junio (que está junto a Nelson Mandela).

“Cuando nos conocimos ya él tenía un hijo de un año, y yo dos hijos de otra relación”, explicó Emperatriz. Esta explicó que la semana antepasada un hombre que vive en un sector cercano fue a buscar a Jorge a su casa, pero no lo encontró. El hijo de Jorge, quien tiene 10 años, lo atendió y le dijo que regresara después.

El hombre regresó dos veces más, en días diferentes, hasta que pudo contactar a Jorge y convencerlo para que trabajara en la construcción del edificio Portales de Blas de Lezo.

“Jorge aceptó, pero a mí no me dijo dónde quedaba esa construcción. Me explicó que le iban a pagar 30 mil pesos por día, pero que no le daban almuerzo. A los tres días de empezar a trabajar me dijo que él se iba a encargar de comprar la comida, para que yo fuera comprando de a poco blocks y cemento para hacer de material nuestra vivienda, pues vivimos en difíciles condiciones y la casa se nos ha caído tres veces”, explicó la mujer del obrero.

Sin embargo, el jueves de la semana pasada, cuando apenas llevaba cuatro días trabajando, el edificio se desplomó mientras él estaba en el segundo piso repellando una pared. “Yo sabía que un edificio se había desplomado, pero no que era ese donde trabajaba Jorge.

Sentía un temblor en el cuerpo y no sabía por qué. Horas después, me dijeron en el barrio que un vecino que también trabajaba allí había muerto y que Jorge no aparecía. A las 5 de la tarde llegué al sitio del desplome y mi marido no aparecía”, contó entre lágrimas la viuda.

Esta explicó que una hora después, un canino de la Policía detectó dónde estaba Jorge, bajo los escombros. Pero el rescate solo se pudo hacer hasta la una de la madrugada del día siguiente.

El hombre fue llevado a la Clínica Madre Bernarda y el sábado lo trasladaron a la San José de Torices. “Sufrió fracturas en las piernas y traumas severos en el tórax. Me decía que le dolían mucho las piernas.

El domingo en la tarde me dijo que me fuera para la casa porque sabía que yo tenía que ir a trabajar. Al día siguiente -lunes- regresé a la clínica a las dos de la tarde y me dijeron que acababa de morir. Esto ha sido muy duro, queremos que los constructores del edificio respondan y que den la cara, que se pongan la mano en el corazón”, concluyó Emperatriz.

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