Sucesos


Relato de una testigo: hombre se masturbó en una buseta

EL UNIVERSAL

28 de junio de 2018 07:40 AM

Asco, repugnancia, repulsión, nervios e intimidación. Esas sensaciones y sentimientos se despertaron en mí a las 6:45 p.m. del viernes pasado. Todo aquello que sentí se mezcló y solo 20 minutos después me dejó salir del impacto emocional. No lo quería creer  y menos podía entender cómo una persona puede hacer algo tan desagradable en un medio de transporte público.

Se preguntaran, ¿qué pasó?, algo que jamás pensé presenciar. Un señor de unos 60 años se masturbaba en el bus que abordé para dirigirme a mi casa.

Lo hacía mientras el conductor recogía pasajeros, algunas personas miraban por la venta, dormían y otras simplemente hablaban por celular. Aunque parece de no creer, fui la única que se dio cuenta de la porquería que ese hombre hacía.

“Minutos horribles”

Hacía 20 minutos había tomado el bus en el Pie del Cerro, cerca a la empresa donde trabajo, para dirigirme hasta mi casa ubicada en San José de los Campanos. En el bus, de la ruta San José de los Campanos - Boquilla, algunas personas miraban hacia distintos lados. Por el poco espacio que quedaba me pare frente a los primeros puestos, por tanto estaba cerca del conductor y  obstaculizaba un poco la entrada.

En los tres primeros puestos de la hilera de sillas que da al pasillo iban tres hombres. En el tercero estaba aquel señor que, de repente, decidió sacar su pene y  estimularlo. Recuerdo que vestía un jean y un suéter azul, además, llevaba una carpeta azul en las manos.

A los pocos minutos de estar de pie note que el señor movía su mano como si temblara. La situación en un principio me pareció extraña. pero no pensaba que se estuviera masturbando porque el bus estaba lleno. Por momentos dejaba el brazo quieto y luego lo volvía mover. No sé si se trató de un pensamiento ingenuo, pero pensé que el temblor era por alguna enfermedad como Parkinson.

Se tapaba
Cerca de María Auxiliadora el chofer volvió a detener el bus para recoger otro pasajero. El depravado, cuando se dio cuenta de que se montaría una persona, se tapó el pene con la carpeta que llevaba encima de sus piernas y que tenía agarrada con la mano izquierda. El otro pasajero camino hasta el final del bus, así que le volvió a quedar el camino ‘libre’ para entregarse a su depravación.

La mano volvió a moverse y yo seguía sin saber, o sin imaginar de qué se trataba.

Un cantante se subió a los pocos metros y cuando este se ubicó muy cerca de mí tuve que rodarme un poco. Allí fue cuando me percaté de que el señor tenía su miembro viril por fuera y lo estaba agarrando.

Mi asombro fue tanto que me puse nerviosa, sin embargo, le comenté al pasajero que estaba en el primer puesto, pero solo me contestó en medio de una sonrisa: “¿yo qué puedo hacer?”. El depravado cuando se dio cuenta de que hablaba con el señor del primer puesto de inmediato se levantó, pidió la parada y se bajó del bus.

Mi cabeza ‘daba vueltas’
¿Será que estará acostumbrado a hacer eso? Era la pregunta que más me hacía mientras sentía que este tipo de actos son violentos contra las mujeres. A pesar de la sonrisa casi cómplice de aquel hombre al que le comenté como pidiendo auxilio, de quien no sé si tendrá hermanas o hijas que puedan pasar por esto, yo sentí esa práctica no como un acto íntimo de alguien que disfruta de su sexualidad, sino como una agresión, como si tuviera un arma.

Al final me bajé del bus y luego del shock pude contarles a mis compañeros de trabajo, quienes me animaron a contar lo sucedido.

Esperaba que esta fuera una de esas cosas que solo le pasan a uno, pero de inmediato encontré empatía en alguien que vivió una situación similar. No sé si será el mismo hombre, lo cierto es que esta situación está muy lejos de ser algo normal para mí y para muchas mujeres que también se habrán topado con algo que, si no lo es, debería ser un delito. 

Otra víctima

Después de lo sucedido le comenté la situación a un grupo de trabajo y una compañera contó que le había pasado una situación como la mía. Ella se transportaba en una buseta de Ternera- San José.

“Yo me senté al lado de un señor, quien iba revisando su celular, pero cuando me vio lo guardó. Empecé a mirar por la ventana y de un momento a otro cuando volteo para donde estaba el hombre me di cuenta que se estaba masturbando y moviéndose extraño. Esperé un rato para ver si era eso lo que realmente estaba haciendo y cuando lo confirmé le dije que era un pervertido y me quité de ese puesto. También se lo dije al esparrin y lo que me contestó fue que eso era normal en ese señor”, dijo mi colega.

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