Se ahogaron 2 pescadores en ciénagas de Rocha y Marialabaja

25 de julio de 2019 12:00 AM

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La tragedia se vive de igual manera en dos hogares de Bolívar. En el corregimiento de Rocha, Arjona, lloran a Osterman Llerena Rocha, de 53 años; y en el municipio de Marialabaja el dolor es por Gabriel José De Ávila Herrera, de 53.

Ambos se ahogaron tras ser sorprendidos por el mismo aguacero que cayó en gran parte del Norte y Centro de Bolívar en la madrugada del martes. La tormenta sorprendió a los dos mientras pescaban.

El cadáver de De Ávila lo hallaron ayer en la tarde en la Ciénaga de Marialabaja; y el cuerpo de Osterman lo encontraron el mismo martes a mediodía en la Ciénaga Juan Gómez, en Rocha.

“Está traumado”

Gustavo Adolfo Martínez Miranda es el amigo de Gabriel que sale a pescar con él en la tarde del lunes. Él logra sobrevivir a la tragedia, pero resulta afectado emocionalmente. “Estoy haciendo las diligencias para un psicólogo. Él no quiere hablar y pasa llorando. Está muy mal”, dice Luz Karime Miranda, hermana de Gustavo.

Ella recuerda que tanto él como Gabriel llegan a su casa a eso de las 4 de la tarde del lunes y se ponen a lavar los platos. Luego cocinan y empacan arroz para irse a pescar. “Ellos le dijeron a otro muchacho para que también los acompañara, pero él no quiso y ajá, se fueron solos a pescar hasta la madrugada de ayer -martes-”, agrega la mujer.

Después de esa hora, no vuelven a saber de ellos y la tormenta que cae el martes hace que la canoa en la que se transportan se voltee y hunda.

“Nunca regresó”

A las 7 de la noche del lunes, Osterman sale de su casa, en el corregimiento de Rocha, y llega al puerto para pescar en la Ciénaga Juan Gómez en su canoa.

“Él salía siempre en las noches y regresaba tipo 8 o 9 de la mañana del día siguiente para vender los pescados en el pueblo. Como vimos que no regresó y había llovido tan duro ayer -martes-, los primos, amigos y vecinos salieron a buscarlo. Cuando llegaron allá, lo encontraron ahogado y se lo trajeron para la casa. Eso fue como a las 11 de la mañana”, cuenta una hermana de Osterman, ayer.

“No tenía hijos, era muy querido por todos en el pueblo. Todo el mundo lo buscaba para hacer trabajos. Era mudo y muy servicial. Era mi mano derecha”, dice Juana Rocha, dolida.

La mujer, de 72 años, espera que los restos de sus hijo sean devueltos a Rocha para darle cristiana sepultura. A Llerena lo extrañan en la calle Mamón del sector La Tronconera.

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