Tras el rastro de Kellys Zapateiro

04 de agosto de 2014 12:02 AM

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Fue uno de los cuatro uniformados que prestaban guardia en la estación de la Policía Metropolitana en el corregimiento de Manzanillo del Mar, a unos 5 minutos de Cartagena, quien advirtió lo que un perro llevaba en sus fauces. El policía se acercó al animal, que husmeaba la estación, en un área casi rural donde ocasionalmente queman droga incautada y hacen polígonos.

El perro mordía una y otra vez el extraño elemento. Al observar detenidamente lo que tenía el canino, el uniformado descubrió el hecho que solo un par de días después estremecería a la ciudad y al país. Una historia de horror y misterio aún no resuelto.

Lo que llevaba el perro en la boca era una extremidad superior humana, el brazo izquierdo de una mujer. La mano estaba intacta, conservaba piel y tejido muscular, mientras que el resto del brazo estaba carbonizado. Era el brazo de Kellys Zapateiro Guzmán, una mujer con 8 meses de gestación, cuyos familiares, ese mismo 12 de julio de 2014, cuando el policial halló el brazo, denunciaron que había desaparecido el día anterior.

FÁCIL DE EMBAUCAR

Kellys Zapateiro Guzmán era hija de Iris Guzmán Martínez y Gil Alfonso Zapateiro Julio. Nació en Cartagena la madrugada del 18 de octubre de 1985 y a los 5 años se fue con sus padres a Coveñas (Sucre). Allá vivía, pero cada vez que podían sus padres la traían a Cartagena, a visitar a su abuela materna, en el barrio El Libertador. Por su condición de integrante de la infantería de Marina, de la Armada Nacional, Gil era trasladado a distintos lugares del país.

Por eso, Kellys y sus tres hermanas menores, Yuly, Iris y Jeimy, conocieron distintas zonas del país. “Como mi esposo era militar, vivimos en guarniciones militares en Tumaco, Buenaventura y Cali”, recordó la madre de Kellys. Luego de esa vida nómada, Gil Alfonso decidió regresar con su familia a Cartagena, hace 12 años, donde se establecieron definitivamente. En la Heroica, igual que su hija Kellys, Gil encontraría la muerte por manos criminales.

Kellys desarrolló su juventud en las polvorientas calles de El Libertador. Vivía en la tercera calle del barrio. Allí, sus vecinos la recuerdan como una joven alegre y cordial. “Si tu le pedías algo, te lo daba. Fuera ropa, comida o lo que sea”, explicó una vecina.

Kellys nació con un pequeño retraso mental, por lo que sus padres la metieron en la institución educativa Mente Activa, donde tratan a niños con ese tipo de problemas.

“Allí la ayudaron para que se graduara de bachiller y la sicóloga me dijo que la encaminara por el arte, la belleza y manualidades. Me dijeron que no estudiara medicina o alguna carrera compleja, porque su condición no le iba a dar para estudiar eso”, explicó Iris Guzmán.

Por eso, desde su juventud, ‘Kelucha’, como le llamaban por cariño en su hogar, se dedicó a arreglar uñas y cepillar cabello. Siempre se le veía bien arreglada, con un bolso en donde llevaba todos sus implementos. Una sonrisa límpida caracterizaba su rostro moreno con cejas arqueadas. Sus parientes y vecinos reconocen que por ese pequeño retraso con el que nació, era una mujer fácil de embaucar. De sus estancias por el Valle y el Pacífico, tomó el gusto por la música salsa. “Ella pasaba cantando en su casa. Uno la veía bailando en la sala”, recordó un vecino. Sus parientes contaron que desde pequeña era inquieta, alegre, dinámica, trabajadora y muy “amiguera”. “No miraba la parte mala de la gente. Era muy confiada y no pensaba que alguien le haría daño. Por eso le pasó lo que le pasó”, dijo Iris Guzmán.

Como no pudo estudiar una profesión, como sí lo hicieron sus hermanas (una es contadora, una técnica en salud ocupacional y la otra estudia derecho), Kellys se dedicó a ganarse la vida arreglando uñas y cepillando cabellos. El 23 de julio de 2011 Zapateiro Guzmán atravesó una de las situaciones más difíciles de su vida, pues ese día un sicario mató a balazos a su papá en Pasacaballos. Fue doloroso, pues ella estaba muy apegada a Gil. “Él la quería mucho y le decía que le iba a montar un salón de belleza en la casa para que trabajara”, contó Iris Guzmán. Solo unos meses después, el 5 de noviembre de 2011, nació el primer hijo de Kellys. Sus parientes no comentan quién es el padre. Iris Guzmán dice que Kellys era madre soltera.

Por las responsabilidades y para profesionalizar su trabajo, Kellys decidió estudiar cosmetología y belleza en la institución educativa Elyon Yireh, en la sede que está junto a la Avenida Pedro de Heredia, en el barrio Líbano. Hizo el primer semestre, y varios de sus amigos la recuerdan como una joven emprendedora y alegre. Como dijo su mamá, le gustaba ir a fiestas, pero a donde iba se llevaba a su primer hijo. En el 2013 Kellys volvió a quedar embarazada. Aunque su madre dice que no sabe de quién, asegura con vehemencia que no es de Andrés Díaz Zabaleta, el expolicía con más de 16 años de servicio, señalado de matarla en complicidad con su compañera sentimental, Josefa Cardona Ortega.

¿VECINA Y ASESINA?

Fue en El Libertador donde Kellys conoció a Josefa. “Josefa era vecina, vivía a unas casas. Kellys era muy amiga de una de las hijas de Josefa. Le arreglaba el pelo y por medio de ella -la amiga- conoció a Josefa”, explicó la progenitora de Kellys. Esa amistad selló el destino fatal de Kellys. En el Libertador rumoran que Josefa tendría gusto por la brujería. Rumoran eso porque, supuestamente, en su casa tenía un altar con muchas velas grandes y santos. Los parientes de Kellys explicaron que Josefa empezó a ganársela, y que le hacía regalos para el bebé que Kellys llevaba en su vientre. Las investigaciones de la Fiscalía indican que Josefa acompañaba a la embarazada a las citas médicas y que, en varias de estas, la habría suplantado. Mientras tanto, Josefa decía a sus familiares que estaba embarazada, como lo asegura uno de los comentarios que hace una de sus hijas en una foto que colgó en su cuenta de Facebook.

Hace unos cuatro años, Josefa se casó con Andrés Díaz, quien residía con sus padres en la calle El Tancón del sector Rafael Núñez, en Olaya Herrera. Luego, se separó de este y se fue a vivir a El Libertador con otro hombre. Hace varios meses, empezó a salir de nuevo con Díaz. Dicen que pensaba dejar a su marido y volver con el patrullero. Llevaba una doble vida.

Mientras, Kellys arreglaba cabellos y uñas para conseguir las cosas que le faltaban para el nacimiento de su segundo hijo.

LA DESAPARICIÓN

El 11 de julio pasado, Iris Guzmán se levantó temprano para ir a una cita en el Hospital Naval del Caribe, en Bocagrande. “A las seis de la mañana ya iba a salir de la casa y fui al cuarto de mi hija y le dije que se levantara para que le preparara el desayuno a su hijo. Ella me dijo que no me preocupara, que me fuera que ella después preparaba algo”. Ese día, Josefa se encontró con Kellys porque le dijo que la llevaría a una fundación que está en el sector de Los Cuatro Vientos, para que le hicieran una ecografía gratis. Esa, fue la última vez que vieron a Kellys en su hogar.

Las investigaciones indican que Josefa se fue con Kellys hasta el Mercado de Bazurto, donde le dio un jugo y comida. En la tarde, Josefa la llevó a la Clínica Maternidad Rafael Calvo.

Los videos de las cámaras de seguridad de la clínica muestran que Kellys llegó mareada y vomitando. Una de las hipótesis que barajan las autoridades es que pudieron darle algo para que expulsara al bebé.

Cuando en la clínica pidieron el nombre de la embarazada que se sentía mal para llenar su historia médica, Josefa dio su nombre. Kellys estuvo en ese centro médico hasta caída la noche, cuando salió con Josefa del lugar. Al día siguiente, al ver que no aparecía Kellys, su madre preguntó a los parientes de Josefa, que dónde estaba.

Le dijeron que Josefa estaba en la Maternidad y que había parido. Extrañada porque nunca le vio la barriga grande, Iris  fue a la clínica y le preguntó a Josefa por Kellys, quien le respondió que el día anterior (11 de julio), la había dejado en Pasacaballos. Pero por más que la mujer  agotó todos los medios para encontrar a su hija, no pudo hallarla, pese que en una segunda ocasión le preguntó a Josefa por su paradero. Por eso, Iris denunció en la Fiscalía la desaparición, que se cruzó con el hallazgo del brazo humano que ese día (12 de julio), un perro halló cerca de la Estación de la Policía en Manzanillo del Mar.

CASO REASIGNADO

El hallazgo del brazo y en ese entonces posible homicidio fue entregado al Fiscal 34 Juan Barrios. La desaparición la manejaba el Fiscal Primero Especializado Pedro Díaz. Luego que unieran cabos y que las investigaciones indicaran que el hallazgo del brazo estaba relacionado con la desaparición, el homicidio fue reasignado al fiscal Pedro Díaz, quien lidera la investigación. Las entrevistas recolectadas por los investigadores de la Policía pusieron al descubierto el acto macabro contra Kellys Zapateiro. Todo indica que la mujer, de 28 años, fue llevada a la estación de la Policía en Manzanillo del Mar el 11 de julio en la noche. Allí, en un kiosko, a unos metros de las oficinas, en medio de la oscuridad, le abrieron el vientre con una cuchilla en hoja y le sacaron a su hijo. Luego, la habrían matado de un balazo en la cabeza. Su cuerpo fue desmembrado y luego quemado sobre una colchoneta.

Las investigaciones de la Fiscalía indican que serían Josefa y Andrés Díaz, quien esa noche era el comandante encargado de la estación de Manzanillo, quienes habrían cometido el crimen. Eso infiere el ente acusador porque se demostró que al día siguiente Josefa llegó a la clínica Maternidad con un bebé que decía haber parido en la calle, pero los exámenes médicos demostraron que el bebé no era de quien decía ser su madre, sino de Kellys Zapateiro. También que Josefa nunca estuvo embarazada.

Las entrevistas a los tres compañeros de Díaz que esa noche del 11 de julio dormían en la estación, indican que el uniformado habría hecho un disparo, pero que no les pareció raro porque estaba acostumbrado a disparar al aire. También dicen que vieron una fogata en el lugar, pero que no prestaron atención porque Díaz las hacía con regularidad. Esa sería la fogata en la que quemaron el cuerpo de Kellys.

El 12 de julio en la mañana, cuando ya Josefa Cardona estaba en la clínica Maternidad con el hijo de Kellys, Díaz estuvo allá visitándola. Dicen que intentó agredir a Josefa y luego huyó. Josefa fue capturada días después, al salir de la clínica. La Jueza Once Penal Municipal, tras una audiencia de Garantías, halló méritos para asegurarla por el crimen de Kellys en la cárcel para mujeres de San Diego. Díaz huyó hacia Venezuela. Allá, el 26 de julio pasado, fue aprehendido por agentes de migración y luego deportado a Colombia al día siguiente. Fue entregado en Cúcuta (Norte de Santander), a la Policía. El 28 de julio lo llevaron ante la Juez Segunda Penal Municipal de Garantías, que lo aseguró en la cárcel para funcionarios en Sabanalarga (Atlántico), por los delitos de secuestro simple, homicidio agravado y desaparición forzada, los mismos cargos que le imputaron previamente a Josefa.

En la estación de Manzanillo, la Policía halló el brazo y otros restos óseos que se creen son de Kellys, que fueron enviados a Medicina Legal en Barranquilla. En el lugar siguen las investigaciones y la búsqueda, pues aún no aparece el cráneo. Se cree que fue enterrado en inmediaciones de la estación, pues junto al brazo hallado también encontraron una pala y un cavador, además de la cuchilla, los guantes quirúrgicos y rastros del vestido que tenía puesto Kellys la última vez que la vieron con vida. Las autoridades siguen tras su rastro y sus parientes claman justicia por el vil crimen. Hasta ahora se desconoce con qué motivo le extrajeron al bebé a Kellys. Aunque algunos rumoran que fue para venderlo, de eso no hay pruebas y ni Josefa ni Andrés Díaz han dicho nada. Las autoridades deducen que el crimen fue planeado.

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