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“Con cáncer de seno a los 36 años, creer en Dios me salvó”

La sobreviviente Tatiana González Caicedo dice que el cáncer es una travesía compartida con médicos, amigos y familia, pero, sobre todo, con Dios.

IVIS MARTÍNEZ PIMIENTA

25 de octubre de 2020 12:00 AM

A los 36 años, tras palparse la mama y encontrar una masa dura, (como una masa encarnada que no se movía de lugar), Tatiana supo que necesitaba una valoración médica de urgencia.

Ella siempre acostumbraba a hacerse exámenes de todo tipo, también en los senos, pese a no tener antecedentes familiares de cáncer. Cuatro meses después de su última ecografía tenía esa masa y esa extraña sensación de que algo no iba bien.

“Pensé: ‘Me voy a morir. ¿Cómo me está pasando esto a mí?’. Era una persona activa que hacia ejercicio, me cuidaba, físicamente estaba bien... Mi alimentación era buena. Eso sí, manejaba un nivel de estrés bastante alto, cosas a nivel personal y familiar”, empieza.

Se dispararon las alertas y de inmediato contactó a un amigo médico para que le ayudara a salir de algunas dudas. “Él me revisó y ordenó ir de inmediato a mi entidad de salud para ser atendida por un especialista y así lo hice.

“Luego de una rutina de estudios médicos de rigor, empezó la travesía. Visité al especialista en mamas, el mastólogo Luis Fernando Viaña González, médico de la ciudad. Mi imagenólogo también se sumó al cuadro de honor para este drama, él me realizó una ecografía mamaria y, al terminar, indicó tener una sospecha alta de cáncer de mama. Lo confirmarían otros estudios.

“La mamografía, resonancia magnética, biopsias de aguja gruesa (trucut), dirigidas por eco. Esos exámenes serían determinantes en el diagnóstico”, explica Tatiana, con todo el conocimiento que su enfermedad le ha dado acerca de la terminología en cáncer de mama.

El 22 de octubre de 2018 los estudios marcaron dos tumores, uno benigno y uno maligno, este último que podría haber acabado con su vida. Estaba extendido por uno de sus senos, pero, milagrosamente, no había llegado a la parte axilar, tras lo cual se habría expandido aún más. Era un cáncer grave de tipo infiltrante, grado II.

Tatiana González Caicedo es sobreviviente de cáncer de mama y en su voz se nota la gratitud que guarda. “Más allá de haber perdido mi seno derecho, gané la vida y gané la salvación espiritual que tanto necesitaba”.

No fue fácil, además, porque atravesaba una situación complicada a nivel laboral.

“Perdí mi trabajo porque renuncié para trabajar independiente, y después de un mes me diagnosticaron. Quedé en la calle, yo, madre cabeza de familia, no tenía ahorros. Decidí hacer una rifa y vi la misericordia de Dios”, agrega.

Eso fue hace dos años. Ella es profesional en Salud Laboral y tiene una hija de 18 años. Como ella misma dice y como le brota por los poros, una persona proactiva, creativa, responsable, elocuente, creyente en Dios, dinámica, espontánea, extrovertida, apasionada por la vida, la familia, los amigos el amor, esforzada y valiente.

“El cáncer permitió que yo me acercara más a Dios, el centro de todo es Él. Pensé entonces que si yo estaba haciendo las cosas con actitud, no podía pasar nada malo y, si algo pasaba, yo iba a estar fortalecida”, dice.

Trabajaba de forma independiente, incluso saliendo de las quimio. Cuando empezó a perder el cabello, seguía visitando a sus clientes.

“Recuerdo que un cliente era el padre de Claudia Bahamón; el señor Germán, él me dijo: Usted no se va a morir, usted es muy bella, vaya y luzca su calva”.

Tatiana dice que con el tiempo pensó lo linda que se veía sin cabello, pero la primera vez que se vio en el espejo fue muy fuerte.

“Creer me salvó”

Le hicieron quimioterapia, fueron ocho meses de tratamiento para reducir el tumor y cinco cirugías posteriores. Durante el tratamiento, hizo amigas que perdieron la batalla a medida que pasaba el tiempo.

“Haber padecido cáncer de mama ha dejado en mí un camino lleno de experiencias y aprendizajes, un camino de amor por la vida. Pude identificar claramente cuál es mi propósito terrenal, también he aprendido a perdonarme por las veces que me hice daño y no amé lo suficiente, yo no era prioridad. Aprendí a amar mi cuerpo, a amarme a mi misma sin censura y con todo el valor del mundo sabiendo que soy única. La vida es bonita, con todo y estas cosas.

“Hoy vivo sin prisas. Cuando eso pasó, tuve insomnio, me di látigo, nos maltratamos y no somos capaces de amarnos, y el cuerpo se enferma.

“Hoy les digo a las personas que las amo y que las quiero, como si fuera mi último día”.

Con la mejor actitud

Tatiana sabía que se avecinaban cambios y había que entrenar la mente. “Sí, a ella, porque la mente nunca nos tiene en el presente”, dice. “El reto más grande al que podría enfrentarme no era el cáncer de mama, era la mente”.

Tatiana se prepara para ser coach de Salud y Bienestar, dice que con la actitud somos capaces de caminar más livianos y seguros para vencer cualquier situación difícil o enfermedad.

“He decidido llevar mi proceso con buen ánimo, llena de alegría, agradeciendo siempre lo ocurrido. Viviendo un día a la vez, como si fuera el último suspiro, porque cada día es una oportunidad que Dios da gratis.

“Agradezco a Dios, a mi hija, familia, médicos, amigos, por su apoyo y oraciones. Mi corazón está muy agradecido por la buena energía que la vida me presta. He armado la historia de mi vida con miedos, altibajos, amor, apoyo, alegrías, tristezas, pero más que nada con fe y paciencia”, finaliza Tatiana.