Gabriel Mirabassi (Perugia, Italia, 1967) es uno los mejores clarinetistas del mundo, con una manera muy particular de tocar su instrumento. Cuando está en el escenario todo su cuerpo es parte de su instrumento y de su música: es una conmoción de latidos y movimientos sutiles, intensos, profundos. Todo se transforma en el instante en que toca su clarinete. Cuando terminó su concierto lo único que pude decirle fue “gracias por tu música”. Y al verlo en la calle lo abordé para proponerle una entrevista. Mirabassi estuvo entre nosotros en el Cartagena Festival Internacional de Música. Es un músico de conservatorio con una amplia y reconocida trayectoria internacional, cuya búsqueda creativa lo llevó al complejo universo del jazz.
Lo primero que me dice Mirabassi es que no sabe hablar en español, sino en portugués, italiano o inglés, pero que entiende muy claro lo que le decimos pero él no sabe hablarnos en español. “Entenderé tu portugués y tu porteñol”, le dije riéndome.
El milagro de la música disipa las fronteras y distancias y hace que el mundo sea de veras una esquina minúscula del universo. La raíz común del latín y la música fue la puerta de entrada, pero en la cita en el periódico, acudimos a Luisa Machacón, quien nos tradujo del inglés.
La primera referencia que me comparte Mirabassi es que su padre tocaba el piano en los bailes de salón e interpretaba música de los años sesenta. El piano era como un juguete en la casa. Dice que empezó a tocar el piano desde los cuatro años. Pero un día a sus seis años viendo los discos de larga duración que coleccionaba su padre vio en la portada del disco, la silueta de un clarinetista que estaba arrodillado tocando al cielo. Fue impactante la imagen. Desde allí empezó a enamorarse del clarinete, y solo hasta sus once años empezó a tocarlo. Pero cuando empezó a estudiar en el conservatorio sintió la dicotomía entre lo clásico y lo popular, entre lo sinfónico y lo jazzístico.
“Dividía el día entre el piano y el clarinete. Y en el conservatorio no lo dejaban tocar el jazz. Aprendí todo en la vida y muy poco en el conservatorio. Eso he dicho en Cartagena, con el respeto de los profesores de música. Les dije a los muchachos que asistieron a mis clases en Cartagena, que lean muchos libros, que vean muchas películas, que vean mucho arte, que es muy importante para la vida del músico nutrirse de todo el arte. Tenemos una sola vida y debemos disfrutar mucho más de la vida, especialmente de la vida de los otros. Un músico puede nutrirse de la vida de Ulises, Hamlet, Beethoven. Ese es el mejor regalo que podamos recibir: la vida de los otros en nuestra vida. Cuando uno toca ocurren dos acontecimientos: tocas tu vida y las otras vidas que recibiste para tener el privilegio de tocar un instrumento”.
Mirabassi confiesa que la melodía es muy poderosa y decisiva en una obra musical. En los últimos quince años va y viene a Brasil en donde investiga la música de ese país, pero su curiosidad es por toda América Latina. Allá ha tenido el privilegio de estar en la casa de su gran maestro Chico Buarque. “He tenido muchos privilegios en ese país, como la de tocar con Guinga, uno de los mejores músicos populares del Brasil. Le llaman el Nuevo Villa-Lobos. Conocer a este artista fue definitivo para él, descubrir la alta calidad de la música popular brasileña. Así me he interesado por toda la música popular latinoamericana que es tan bella, tan profunda y compleja. En Nueva York conocí al arpista llanero Edmar Castañeda. Un verdadero prodigio. Uno de mis grandes maestros es Paquito D´Rivera, quien me ha convidado a tocar con él. Es un artista fenomenal. Nos telefoneamos y siempre me demuestra su gran interés por lo que están haciendo los músicos de América Latina. Está pendiente y muy informado de todo. De aquí de Colombia he tenido referencias del gran Justo Almario, pero no lo conozco personalmente. He escuchado la obra musical del gran músico colombiano Lucho Bermúdez y tengo una gran pena que en el mundo no se escuche como debiera su nombre, porque es uno de los grandes de este país y del mundo.
La experiencia en Cartagena ha sido fuerte e intensa, muy reveladora del gran talento de los jóvenes de acá. Desde que llegué invitado al festival musical, yo me preguntaba dónde estaba el pueblo, mi interés era tener la oportunidad de interactuar con ese pueblo. Pero solo pude tener ese privilegio en las clases magistrales. Para mí fue conmovedor ver a esos jóvenes interesados en la música. Por la situación que ha vivido Colombia, a mí eso me impactó: escuchar sus historias de violencia y sus deseos de futuro con la música. Lo que puedo decir con fe es que esos chicos tienen talento, mucho talento, aunque algunos de ellos sean indisciplinados y salvajes (lo dice riéndose), son únicos y tienen un nivel alto. La conclusión que yo me llevo es que Colombia con su música popular, posee el nivel más alto en todo el continente. Tiene este país las mejores melodías y su música está hecha con mucho sentimiento, es de las pocas músicas en el mundo. Creo que es el único lugar del mundo en donde la música le habla a su gente. Yo vine a enseñar a Cartagena y a enseñar a Brasil. Y resulta que vengo a aprender. Quiero volver”.
Le impresionó compartir escenario en Cartagena, con el arpista llanero Elvis A. Díaz, un virtuoso de su instrumento con solo dieciocho años de edad. Y con el maestro del cuatro y la bandola, Juan Carlos Contreras, en los conciertos de la Serie Latinoamericana.
Mirabassi dice que puede durar un día entero tocando su instrumento. Ese es un privilegio y una pasión sin límites el poder tocar la belleza misma, a través del misterio intangible de la música.
“La voz es el único instrumento que se ha creado para expresar las emociones humanas”, dice. “Un buen instrumentista te hace olvidar que estás cantando. El sonido es más fuerte, intenso, más rápido. Para mí el clarinete es una mujer”.
SEÑALES DEL CLARINETISTA
Gabriele Mirabassi (Perugia, Italia, 1967), es uno de los mejores músicos contemporáneos de jazz. Graduado del conservatorio Morlacchi, es uno los fundadores del Ensemble Artisanat Furteux. Creó en 1989 su propio cuarteto de jazz. Mirabassi fue miembro de la Rabih Abou-Khalil grupo, ha tocado en los festivales de jazz más importantes de Italia y ha realizado giras a nivel internacional. Fue el ganador del premio Top Jazz de nuevos talentos en 1996. "Canto di Ebano", según la crítica, su mejor álbum hasta el momento. Desarrolla investigaciones sobre la música brasileña y latinoamericana.


