La manera como los venezolanos están tratando de hacer perdurar la imagen de Hugo Chávez es muy parecida a la que hicieron los argentinos cuando embalsamaron el cadáver de Evita Perón y llegaron a llamarla Santa Evita. La compararon con lo que resume Catalina de Rusia, Isabel de Inglaterra, Juana de Arco e Isabel la Católica.
Ascendió como un meteoro, dice Tomás Eloy Martínez, el gran escritor latinoamericano autor de la novela Santa Evita. El pueblo la seguía lo mismo que a Chávez. Perón la hizo embalsamar y desfilaron miles y miles de argentinos mirando su cadáver dándole su último adiós. Durante tres años estuvo el embalsamador revisando los niveles de formol en sus arterias. El cadáver de Evita Perón fue pasando de una ciudad a otra, escondiéndola de los enemigos. Al volver Perón al gobierno lo regresó y la hizo enterrar sin hacerle ningún monumento.
Evita quedó grabada en la historia de Argentina por sus méritos propios: sus “grasitas” como ella llamaba a su pueblo, por su recia personalidad y el dominio que ejercía sobre la gente.
Igual pasará con Chávez, el que ejercía una gran influencia sobre la gente pobre por las dádivas que les hacía con los dineros del Estado, tan pronto llegue otro gobierno irá desapareciendo ese endiosamiento y no habrá capilla que valga.
Puede ser que con Maduro que se agarró con las palabras de Chávez perdure un tiempo este entusiasmo, pero a la hora que se vayan restableciendo las empresas que Chávez había cerrado, lo mismo que los bancos, el pueblo irá reaccionando.
En Colombia, gracias a Dios, no hemos tenido esos embelecos de endiosar líderes. Nos entusiasmamos con Gaitán pero la reacción nos hizo pagar con vidas de muchos hombres y el destrozo de Bogotá. Gaitán quedó en la historia. El país ha tenido muchos héroes en la época de la Independencia que habían merecido todo ese endiosamiento, pero nosotros erguimos monumentos, escribimos libros de historia y no los hemos olvidado jamás.
Te puede interesar: