Cartagena tiene su paseo del hedor y el abandono

29 de marzo de 2015 12:00 AM

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El hedor a excremento, orín y basuras se unen de tal forma que hacen de ese sector, a pesar de su belleza e historia, una de las tantas letrinas públicas que existen en Cartagena, y lo que permite, además, evidenciar tres de los grandes problemas que aquejan a la ciudad: la falta de sentido de pertenencia, la falta de civismo y la falta de dolientes.

Ese es el panorama que se observa en lo que hasta hace una dos décadas se conocía como “El paseo Heredia”, un paso obligado para los que se dirigen de Getsemaní a Manga o al Pie del Cerro, o viceversa, o lo que es más importante, por donde transitan los turistas rumbo a uno de los monumentos más imponentes y visitados de Cartagena. Hablamos del Castillo San Felipe de Barajas.

El Paseo Heredia fue eso hasta que al alcalde de turno se le dio por construir otro puente que reemplazara al viejo puente Heredia, que se había quedado pequeño por el desarrollo de la ciudad.

Con su inauguración, a finales de 1994, comenzaría otra historia de Cartagena, que ha desembocado en lo que es hoy el sector de los “puentes” Heredia: un lugar sucio, maloliente, feo, oscuro, antiestético y carente de autoridad.

Historia perdida

Fotos de hace unos 25 años, o quizá un poco más, muestran a un Paseo Heredia limpio, arborizado, con los andenes un poco deteriorados pero bien demarcados, lo que no imposibilitaba caminar por ellos, o tener el temor de caer en la laguna de San Lázaro, como pasa ahora. Hasta existían bancas para descansar.

Con el proyecto del nuevo puente Heredia se contempló la demolición del viejo, el que hoy tiene más de 100 años, pero que sigue allí, firme y soportando el uso y el abuso.

Tras la inauguración del nuevo puente se dijo que el viejo sería demolido, lo cual se comenzó a hacer, aunque por falta de dinero (afortunadamente), el Distrito no lo terminó de derrumbar, lo que salvó a la ciudad de otra catástrofe porque a los seis meses de inaugurado el flamante puente nuevo, una de sus placas se vino abajo, convirtiéndose este hecho es un escándalo que aún hoy resuena.

Lo que sí se demolieron fueron las barandas del viejo puente, dejando solo los balaustres, sin que a la fecha ningún mandatario distrital se haya preocupado por, al menos, restituir las barandas, o proteger al peatón aunque sea con cinta amarilla.

Pero la desdicha del sector no paró allí. Con el tiempo se convirtió en baño público de todo aquel que  tenga penuria de satisfacer necesidades fisiológicas, incluidos taxistas y buseteros que no tienen escrúpulos en detener sus vehículos y orinar en cualquier sitio, incluida la esquina del baluarte de Santa Bárbara, o sobre las aguas de la Laguna de San Lázaro. El lugar es lo de menos. De allí los olores nauseabundos a cualquier hora.

Y como si le faltara algo al sector para hacerlo un sitio poco agraciado, las basuras que dejan todos, incluidos los habitantes de la calle, obligó al consorcio de aseo Pacaribe a instalar unas cajas contenedoras frente al cordón de murallas, las que a veces se rebosan de desechos, bien sea por la cantidad o porque los recicladores las sacan y las dejan tiradas.

Sobre esto, el consorcio explicó que fue el Distrito el que autorizó la contenerización en ese sector, “después que el lugar fuera identificado como punto crítico de basuras”. Y las ubicaron allí porque “nadie les dijo que tenían que pedir permiso” a una autoridad veladora por el buen uso del patrimonio histórico de la ciudad. Ese debe ser el mismo concepto que aplican quienes cuelgan el espacio sobre o cerca de las murallas. O quienes aún siguen usando los baluartes como baños.

Además, y para rematar el panorama, el consorcio de aseo, cansado de erradicar basureros satélites, no tuvo más remedio que cercar los bajos del puente Heredia (el nuevo) con alambre de púas.

“Pero lo imperdonable es que a pesar de todo ese heroísmo del famoso puente, a pesar de ser una vía obligada de tránsito vehicular, por donde sale el 80% del transporte automotor de la urbe, por donde circulan tanto a pie como en vehículos todos los turistas que van del Centro Histórico a conocer y visitar San Felipe, nuestras autoridades se dan el súper lujo de mantener ese lugar en un estado tal de abandono y desaseo, sin iluminación nocturna, sin andenes, sin señalización alguna, rodeado de un insultante encerramiento con alambre de púas dizque para prevenir el depósito de basuras y escombros, protegiendo así la falta de autoridad que hay al respecto”, escribió Raúl Porto Cabrales en un portal web sobre el mismo tratado.

Tampoco hay asomos de ninguna inversión para el viejo puente Heredia y su ofensivo entorno, o al menos su rehabilitación no está en la lista de obras que dio a conocer l Distrito con recursos de un millonario préstamo suscrito con la banca, a través de la Secretaría de Infraestructura.

Acción popular

Eso a pesar que en diciembre de 2011, un fallo de primera instancia del Juzgado Noveno Administrativo ordenó intervenir al viejo puente Heredia, tras fallar una acción popular interpuesta por el ciudadano Miguel Pinedo Romero, quien demandó al Distrito y al Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena, IPCC, para que recuperen el puente.

Sin embargo, en algo que parecería increíble, la pelota se la pasaron entre el Distrito, el IPCC y el Ministerio de Cultura. Resultado: nadie es responsable del viejo puente Heredia y del Paseo que allí existió.

¿Qué esperan las autoridades, llámese Distrito, IPCC, Ministerio de Cultura para actuar? Nadie sabe. Lo único cierto es que el sector de los puentes debería dejar de ser lo que es hoy:  otro lugar que le da la razón a todos los que quieran hablar mal de Cartagena de Indias, Ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad.

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