Revista dominical


El museo de los tesoros perdidos

JOHANA CORRALES

06 de julio de 2014 12:02 AM

¿Dónde está la ruana de Simón de Bolívar? ¿Quién se habrá robado las llaves de la ciudad? ¿A quién le interesaba quedarse con las tres medallas acuñadas del almirante Vernon?

Con frecuencia las directivas del Museo Histórico de Cartagena se hacen estas preguntas. Ellos se lamentan de la insólita desaparición de estas piezas altamente valiosas.

Luego de la fundación del Museo, en 1924, eran cerca de 1.600 las piezas apiñadas en una casa frente a la Catedral Santa Catalina de Alejandría, de Cartagena.

Con esas piezas, donadas en su mayoría por particulares, se creó la primera colección del Museo. Entrar a ese lugar causaba fascinación, era como hacer un viaje en el tiempo, donde cada objeto tomaba vida y contaba una historia.

Cuando se trasladaron de sede, hicieron un nuevo inventario de estos objetos, pero al revisar, se percataron de que faltaban casi todas las piezas importantes.

La nueva administración, de la que ya hacía parte Moisés Álvarez Marín, encontró los restos de una colección que en otra época tuvo muchas más piezas. Álvarez recuerda que hace 30 años la ruana de Bolívar aún estaba en el Palacio, junto con los documentos probatorios que confirmaban que era la ruana auténtica que Bolívar le había regalado a la familia Gutiérrez de Piñeres.

Era una ruana de clima caliente. El hilo con el que se confeccionó era muy delgado. Sin embargo, en 2002, cuando el museo sufría un abandono inaudito, se hizo un nuevo inventario para saber qué piezas se podían utilizar para restituirle la vida al Museo. En ese lapso la ruana desapareció.

Sobre su desaparición se han tejido varias hipótesis, y ninguna ha sido confirmada: la primera es que la ruana la mandó a buscar el fallecido presidente Hugo Chávez y se encuentra en su museo personal en Caracas (Venezuela). La segunda es que una familia de la ciudad la tiene escondida en su casa.

UNA CIUDAD SIN LLAVES
Otro preciado objeto que se extravió son las llaves de la ciudad. Dentro de la oficialidad que había en Cartagena, a finales de la Época de la Colonia, había una persona encargada de esas llaves. El Oficial de Llaves, como se le conocía, iba en un caballo y abría y cerraba las cinco puertas de la ciudad: la de la Calle de la Media Luna, Torre del Reloj, Plaza de la Aduana, la del Boquetillo y Santa Catalina.

Luego del paso del Oficial, la ciudad quedaba incomunicada. Las actividades se restablecían hasta las 5:00 de la mañana del día siguiente, cuando el hombre volvía abrir las puertas. Aquellas llaves reposaban en el despacho del gobernador y eran como el símbolo de la soberanía de la ciudad. No salían del recinto a menos de que Cartagena se rindiera. Durante el sitio de Pablo Morillo no hubo rendición, de modo que las llaves permanecieron en el despacho.

En 1821, cuando sucedió la liberación definitiva del puerto de Cartagena, las llaves volvieron a aparecer y se las entregó el último gobernador español al primer gobernador republicano, el general Mariano Montilla, quien era venezolano. El militar se las dio a Simón Bolívar, quien se las regresó aludiendo que él (Montilla) merecía conservarlas al ser el verdadero héroe de Cartagena.

Montilla regresó a su país y en esa tierra años más tarde murió. Las llaves quedaron en manos de sus descendientes, quienes las entregaron al Museo Nacional de Colombia.

Durante la administración de Eduardo Lemaitre se le pidió al Museo la donación de unas replicas exactas que se hicieron. Las replicas llegaron y fueron colocadas en la misma vitrina donde estaba la ruana de Bolívar, así que cuando se llevaron la ruana, también debieron apoderarse de las llaves. Fue así como la ciudad se quedó sin esta reliquia.

Al igual que la ruana y las llaves, más los mapas, los cuadros, las estatuas de tamaño natural, las monedas, los faroles y los libros, hay otro objeto que el museo echa de menos por su gran valor: las tres medallas acuñadas de Vernon.

Cuando el almirante Vernon llegó a la ciudad estaba convencido de que vencería, ¿y cómo no, si se trajo a 23.600 hombres, quienes combatirían contra 6.000 que tenía la ciudad? además de 186 embarcaciones que se enfrentarían a escasas cinco con las que contaba la ciudad.

Era tanta su confianza que antes de dar la pelea mandó a acuñar las tres medallas de la caída de Cartagena. Por una serie de sucesos extraordinarios, Cartagena venció al almirante y su desmesurada tropa, y entonces se firmó un tratado en el que se ponía fin a la guerra.

Tiempo después, las medallas llegaron a la ciudad y también hacían parte de ese primer inventario que realizó el Museo.

“Cartagena por obra y gracia de ese sitio estuvo en la mira de todas las potencias mundiales de ese momento. Y casi que la historia de la humanidad giró en torno de esta ciudad. Vernon, después de derrotado, al poco tiempo regresó al Reino Unido y sus restos están en Londres. En su tumba está la referencia de Cartagena. Esa es una pieza que nosotros la podríamos mostrar con orgullo a todo el mundo y a los visitantes, vengan de donde vengan”, dice Álvarez, dejando asomar un poco de aflicción.

¡Tú puedes salvar la historia!
“El Museo es pobre”. Ésta es una de las principales críticas expresadas por los turistas que visitan este sitio. Y efectivamente, tienen razón.

Los esfuerzos que se han hecho desde la entidad han sido enormes, pero el problema de fondo es que el Museo se quedó sin piezas.

“No necesariamente se requieren piezas, pero lo lamentable de Cartagena es que habiéndolas tenido hayan desaparecido y ahora toque hacer maquetas y utilizar ayudas virtuales”, dice Moisés Álvarez.

Explica que todos los objetos que hay de la Inquisición son réplicas, pues de este periodo no quedó nada. Hay quienes dicen que las piezas y documentos fueron quemados. La Historia de la ciudad se salva porque afortunadamente Cartagena misma es un gran museo.

“Las murallas, el Fuerte San Felipe y todos estos monumentos permiten que eches el cuento, pero si tuviéramos esta riqueza de elementos, podríamos contar la historia con más fuerza”, agrega.

El próximo 31 de julio, fecha escogida para celebrar el aniversario 90 del Museo Histórico de Cartagena, se presentará la primera fase del nuevo guión del Museo y se aprovechará para hacer una campaña, como la hacen la mayoría de estos recintos, en la que se motivará a los ciudadanos a que entreguen aquellas piezas que hacen parte del disfrute de todos. De modo que si usted es uno de ellos, entréguela.

“En esta nueva etapa del Museo haremos la campaña 'Si lo tiene, tráigalo'. Deben haber muchas cosas en manos de particulares. Pretendemos que entreguen esos objetos valiosos, que son un patrimonio colectivo. A través de una pieza se puede contar una historia verdaderamente formidable”, concluye el director del Museo Histórico de Cartagena.