Revista dominical


Farid Ortiz, el cantante de La Loma

IVIS MARTÍNEZ PIMIENTA

17 de mayo de 2015 12:00 AM

El Rey de los pueblos, como fue apodado el cantautor Farid Ortiz, ha permanecido en el mercado vallenato por casi 30 años. Su canción Se acabaron ya, le abrió las puertas a una promisoria carrera en la que ha grabado alrededor de 28 álbumes, cantándole a las mujeres, al desamor y a la vida.

Con su acento típico del Valle, llegó a un almuerzo en el restaurante Acción de Gracias en el Centro Histórico, saludando a la prensa y recomendando “comer sin pena y sin modales”, como cuando estamos en confianza... sin importanos el qué dirán.

Su historia
Nació hace 46 años en La Loma, Cesar, lo bautizaron en La Jagua de Ibirico y creció en Becerril, Chiriguaná, El Paso y en “la misma Loma”, dice. Su niñez, que recuerda llena de privaciones y necesidad, marcó su personalidad convirtiéndolo en una persona desprendida del dinero y ajena a los lujos.

Cuando Farid Ortiz viaja a los pueblos de Colombia, afirma que su única exigencia es que le preparen viuda de carne salada.

Enmarcada en su tradición campesina está también su aversión por los aviones, que no lo ha llevado más lejos que a Estados Unidos, Aruba y Panamá. Siempre está de gafas oscuras y gorra, un atuendo que nada tiene que ver con el folclor,  pero que el mismo artista creó para proyectarse ante sus fanáticos. “Después de Dios (es cristiano) mis fanáticos son lo más importante para mí”, dice.

El popular artista pidió el “cucayo” del arroz y comió sin prisa antes de conceder la entrevista.

A propósito de la novela de Diomedes Díaz, ¿qué opina del contenido?
“Ta´ bien, obviamente Rcn le agrega y varía las cosas para ponerle sabor a la vaina, pues algunos no están de acuerdo con ese tipo de cambios, pero bueno esas producciones si se hacen por el bien del folclor, pues bien”.

¿Cómo empezó tu carrera?
“Por cosas de la vida, nunca pensé que mi voz podía servir para esto y bueno. Recuerdo de mis primeras presentaciones, una que hice en Valledupar a los 15 años. Esto es empírico amor, yo no tengo estudio de ninguna forma musical, sí soy bachiller y becado por el Icetex fui yo. No seguí estudiando porque comencé a ganar plata temprano con la música”.

¿Qué sentiste ese día en tu primera presentación?
“Yo como que fuí artista en otra vida porque ese día llegué a la tarima y como si nada, como si ya hubiese estado allí. Recuerdo que canté pura música de Diomedes, fue mi profesor, todavía me está doliendo su muerte. Yo salí del conjunto de Diomedes a grabar la música mía, yo andaba con él, claro. Fui de los de adentro de él. Me apoyó mucho y recuerdo que en ese tiempo me dio 50 pesos para los taxis... pa´ que me fuera a grabar”.

¿Qué recuerdas de tu niñez?
“Muchas cosas, tantas vainas, las necesidades que pasé. Mi papá es doctor, y mi mamá, pues fue una campesina del pueblo.Yo fui hijo de la calle y negado, ahora llevamos una buena relación, pero antes cuando uno necesitaba el apoyo a veces era difícil y en ese entonces pues... pero lo importante fue que Dios nunca me abandonó”.

¿Cómo recuerdas a tu madre?
“Mi mamá me sacó adelante, una mujer de mercado público. Vendía yuca, plátano, arroz, de todo allá en Becerril, del que me fui como a los 7 años”.

¿Quiénes conforman ahora tu familia?
“Tengo varios hermanos que están en Valledupar, soy el menor de todos y pues vivo con mi esposa Carla Armela y mi hija, una niña, María Pabla de año y medio, que lleva el nombre de mi madre. Tengo 13 hijos, uno con cada mujer. Diomedes tuvo 50”, recuerda entre carcajadas y contestando a mi expresión de sorpresa. “Mi hijo mayor debe tener 27 años... estoy en contacto permanente con todos”.

Llevas muchos años en la música, ¿estás abierto a fusiones?
“Sí, llevo 27 años por ahí. No quiero variar lo  que llevo que es un estilo muy criollo y muy bailable, respetando la champeta... aunque en cualquier momento podría ocurrir”.

Es fácil saber por qué Farid Ortiz es llamado el Rey de los Pueblos, apodo que cree que surgió luego de su primera producción titulada Con más fuerza.

Después de terminar la entrevista haciendo gala de su mejor sonrisa, acomodó sus gajas oscuras y gorra blanca y se perdió entre el alboroto de cámaras, micrófonos y grabadoras que habían en el lugar.

  NOTICIAS RECOMENDADAS