Las botas de aquí pa’lla

07 de febrero de 2010 12:01 AM

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Las ciudades en la medida que van creciendo están sujetas a la transformación de sus espacios tradicionales. Sus plazas, parques y paseos son sometidas a cambios en el amoblamiento, arborización, uso, tipo de pisos, tratamiento de las fachadas de los edificios de los alrededores y especialmente el traslado de monumentos que se han integrado a la memoria de sus habitantes. En Cartagena, al hacer un inventario de los espacios urbanos identificados por el monumento o estatua que albergan, se encuentra: Que no son muchos, lo que corrobora el déficit de áreas libres y de expansión que sufre la ciudad y la sitúa muy por debajo de los estándares internacionales. Que la mayoría de ellos están situados en el Centro Histórico y sus alrededores. Que en las épocas recientes son pocos los monumentos construidos y, finalmente, que muchos de ellos han sido trasladados de su ubicación original. Atendiendo este último aspecto trataré lo acontecido con el monumento de las Botas o las Botas Viejas, como también se le conoce. Esta obra de la autoría del escultor cartagenero, Héctor Lombana, fue situada, al despuntar la década de 1960, en una pequeña rotonda en el remate de la calle de La Media Luna hacia el Puente Heredia, sitio donde en épocas coloniales estaba la entrada por tierra a la ciudad. Las Botas son la materialización escultórica del poema de Luis Carlos López “A mi ciudad nativa”, que en sus versos finales se refería al cariño que terminamos teniendo por nuestros zapatos viejos. Estaban construidas de cemento esmaltado, periódicamente eran retocadas sus zonas deterioradas por un albañil y luego pintadas con pintura de aceite, que las dejaban lustrositas como recién emboladas. Con el paso del tiempo se convirtieron en un hito urbano al que acudían los turistas a sacarse fotografías que sirvieran de evidencia de su paso por Cartagena. Cachaco que se respetara debía retratarse metido dentro de ellas, de lo contrario nadie le creería que hubiese estado en la ciudad. Hacia 1992, para solucionar el trazado del nuevo Puente Heredia (el curvo existente) fue necesario ordenar las vías, demoler la rotonda y en consecuencia retirar Las Botas. Como estas eran de cemento se decidió demolerlas y elaborar una réplica de bronce, material más noble a la altura del prestigio que habían adquirido. Se trasladaron entonces al sitio que hoy ocupan el costado este del Castillo de San Felipe, en donde son más accesibles y seguras para los turistas y han dado vida al sector. Este es un caso de una obra que ganó con su traslado y hoy continúa siendo uno de los monumentos predilectos de los visitantes. La ciudad nueva prácticamente carece de sitios urbanos referenciados por monumentos o estatuas y es usual bautizar los sectores acudiendo a nombres de centros comerciales, estaciones de servicios, iglesias, discotecas y otros negocios menos santos. Para la muestra: el sector de El Amparo; por la bomba de El Tigre; frente a Villa Campestre, al lado de María Auxiliadora. Nombres que orientan, pero desprovistos de toda poesía. FUNDACIÓN FOTOTECA HISTÓRICA CARTAGENA DE INDIAS

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