Revista dominical


Memoria fílmica

RICARDO CHICA GELIS

30 de diciembre de 2012 02:42 AM

A mi juicio, el evento cultural más importante del año 2012 en Cartagena fue la presentación del Archivo Fílmico Hernández; lo que acaeció a mediados de diciembre en La Casa de Bolívar.   s el evento más destacable porque Cartagena es amnésica. El olvido social tiene repercusiones insospechadas, pues, afecta directamente la formación de nuestra mentalidad y nuestra conciencia; en otras palabras, no hay arraigo a casi nada. Buen ejemplo de ello son los saberes de la gastronomía: ya es rara la persona que sabe hacer ciertos platos, recetas, bebidas, postres y dulces. Al parecer, ello aconteció a partir de los cambios en la arquitectura de las casas y apartamentos donde vivimos. Un sancocho de sábalo, un higadete, una chicha de mamón, un arroz apastelado, unos pícaros entre otros, eran preparados en patios y cocinas generosas propias de casas en madera de arquitectura republicana – popular. Tal espacio implicaba una culinaria llena de conversación, donde fluían los saberes de una generación a otra. La cocineta de un apartamento implica conseguir ingredientes de origen industrial. No hay complicidad entre tendero, panadero, carnicero, verdulero o pescador con la casera, con el casero. Ahí cabe preguntar por nuestra relación con la memoria, en especial, la del siglo XX. Preguntar por los enfoques de preservación de nuestra memoria y también, ahí radica la importancia del cine como archivo y fuente para pensar la historia.
A mi me parece que nosotros debemos hablarle y escribirle a la historia; porque, en general, los historiadores tradicionales construyen un relato excluyente y ausente de pueblo. Construyen un cuento de hadas, inconsecuente con la realidad que hoy vivimos. En esa historia no aparecemos nosotros. El Archivo Hernández es un material cinematográfico, filmado por Don Daniel Hernández, que va desde los años cuarenta hasta fines de los años setenta, cuando su hijo Javier filmó apartes de la mudanza del mercado público de Getsemaní a Bazurto. Allí aparecen aspectos de la vida cotidiana de Cartagena como son la familia, los juegos infantiles, las procesiones, las fiestas de noviembre, las tradiciones y, en general, aparece la ciudad como protagonista del archivo. Gracias a la iniciativa de Javier Hernández, Martha Yances y Jorge Moreno se logró recatar más de seis mil pies de película en formato 8 milímetros, para un total de tres horas y cincuenta y cinco minutos. En ese sentido, Jorge Moreno, considera que los archivos son activos sociales, en virtud de su importancia para la preservación y circulación de la memoria colectiva. Este archivo puede consultarse en Patrimonio Fílmico Colombiano (Bogotá); Cinemateca del Caribe (Barranquilla) o con la cineasta Martha Yances en Cartagena.Para que tenga vida un archivo fílmico (o de cualquier otra naturaleza: recetas de cocina, prensa, grabaciones radiales, video, vestidos, muebles, edificaciones, fuentes orales, documentos institucionales, álbumes familiares entre muchos otros) no solo hace falta preservarlo; pues, resulta indispensable exponerlo a las distintas miradas, enfoques y lecturas de la gente. Sólo de esa forma se puede generar un proceso de apropiación, no tanto del archivo, sino de lo que somos: nuestra identidad y nuestra memoria.
Durante la presentación del Archivo Hernández se destacaron otros archivos fílmicos y visuales  como son el de Judith Porto, que al parecer tiene registros desde los años cuarenta; el archivo en video de la Universidad de Cartagena; el archivo de más de cuatrocientos video – casetes, del señor Jaime González con imágenes de los años setenta hacia fines del siglo XX; todos susceptibles de ser preservados y custodiados en una Cinemateca que, debe ser en una institución pública, es decir, en la Universidad de Cartagena. Y que circule por internet. Aquí vale preguntar por lo que pasa con el acceso público a la Fototeca Histórica de Cartagena.Lo que está en juego con los archivos es el recurso medular para encontrar nuestro rumbo colectivo, debemos tener claro nuestro devenir y lo que hemos sido capaces de hacer, o no; cuál ha sido nuestro lugar respecto a la nación, el continente y el mundo; y porqué somos como somos; y, claro, con mucha honestidad intelectual.


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