Revista dominical


Totó la Momposina: Sin el 'asunto' es imposible cantar

GUSTAVO TATIS GUERRA

14 de septiembre de 2014 12:02 AM

Una cantadora es una piedra preciosa de la madre naturaleza, me dice Sonia  Bazanta- Totó la Momposina-. Su voz recia se adelgaza para precisar un concepto, una emoción, un recuerdo, y se fortalece cuando reafirma el concepto de identidad cultural. Ha venido temprano al periódico con su nuevo álbum, acompañada de su hijo Marco Vinicio Oyaga. Para ella no toda mujer que tenga buena voz  puede considerarse una buena cantadora.  Debe tener asunto.

¿Qué es el asunto?
- El asunto es la vida. Una cantadora además de ser un tesoro de esa naturaleza, depende del contexto en que nace y se desarrolla. Una cantadora hace su ritual cuando canta. Y entrega su pañuelo a la que tiene capacidad de ocupar la misma posición de respondona y hacerlo bien. Hay cantadoras afinadas con grandes cualidades pero sin el asunto es imposible. Debe saber conocer su naturaleza, su cultura, y no solo tener buena voz. Debe saber arrollar un pescado, doblar una calilla, pegar un botón, cocinar, sembrar la yuca. Una cantadora debe ser completa. Saber avivar el fuego del fogón. Arremangarse al pie del agua y saber poner las columnas de su casa. Sin ese conocimiento perdió el curso.

¿Qué piensa del movimiento colombiano de cantadoras que han surgido y replican los cantos del Caribe?
-Es un fenómeno nacional y mundial. Cada país tiene su música. Cuba tiene su rumba, su guaracha, su guaguancó. México tiene sus rancheras. España su flamenco. Inglaterra tiene su rock. Cada país tiene su comida, su arte, su música, sus letras. Colombia no tiene una sola melodía y una sola música porque es un país multiétnico. Tenemos el millo que vino de China y toca nuestros indígenas,  el acordeón que vino de Alemania. El país tiene sus bandas, sus millos, sus gaitas, sus cantadoras. Junto a los tambores, está la guitarra y el tiple, las bandas de viento. Pero para responder, no es suficiente la buena voz de las jóvenes cantadoras. Ese es un fenómeno cultural. Las cantadoras son líderes en su pueblo.

Veo que rindes un homenaje a Pablito Flórez en tu nuevo álbum...
-Hay una canción suya que se llama El porro es el rey, una protesta del poeta del Sinú ante las amenazas de la guerra. Nos recuerda que el porro es una expresión musical colectiva de todo un pueblo y toma el simbolismo de un cóndor en cuyo “pico lleva mi vida y en sus garras mi corazón”. El porro se baila con velas encendidas y en forma de rueda colectiva en el fandango. Pero el poeta teme que con la violencia en el Sinú y en el país los bombardinos terminen convertidos en materas, los redoblantes en bateas para lavar ropa o en calderos para fritangas. Pablito nos recuerda además que el porro es rey en todo el Sinú y celebrar la tradición de la alborada es celebrar la vida  en el pueblo.

¿Cómo recuerda su participación en la entrega del Nobel a García Márquez en Estocolmo en 1982?
-Bueno, eso no se  volverá a repetir en la vida. Es el único Premio Nobel de Literatura que hemos tenido en Colombia. Un genio que escriba una novela como Cien años de soledad, que está alimentada de la esencia de nuestro pueblo no podía pedir otra cosa que a su propio pueblo en esa fiesta en Estocolmo. Gabo exigió que allí estuviera su pueblo y Gloria Triana hizo la selección de la delegación musical.  Fuimos Carlos  Franco con su escuela de cumbiamba del Carnaval de Barranquilla, los Hermanos Zuleta, Totó y sus tambores con Batata, músicos de los Llanos Orientales, Tolima, músicos del Caribe y el Pacífico. Recuerdo que luego de la fiesta de la entrega del Premio Nobel  Gabo me sacó a bailar cumbia y me dijo que no dejara de cantar nunca. Más allá del protocolo  de Estocolmo, Gabo se ingenió para hacer de esa fiesta un  verdadero fandango de nuestra cultura.

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Le pregunto al percusionista Marco Vinicio Oyaga, hijo de Totó si el toque de tambor que ha escuchado en África es distinto al que se toca en el Caribe colombiano y me dice que hay semejanzas y matices de diferencia. El tambor es algo más que un instrumento. Es la resonancia espiritual de una comunidad en el duelo y en la fiesta, en el nacimiento y en la muerte. Una vez en Marruecos vio a unos músicos que parecían interpretar algo muy cercano al porro (Lea aquí: Totó la Momposina tocó a Cartagena).

Me dice que para él el asunto, nombre del álbum reciente de su madre, significa “sabiduría, expresión, criterio”.  Para la misma Totó es la suma de los conocimientos de la vida cotidiana de hombres y mujeres.

En su nuevo álbum El asunto, que editó Sony Music en 2014 figuran trece canciones: A pilá el arroz, narrado por Estefanía Caicedo, La perla de Antonio María Peñaloza, ¿Aronde me meto yo? de Catalino Tejedor y versos adicionales de Totó, El hambre del pescador de Nayib Feres Farfán, El gallo tuerto  y el guere-guere de José Barros, Manuela, batata toca y Ataole, de Pello Torres, Sonia Bazanta y Tradicional; Danza de negro (tradicional) con arreglos de Wilson Cifuentes; El palomo (tradicional con adaptación de letra por Jorge Luis aguilar), La hormiga “tras tras” de Manuel Mañe Mendoza; Caimán y gallinazo de Clímaco Sarmiento; El porro es rey de Pablo Flórez; La espuela del bagre de Marcelino Bernal; El higuerón y mata de col de Abel Antonio Villa con arreglos de Ramón Benítez y grupo de Totó la Momposina.

Ahora en la terraza del periódico,  Mirtha Aguilera le pide que cante algo  de su nuevo álbum. Totó se sonríe. Totó no improvisa nada. Cuando va a cantar requiere de un tiempo íntimo que la reconcilia con todos sus ancestros. Cierra los ojos y recoge el aire quemante de este día  y lo devuelve con una sonrisa. He visto este instante. La voz cae como una gota de río y se ensancha como un mar incontenible. Se transforma en lo que es: una receptora de los milagros y los prodigios de la tradición oral y cultural del Caribe colombiano. 

¿Cómo podría definir la identidad cultural?
- La identidad no compite con nada ni con nadie. La identidad musical tiene raíces en lo indígena, en lo africano y lo europeo, junto a los tambores africanos, las cuerdas europeas, las gaitas indígenas.