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Esta es la historia de Leonardo Gamarra, sinceano maestro de porros

El gran músico Leonardo Gamarra, de 82 años, será homenajeado en Cartagena, el 15 de diciembre en el Salón Pierre Daguet, y luego, en el Teatro Adolfo Mejía.

GUSTAVO TATIS GUERRA

05 de diciembre de 2022 03:58 PM

Por su infancia cruza un tigre que sale huyendo en plena plaza. Es la parodia del tigre. Y mientras conversamos está pasando el tigre otra vez por la plaza de Sincé como en su infancia que evoca a sus ochenta años. Un tigre que sale de la plaza y de sus recuerdos y se mete en su música. Sinceano que no se haya disfrazado de tigre y no haya bebido del agua del Trébol, es criatura sospechosa. Es tigre que no ha alcanzado la dignidad festiva del porro. Recuerde aquí: Exaltan al maestro sinceano Leonardo Gamarra en el Encuentro Nacional de Bandas

Leonardo Gamarra que sueña y piensa a ritmo de porros, pero también a ritmo de danzones, boleros y sones, es un tigre que ha librado todas las batallas por la música. Ha perdido la cuenta de cuántas canciones porque en todo momento está componiendo, y desde que pasaron del centenar de canciones ya no se toma la molestia de enumerarlas porque no hay un día en que no se le ocurra convertir cualquier asunto del amanecer en materia prima de su canto, él que vive en el regazo de los colibríes en el monte sagrado de su aldea natal, en el patio del barrio Palacio de Sincé, Sucre, donde nació el 18 de julio de 1940, es un ser de música.

Se crió en la finca El Cairo, oyendo historias desmesuradas (...) Una de esas historias era la de los niños en cruz, y la del brujo rezado al que no le entraban las balas.

Leonardo, el mayor entre ocho hermanos, me cuenta que se crió con el abuelo Enrique Romero Benavides. Su padre Miguel Gamarra Escudero era un ser quisquilloso y temperamental, que adoraba los gallos de pelea. Sara Romero Atencia, su madre, era simpática, tenía una habilidad para diseñar, pintar, era costurera y le hacía los vestidos a la tía Filomena. Su bisabuelo Salvador Gamarra de la Ossa, era tabacalero y tenía quince mulas que llevaban el tabaco a Ovejas. Su abuela materna era María Susana Escudero Merlano, hijo de Leonardo Escudero Vergara e Isabel Merlano Mogollón. El bisabuelo Leonardo tenía doscientas novillas y cien hectáreas de tierras en La Mojana y en Montería. Tenía mucho poder en la región, pero “la guerra lo acabó”. Había enterrado el oro. El oro que tantas desgracias había traído a nuestra tierra, desde que llegaron los españoles. Conserva una foto de 1942 en la que aparecen Catalina Vergara, su madre que está enseñando a coser, y junto a ella, están Ismael Gamarra, Manuelito Rodríguez.En el viejo gramófono RCA Víctor, escuchó a Carlos Gardel y Agustín Lara. Su padre cantaba Volver y Cuesta abajo.

Se crió en la finca El Cairo, oyendo historias desmesuradas que contaba Homero Solá, el embustero más grande del mundo nacido en Sincé. Una de esas historias era la de los niños en cruz, y la del brujo rezado al que no le entraban las balas. Leonardo canta desde que tiene memoria bajo la sombra de aquel patio sombreado de nísperos, plátanos, granadillas, caimitos y piñuelas. En ese patio su padre cantaba sus tangos y rancheras que le fascinaban. Recuerda el sabor del plátano manzano, el guineo, el cuatro filo o mafufo, boca de la reina, el mamón, la guayaba, la ciruela, la papaya. Por sus recuerdos de niño pasan los zaínos y el ñeque devorando los sembrados de yuca, el tigrillo, los piguas, los gavilanes cola blanca, el gavilán cenizo y jabao, y a mil metros el golero dando picadas en el aire. Por su infancia cantan los mochuelos, los dominicanos, los canarios, los azulejos, las cotorras, los monos aulladores en los arroyos, las guacharacas, y cuando llegaba el atardecer de las seis “era terrible que a uno lo alcanzar el canto de las guarumera o el yacabó”, dice riéndose. Y en el almuerzo de aquellos días no faltaba “el ripiado de conejo con huevo”. Recuerda sus pies descalzos sobre la arena blanca de Sincé. Bajaba de la loma y se encontraba con Chon José Romero. Lea aquí: El pájaro de mal agüero que hace caer en cuenta el amor por la vida

Leonardo Gamarra es uno de los grandes músicos del Caribe colombiano y del país. Ha compuesto más de doscientas canciones, entre ellas porros célebres como El centauro, Imagen, entre otros.

En las mañanas veraneras veía a las arañas tejiendo perlas de rocío, y en el pozo descubría al rey de los pajaritos, el gallito de ciénaga. Al descender al pozo El Trébol aún rondaban las babillas. Había un pájaro hermoso El sangre toro que ya no se ve, la palomita de la virgen con su plumaje verdoso y brillante. La tía Hemerlid iba al pozo con su calabacito y su totuma para el agua. Desde niño trabajó en el monte, y aprendió a amansar caballos y mulos, a nadar en los pozos, a ordeñar, a llevar los tarros de leche a Sabaneta, cortar leña, sembrar yuca, batata, melón, patilla, pepinillo. A sus ocho años escuchó el grito de ¡Mataron a Gaitán! y casi simultáneamente al grito escuchó otro grito del conservador José Chú Eugenio: ¡Malditos!.

Esta es la historia de Leonardo Gamarra, sinceano maestro de porros

Leonardo Gamarra, autor de María Tania. // Foto: cortesía.

En esos arroyos vírgenes se crió. Y en medio de esas aguas vio a una muchacha morena de diecisieta años, altísima, de 1 metros con 75 centímetros, a la que le compuso una canción. De esa experiencia montuna surgieron sus primeras canciones y las que no ha cesado de componer. Una de ellas La garrocha en la mano, que le grabó el maestro Pello Torres, en 1954. Compuso María Tana, dedicada a su madre; El cusubá, Un bolero a María, La última campana, La palma de coco que le grabó Jimmy Salcedo; Caña y bejuco. Clarinetero, el bolero Sinceanita, entre otras.

Trabajó con Juan de la Cruz Piña en San Marcos, las orquestas de El Carmen de Bolívar, Sincelejo, entre otras. Porros suyos como El centauro, El barroso pineano, Pura cepa, para citar algunos, resuenan en el corazón de la sabana y del caribe colombiano. Su porro Imágenes fue grabado con éxito por la Super Banda de Colomboy. Veintidós composiciones suyas entre porros, merecumbés, pasillo, pasaje llanero, entre otros fueron interpretados por la Orquesta de Lucho Bermúdez, para celebrar 75 años de la orquesta del genial músico de El Carmen de Bolívar. La obra musical de Leonardo Gamarra tiene hondos arraigos populares, posee una narrativa poética que se nutre del espíritu y la vida en las sabanas. Exalta memorias terrígenos, amores efímeros e inolvidables entre puertos, un retorno al paraíso de su infancia, paisajes y epopeyas e historias de aldeas. Leonardo Gamarra enriquece la tradición del porro y el fandango, en sus letras y en sus melodías. Y suelta al tigre de sus recuerdos.

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