Fue una entrevista así como es ella: super relajada.
Rochi Stevenson es demasiado simpática. Si nos interrumpieron unas diez veces para saludarla, fue poco.
Es de esas mujeres que uno ve en la televisión y dice: 'Ay, qué chévere que sea costeña'. Aunque trata de neutralizar su acento cuando está en vivo, en la vida real, como buena cartagenera, se come las palabras al hablar y expresa sus ideas con una espontaneidad única, que la hace especial, diferente.
Se ha liberado de esa imagen de exreina de belleza: perfecta e impecable. No le da vergüenza burlarse de ella misma cuando está en directo. Prefiere poco maquillaje, ropa cómoda y una cola de caballo bien alta para sortear el calor. Ella sabe que es más que un par de pestañas postizas y unas tediosas extensiones. Su personalidad se engulle cualquier parámetro de belleza impuesto.
Sus hijos: Esteban, de 2 años; y, Alfredo, de 4, son el motor de su vida. Los trae con frecuencia a Cartagena. Le encanta revivir a través de ellos su infancia en la casa de su madre.
Para aprovechar la vista tan privilegiada que tiene este diario del Castillo de San Felipe, mi reportera gráfica le pidió unas fotos. Rochi es tan buena gente, que por andar haciendo poses originales casi se cae de la terraza a la carretera. ¡Qué sustoooo!
¿Qué tal la experiencia de representar a la Costa Caribe en Día a Día?-Para mí es un orgullo ser la representante de la Región Caribe, porque yo no siento que soy sólo representante de Cartagena, ni de Barranquilla, sino de la región como tal. Ahora mismo, salgo al aire desde Barranquilla porque me casé con un barranquillero y vivo allá. Pero, por ejemplo, hoy (martes) salí desde aquí y no te imaginas la emoción con la que dije: 'Estoy en Cartagena, mi tierra'. Porque uno lo siente en el corazón y llegar aquí es como revivir tantos momentos de mi infancia, de mi vida.
¿Qué recuerdos tiene de su infancia en Cartagena?-Nací en Manga, todavía mi mamá vive en la misma casa, en la segunda avenida. Tuve una infancia en la calle jugando con mis amigos de la cuadra al 'escondido', al 'llevao', 'la peregrina', todo lo que se juega en la calle. Todavía conservo mis amigas de esa época, al igual que mis amigas del colegio.Mi familia es gigante ¿sabes? Con mi mamá son 13 hermanos. Te imaginarás la cantidad de primos que tengo. Recuerdo mucho también los momentos que pasé con mi papá antes de que falleciera. Él murió cuando yo tenía 12 años, pero me lo gocé hasta que pude.Yo llego al Centro y es como una magia especial. No sé si es porque sea de aquí, pero siento que esta es la ciudad más linda del mundo, lo siento así en mi corazón.
¿Con qué frecuencia viene?-Ahora que estoy tan cerca vengo mucho a disfrutar los momentos con la familia. Que mis hijos jueguen con mis sobrinos, para mí, es gratificante. Que ellos estén aquí es como volver a mi época de infancia, porque los veo jugando en la casa de mi mamá, en el triciclo, en la bicicleta. Es como si me viera a mí.
Usted renunció a su trabajo para casarse, ¿se arrepiente?-Nooooo. Alfredo me hizo la propuesta y me tocaba decidir si seguir con el camino en Bogotá, que por cierto, estaba en un super buen momento, o decirle que sí al amor y a la familia. Me quedé con la segunda opción. Renuncié a Caracol Televisión y me decían que al año regresaba. Nadie creía en mi proyecto de vida. Fíjate, ya llevo cinco años y tengo dos hijos. Aunque sí volví a Caracol como corresponsal de Día a Día.
Se ve que sufre mucho contando los chistes, ¿me equivoco?-Soy malísima. Pero no sólo yo, las tres corresponsales no sabemos contar chistes. Se nos ha vuelto un reto, pero ya nos los gozamos. Nos dimos cuenta que no sabemos contar chistes y que la gente se ríe justo de eso. Eso es lo que da risa. Y soy la peor. Tú me preguntas cuál fue el chiste de esta mañana y no me acuerdo (risas).
¿En algún momento se ha sentido impedida para dar una información?-Sí, recuerdo un día en que estaba en Bocas del Toro (Panamá) en un Desafío. Me dieron paso para ir en directo y se me olvidó el nombre de uno de los participantes. Yo decía: 'Este (truena los dedos), este, este'. Yo le hacía muecas al camarógrafo y no me decía nada. Finalmente, dije en vivo: 'Ay, se me olvidó el nombre'. Pero sufrí ese día. Lo bueno es que el entretenimiento te da la oportunidad de que con una sonrisa la desembarres. Menos mal mi personalidad es tan espontánea que se presta para todo eso.
¿Cómo se mantiene tan delgada?-Me cuido mucho con la alimentación, pero ya me gusta. Lo disfruto. Todos los días como pescado. Me encanta. Siento que es lo más sano. Todos los santos días almuerzo eso. Nada de harinas y grasas. Eso sí, los fines de semana como postres, arroz con coco, posta de carne. También me veo con Dolly Marín, ella fue quien me preparó físicamente durante mi participación en el reinado. Ahora me atiende en su casa con unas máquinas que son fantásticas. Son una bendición. Estoy sometida a las manos de Dolly. No estuviera flaca, si no fuera por ella.
¿Cómo se libró de la imagen de reina de concurso?-Creo que no he sido consciente de eso. De pronto, es porque la gente me ve que no soy sólo presentadora, sino que hago trabajo de campo, reportería. No es la cara bonita, impecable, que se para frente a la cámara. Esa no soy yo. El detrás de cámara buscando el chismecito, camellando. Yo misma he tratado de sacudirme de esa imagen, porque uno no todos los días está bonito. Soy muy relajada con eso. Salgo al aire con mi cola de caballo, así como ando en la vida real: natural.
¿En qué radica el secreto de su belleza?-En que soy espiritual, muy, muy. En Barranquilla tengo un grupo de oración con el que me reúno todos los martes, a las 7:00 de la noche. Creo que ese es mi secretico: para uno verse bien, tiene que sentirse bien interiormente (se toca el corazón). Yo estoy llena de paz. Siento a Dios todo el día. Creo que lo bueno que me pasa es gracias a él; y, lo malo, es para mí aprendizaje y para que siempre esté de cara a él. Eso hace también que uno luzca radiante.


