Sandra Milena Díaz Pérez, tatuadora cartagenera.//Foto: Julio Castaño - El Universal. Desde que estamos pequeños solemos interactuar con la pregunta: ¿Qué quieres ser cuando seas grande?, en nuestro mundo de fantasía, donde todo es maravilloso y creemos que la vida es como nos la muestran las caricaturas en la televisión, soñamos con miles de profesiones, unos quieren ser chefs, otros bomberos e incluso médicos, y el sueño de Sandra Milena Díaz Pérez era ser pintora.Su padre tuvo que huir de la violencia y desplazarse a la ciudad; es oriundo de Macayepo, un corregimiento de El Carmen de Bolívar. Cuando llegó a Cartagena, se enamoró de Nellys Pérez, con quien tuvo 4 hijos, incluida Sandra. Vea video aquí: La historia de Yomerito_ink para convertirse en tatuadoraSandra cuenta que desde pequeña siempre tuvo ansias de ser mejor cada día, y podía notarse en cosas tan sencillas como hacer un dibujo mejor que el de sus hermanos; ella, a como diera lugar, quería sentir que actuaba bien, pero algo muy estigmatizado en ese momento llamó su atención. La pequeña artista jugaba con sus marcadores a hacerse tatuajes en las manos, dibujaba diferentes figuras y luego les ponía polvo o talco para que duraran un poco más, sus compañeros al verla no dudaban en prestarles sus brazos para que ella dibujara gozosa en sus pieles. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Sandra Milena (@yomerito_ink) Al terminar su bachillerato, a Sandra le interesó el mundo del diseño de modas, pero su padre no tenía cómo costear la carrera, así que le hablaron de unas becas que estaba entregando el Distrito de Cartagena para estudiar en la entonces Escuela de Bellas Artes, ella hizo todo por ganarse una de esas becas... ¡Y lo consiguió! Entró a estudiar Artes plásticas, algo que para ella había sido un gran logro. A lo largo de su carrera tuvo altibajos, pues no se sentía completamente a gusto con el valor que le daban a los artistas y a su trabajo, sin embargo, ella terminó y se graduó como maestra en artes plásticas. Al enfrentarse a la vida laboral, Sandra se topó con la dura realidad de los artistas colombianos: no encontraba trabajo y lo que hacía no le alcanzaba para vivir, así que decidió estudiar para ser auxiliar contable. Le puede interesar: El “gastrosueño” de Edd CabarcasEn 2016, Sandra se enamoró de Elder Polo, hoy su esposo, para esa época él trabajaba como profesor, pero estaba iniciando en el mundo de hacer tatuajes.“Recuerdo que cuando les hablé a mis papás sobre él, nunca les mencioné que además de ser docente también tatuaba, pues el tema de los tatuajes aún era un tabú”, contó Sandra.La artista ya había visto su sueño de ser pintora como algo frustrado, ahora trabajaba en una pequeña empresa donde manejaba la contabilidad, algo que con el pasar del tiempo le fue tomando cariño, pero en su ser habitaba unas ganas inmensas de continuar con el arte. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Sandra Milena (@yomerito_ink) Con la llegada de la pandemia por la COVID-19, la empresa donde Sandra trabajaba quebró, así que se quedó sin empleo en el 2020, pero ella no se achantaría con los brazos cruzados. Su esposo, quien ha sido su mayor motivador y su más grande aliado, ya se dedicaba a tatuar desde hace varios años, así que la comenzó a persuadir para que ella perdiera el miedo a entrar en el mundo de los tatuajes. Al cabo de unos meses de entrenamiento, Sandra ya era toda una tatuadora, así que en su cuenta de Instagram, donde aparece como @Yomerito_ink, comenzó a publicar sus trabajos, consiguiendo día a día más clientes y creando toda una cuenta empresarial.“Muchos de los tatuadores en Cartagena son hombres, yo soy de las pocas mujeres tatuadoras que hay en la ciudad y la verdad, me siento muy orgullosa del progreso que he tenido en este arte, siento que toda mi vida siempre se rodeó de esto, pero tal vez no lo lograba ver en ese momento”, afirmó Sandra Milena. Lea aquí: MasterChef: un sueño en la cocina más famosa de ColombiaEsta tatuadora cartagenera encontró en la piel el mejor lienzo para sus obras, dice sentirse feliz cada vez que uno de sus clientes se va satisfecho con sus creaciones. Hoy vive en Blas de Lezo, allí adecuó uno de los cuartos de su casa y lo convirtió en todo un estudio, donde sus clientes se sienten cómodos y muy seguros. Ella y su esposo viven de los tatuajes, juntos aseguran que les ha ido muy bien. Es una mujer soñadora, fuerte y muy alegre, busca ese reconocimiento que tanto anhela tener en el gremio de los tatuadores, pues ella lleva tatuado el arte en el corazón. El estudio de Sandra está ubicado en el barrio Blas de Lezo.//Foto: Julio Castaño - El Universal.