A propósito del rearme: el mensaje de un reinsertado de las Farc

01 de septiembre de 2019 12:00 AM
A propósito del rearme: el mensaje de un reinsertado de las Farc
En el gobierno de Juan Manuel Santos se firmó la paz con las Farc- Ep.//Foto: Cortesía.

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Quizá el tiempo es lo que más duele perder: no ha nacido el primer hombre que pueda devolver los años para corregir errores, usted sabe, para cambiar las cosas que quisiéramos cambiar. (Lea aquí: ‘Iván Márquez’, ‘Santrich’ y ‘El Paisa’ retoman las armas).

Me arrepiento de eso, de perder el tiempo, de perder mi vida en el monte.

Primero, fui miliciano urbano. Iba cada rato a la Sierra Nevada de Santa Marta y allá había bastante guerrilla, de las Farc (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y del Eln (Ejército de Liberación Nacional), yo era un pelaíto apenas, me gustaba la izquierda, así que comencé a hacerles los mandados, que esto, que lo otro. Yo tenía mi convicción, pero después me mudé y ya, eso desapareció.

Yo estudié, claro, soy bachiller, y trabajé en almacenes vendiendo cosas, pero después fui despedido y me volví vendedor ahí, en el Mercado (de Bazurto). Cuando vendía ropa de segunda, había un señor que siempre llegaba a comprarme, se volvió un buen cliente. Me contaba sus cosas y yo creía que compraba los ‘yines’, suéteres y vainas para los trabajadores de la finca, porque siempre me hablaba de su patrón, un ganadero. Muchas veces, me hablaba mal del Gobierno, del Estado, y yo le respondía que sí, qué vaina, porque ya yo tenía la mentalidad de aquella época, del tiempo que fui miliciano. Me decía que me fuera con él a trabajar con su patrón en la finca, que no sé qué, yo le dije que dónde quedaba esa finca y él me dijo que por los lados de Sucre, que me fuera con él; total que de tanto decirme, me convenció...

Cuando por fin me fui, cogimos el bus, él me dio la plata del pasaje y me dijo: “Bueno, ni tú me conoces, ni yo te conozco. Aquí tienes el pasaje, tú pagas y ya”. Salimos de aquí (de Cartagena) y llegamos a Ovejas (Sucre) y de ahí cogimos un colectivo para otro pueblo más pequeño. Bueno, espérame aquí que vienen los trabajadores y nos vamos para la finca, era en una tienda y yo ‘ok, no hay problema’. De pronto, como de cinco para seis -de la tarde-, aparecieron como con tres o cuatro muchachos más en unos mulos y con comida, yo me imaginaba que todo era para los labriegos que estaban en la finca y me fui con ellos. Pero, cuando ya íbamos subiendo la montaña, como a unos trescientos o cuatrocientos metros, me encontré con gente armada y con el logotipo de las Farc, entonces yo decía: erda, ¿dónde me vine a meter?, pero bueno, yo seguí como si nada, la cogí suave. Después me llevaron al campamento general, así fue mi ingreso otra vez a las Farc. Al comienzo, tomé las cosas con calma.

Me dijeron tú vas a trabajar como mensajero de nosotros, me informaron qué frente era y todas esas cosas por el estilo. Pero ya yo venía con mi mentalidad... Todo eso pasó en los años 2000. Yo sí tenía hijos, pero ajá, tenía que buscar plata y ellos me iban a pagar bien y yo tenía que buscar ingresos... Salía a buscar plata, a buscar Cd o Dvd y documentos para entregarles a los jefes o a otros grupos del Norte de Bolívar, esas eran mis tareas.

Después me dijeron que ya no iba más para la ciudad, que ya no iba a hacer más mandados, el comandante me puso una misión nueva, ser el alfabetizador, educador, tenía que enseñarles a todos nuestra ideología y organizar a la gente, esa fue mi faceta en ese frente. Y ahí me quedé, imagínese, no podía y tampoco quería decir que no.

Cuando ya uno está metido, como se dice vulgarmente, en el queso, ya uno tiene que sufrir las consecuencias; es más, ya yo había prestado el servicio, ya yo conocía la vida militar, entonces ya sabía qué me tocaba. Estando en Sucre, fue cuando hubo un combate fuerte. Yo sabía que estábamos acorralados, uno corriendo para allá, corriendo para acá, fue el combate más fuerte que yo viví, es más, fui herido en combate, herido de guerra. Me acuerdo que estábamos patrullando, haciendo reconocimiento de una zona en el Magdalena, íbamos como doce combatientes, estábamos buscando por dónde penetrar para organizar más gente, ganar masa, pero nos encontramos con un grupo del Gaula. Nos acorralaron y en la huida me dieron un tiro en una pierna, pero gracias a Dios pude caminar porque no hubo fractura, sino lesión de carne. En el grupo había una enfermera, así que me curaba todos los días y después estuve en reposo como un mes en el campamento general.

Yo empecé a ver bien las cosas en el Magdalena. Un secuestrado me abrió los ojos en el 2005. No sé, hubo química entre él y yo, se concretó una amistad, entonces siempre, cuando teníamos la oportunidad de hablar a solas, me decía: “Oye, ¿tú qué haces aquí? Tú eres una persona educada, inteligente, intelectual, tienes conocimientos, tú no sirves aquí, sirves es en la sociedad, allá, afuera”. Con esas charlas que él me daba clandestinamente, claro está, fue abriéndome la mente, me estaba quitando la venda de los ojos, me estaba diciendo la realidad de la vida, entonces, cuando me lavó el cerebro, me decía que yo estaba secuestrado también... Yo no veía a mis papás, ni a mis hijos, él tenía la razón, era verdad lo que él decía y empecé a cranear para salirme de ahí.

Vuelvo a decirle, el arrepentimiento fue que perdí mi tiempo allá, o sea, no hubo nada, no tenía futuro ahí, estaba presto a que me mataran o a que me cogieran preso. Y esa era la zozobra que se vivía al final allá, había conflictos internos, dentro de la organización, ya cada quien hacía lo que le daba la gana. Ya no era un ejército revolucionario, como dicen, del pueblo, sino que ya nos estábamos convirtiendo en delincuentes, ya la gente buscaba solo intereses personales.

Una cosa es que te lo digan antes de entrar, que estamos para el pueblo... el problema es allá, adentro, cuando ves la realidad, que ya tú no estás viendo si no es una dictadura interna. Que ya tú no puedes pensar, tienes que pensar como ellos digan, no puedes tener un concepto porque te pueden sancionar, te pueden hasta ejecutar ellos.

De lo que pasó ayer -el jueves, cuando alias ‘Iván Márquez’, ‘Jesús Santrich’ y otros líderes decidieron retomar las armas-, siento que es grave para ellos, para los que decidieron tomar otra vez las armas. O sea, el proceso se dio, pero hay gente que... Le voy a poner un ejemplo, cuando yo me desmovilicé, se desmovilizaron un poco de compañeros míos, bastantes, y hubo unos a los que no les gustó cómo se estaba manejando, porque les gustaba la plata fácil y volvieron al monte, no quisieron estudiar, ni hacer trabajo psicosocial, a ellos no les gustaba eso, ellos se fueron para el monte: hay unos que están presos y hay otros que están bajo tierra. (Lea aquí: Duque anuncia pago de recompensa por ‘el Paisa’, ‘Santrich’ y ‘Márquez’).

De lo que pasó ayer, esas son decisiones personales de ellos, si quieren retomar es problema de ellos, mañana o pasado o están muertos o están extraditados. Son decisiones personales. Eso lo digo yo, acá, porque yo viví la experiencia. Claro, eso es un retroceso que a uno, como desmovilizado, o como cualquier ciudadano del común, da como rabia, porque si ellos hicieron un proceso de paz, de dejar las armas, de buscar la solución... da como vaina que retomen las armas después que hicieron todo ese proceso. Da rabia porque no son personas de palabra. (Lea aquí: “Pese a los obstáculos, seguimos en el camino de la paz”: Timochenko).

Si pudiera hablar con ellos, les diría que evalúen, que piensen. No tenemos ese conflicto desde que se firmó el acuerdo. Todo el mundo se alegró de que esa gente se haya desmovilizado, que hayan entregado ese poco de armas... y nosotros no sufrimos tanto, el que sufre es el que está en el campo. El que está en el monte es el que sufre, los campesinos viven en carne propia la guerra, nosotros ahora la vemos en televisión, ¿cierto? Pero el que está en el monte ve el bombardeo, el helicóptero... Si me encontrara con ‘Santrich’ yo le diría: oye, ¿qué carajos es lo que piensan ustedes? (Lea aquí: Líderes políticos reaccionan al anuncio de retoma de las armas de Márquez, Santrich y El Paisa).

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