Facetas


Al estilo de los ‘paquitos’, un maestro de obra hace historietas

Salomón Molina Rico es arjonero pero se inspira en personajes de San Jacinto para crear sus dibujos a mano, que recuerdan a los ‘paquitos’ de los setenta.

IVIS MARTÍNEZ PIMIENTA

13 de septiembre de 2020 12:00 AM

San Jacinto está lleno de personajes y de historias dignas de dibujarse, al menos eso piensa Salomón Molina Rico, que vivió muchos años allí pese a nacer en Arjona.

En San Jacinto se hizo albañil, se enamoró y tuvo a sus mejores amigos; de allí es su madre. Por eso el pueblo significa mucho.

“San Jacinto es el amor de mi vida, me gustan sus artistas. Cada vez que puedo voy, me encuentro con mis amigos, disfruto de un sancocho y de su gente”, dice con voz de hombre serio pero bonachón.

Tiene 72 años y dibuja historietas desde los 16. Su padre fue Carlos Molina Martínez, oriundo de Palmira (Valle), y su madre Ana Herlinda Rico Guerrero, sanjacintera.

“Viví en el pueblo hasta 1977 pero nunca he dejado de ir allá, donde todavía tengo unos familiares. El profesor Rico (ya fallecido) es familia y Óscar Rico, el fotógrafo; además de Aníbal Lajud Rico, artista de la pintura”, cuenta.

Su esposa, María Cecilia Fernández Carval, lo ha acompañado por más de 50 años. La enamoró haciéndole una historieta, al mejor estilo de las novelas mexicanas ilustradas que atraparon los corazones de Latinoamérica en los años setenta.

“La dibujé con su vestido, el que más le gustaba —recuerda Salomón—. Ella se enamoró de mí por eso, lógicamente. Le gustaban mucho los dibujos y hasta el sol de hoy. Tenemos cinco hijos, nos casamos en 1966, cuando ella tenia 15 y yo 19”, recuerda.

Salomón aprendió a dibujar cuando tenia 12 años, porque era aficionado a leer paquitos (así les llamaban) como ‘Tarzan’ y ‘El llanero solitario’.

“Me gustaban mucho los paquitos, claro que sí. Era mi pasión, de hecho con mis amiguitos de clase, a los que también les gustaban, intercambiábamos los paquitos y cuando no teníamos para comprarlos, los alquilábamos en las tiendas. Mi preferido era ‘El llanero solitario’. Un día cualquiera quise imitar las historietas y en una libreta hice unas viñetas y copié una página de uno de estos héroes del cómic. Cuando eso, yo vivía en Arjona”.

Los dibuja completamente a mano y dice que sus historias son propias, arrancadas de situaciones reales a las que les agrega un poco de ficción para despertar el interés y la curiosidad del lector. Vivió en La Gloria y Santa Lucía, en San Jacinto, y cada día que pasó en el pueblo fue material para ser contado.

“El dibujo me encanta por naturaleza. Para mi es importante como forma de expresión, por este medio trato de definir las cosas que quiero manifestar y que simplemente me gusta ejecutar”.

Dice que aprendió de albañilería con los máximos exponentes de la construcción en San Jacinto. Fue discípulo de Germán Álvarez y Faustino Sermeño, “que en esa época eran los mejores”.

“Las personas que conocen mis dibujos siempre me han elogiado, me han dicho que por qué no los exploto económicamente y la verdad que esa era mi ilusión cuando era un pelao, pero cuando me casé y tuve 5 hijos pues tuve que solucionar la responsabilidad y me dediqué a la albañilería en San Jacinto. Soy una persona laboriosa, que siempre está dispuesta a aprender todo lo provechoso que llegue a mi existencia”.

De albañil, pasó a maestro de obra, pero siempre dibujante. Actualmente el señor Salomón vive en Barranquilla y se dedica a la construcción. Ese trabajo también se lo dio su talento, asegura.

“A mí me ha ido bien es en la construcción. Hay una historieta, ‘Muro millonario’, se la hice a mi jefe cuando lo conocí, en mi primer trabajo en Barranquilla. Él era uno de los protagonistas, yo también, y él admiró mi talento. Nos hicimos amigos”.

Entre muchas historias propias, ha dibujado ‘Dos seres contra el destino’ y ‘No merezco tu perdón’.

“Últimamente he hecho cosas como más serias, ahora basadas en la construcción. Hice ‘La residente’, porque quería hacer una línea que pudiera tener continuidad. El tema es mandarle un mensaje a los lectores y es que cuando un joven arquitecto sale de la universidad con poca experiencia, van a encontrar maestros de obra que se burlan; yo estoy a favor de los primíparos”, aclara.

A su amigo Ángel, que muy seguramente está en el cielo filosofando

Además de su esposa María, su fallecido amigo Ángel Fernández se convirtió en uno de los protagonistas de sus cómics. Con su nombre editó su historieta ‘Un pacto con el diablo’, una historia ficticia que se desarrolla en el pueblo y que se centra en la forma de pensar de su amigo, que hablaba ‘filosóficamente’.

“Ángel no la alcanzó a ver, mi historieta, porque la reescribí. La hice cuando tenía 30 años. Ángel era uno de los mejores albañiles del pueblo. Le gustaban las buenas películas, la filosofía; decía que había estudiado en la universidad de la vida. Hablaba cosas inteligentes y tenía principios poéticos. Recuerdo que tenía una frase: ‘Debajo del cañaguate, donde el amor y la vida se combaten’.

“Era un buen pintor de brocha gorda, le gustaban las buenas lecturas; le gustaba el bolero”, recuerda de su amigo.

El pintor y El novelista, les decían.

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El tipo de dibujo del señor Salomón se asemeja a los de antaño y eso le da más valor a sus creaciones.

¿Quién no recuerda a ‘Memín’, ‘Kalimán’, ‘El llanero solitario’, cuyo auge se dio en los años setenta y ochenta?

“Soy amante del dibujo, siempre he querido publicar algo y, bueno, ojalá se pueda”, espera este multifacético arjonero.