Facetas


Álvaro Mercado le dijo adiós a las pandillas

LEONEL QUINTANA MOUTHÓN

30 de noviembre de 2014 12:02 AM

Mucho gusto loco, mi nombre es Álvaro Mercado Carrillo, tengo 32 años, vivo en la Calle Laurina Emiliani, también conocida como El Cañito, uno de los sectores más peligrosos que hay en el barrio Torices.

Yo era de la pandilla Los de El Cañito, o Los Magníficos, como también se conoce. Entré a ese mundo a los 15 años por problemas de plata en la casa, no había para la ropa, ni para la comida, entonces hablé con un allegado de la pandilla y me pusieron a prueba.

Me dieron un revólver y me dijeron ‘pilla al señor que está allá’, y yo lo pillé, empecé a atracar a los camiones del pan, de la gaseosa, de lo que sea, a todos los pillé, pillé como a 32 en la vida mía de pandillero.

Yo era bastante peligroso mi hermano, no podía coger rabia, reaccionaba con bastante odio, estoy luchando contra ese comportamiento porque uno queda con secuelas, me están ayudando mucho en la fundación Renovación y Esperanza, a la que asisto en San Pedro desde hace 12 años.

Le doy gracias a Dios y a “mama Lida” (ver recuadro para saber quién es ella) que me sacó de tanto lío, uno peleaba con los vecinos que eran los de La Victoria, Los Calimanes, Las Águilas, los de Nariño, de Santa María, porque cada pandilla quería hacerse más fuerte.

No te voy a decir a cuántos maté, eso ya es cosa como personal, muy difícil. La plena es que eso queda entre las pandillas que peleábamos. A nosotros nos mataron a un poco de valecitas y nosotros matamos a un poco de manes.
Ya todo eso cambió, ahora estoy concentrado en trabajar, para que no le falte nada a mis dos hijos, si pillas loco.

Perdí un ojo
Con la pandilla uno atracaba al que tuviera una cadena de oro en la playa, a la señora del anillo, al del celular de alta gama. Una vez me robé 7 millones en un bando. Éramos cuatro, ese día le pusimos un palo a una van que iba pasando y paró, los encañonamos y nos repartimos la plata que estaba dentro de un bolso.

Eso fue la locura, cada uno compró su revólver para defendernos, compramos ropa para la familia, que los buenos Nike, los buenos mochos, las buenas gorras si pillas, al bandido le gusta estar bien lindo, bien engomelado, nunca le gusta verse menos que otro, si pillas loco.

Peleando un mano a mano en la Cárcel de Ternera un tipo me puyó el ojo derecho con un cepillo de dientes, de esos que afilan para hacer una arma, yo le pegué una puñalada en el cuello. Eso quedó así pero yo me llené de odio, a todo el mundo quería partir por la rabia que sentía, quería echarles agua caliente, envenenarlos con matarratas.

Lo de la cárcel fue por error, uno sicarios carpetearon a unos manes y me cogieron a mí porque dizque me parecía a uno de los tipos. Pero gracias a Dios eso se resolvió, aunque me tocó estar cinco meses por un robo viejo.

Estuve en el B 3, a la final la experiencia fue buena, de guerrero, de bravo, metido en un hueco donde hay puro leones y enfermos que quieren violarte, pero yo demostré que no se podían meter conmigo, yo peleaba con el que sea.

El difunto “Dosmi”
La vida del pandillero es de tensión, hasta con los amigos míos peleaba, pero todo eso lo hacía la droga, yo fumaba marihuana, metía perico y pepas (Ribotril), nunca me gustó el patraciao o las vainas esas que ponen a la gente a caminar como loco nuevo.

Tengo muchas anécdotas de las cosas feas que me pasaron por el pandillismo, pero recuerdo especialmente dos: Una vez, como a la 1 de la madrugada, me acosté y dejé a un paisanito mío por ahí, al que le decíamos Dosmi, un man con unas rastas bien elegantes. El vale se fue a buscar droga a los barrios ajenos, y lo masacraron, le pegaron más de 35 puñaladas, y le pegaron con peñones.

Eso fue en El Victoria, él quería algaretearse, pero no pudo, lo estaban esperando. Así son las cosas con las pandillas de otros sectores. A veces me encuentro con gente con la que peleé y me dicen ‘todo bien paisano que sabemos que tu estás sano’. Ellos saben que no soy loca, ni cagalera, algunos reconocen que quise cambiar y salir adelante por mis dos hijos.

Lo bueno del parche de donde yo vengo es que si tu quieres salirte del hueco no hay problema, ellos te dan moral, te dicen ‘pa’ lante mi hermano’. Se alegran si pillas, el problema es que no todos son así, hay otros que no comen de cuento y te puyan por la espalda si no estás en la jugada.

“He estudiado”
Mi vida no hubiera cambiado sino fuera por Lida Paternina, ‘Mama Lida’, así le decimos nosotros. Ella es la coordinadora de Jóvenes Íntegros, el programa de la Secretaría del Interior que me ayudó a salir adelante. Por ellos es que pude hacer en el Sena varios cursos de mesa y bar, también relacionados con la construcción. También estudié dos semestres de administración financiera en Citucar, me fue excelente, pero dejé de estudiar porque el padrino que tenía en la Alcaldía de la Localidad 1 dejó el cargo y no me siguió ayudando.

Por eso espero que alguien me dé la oportunidad, la verdad es que me iba muy bien y quiero terminar mis estudios para que a mis dos hijos de 12 y 8 años no les falte nada, yo estoy cambiando por ellos, principalmente por el menor que me ha salido tremendo.

"Disminuyen pandillas"

El secretario del Interior del Distrito, Roberto Barrios Martínez, informó que Cartagena pasó de 86 a 56 pandillas en 2014, permitiendo que 600 jóvenes dejen la violencia para trabajar, estudiar o capacitarse para oficios varios. Según el funcionario, durante las Fiestas de Independencia “las riñas pasaron de 425 el año pasado, a 156 este año”. Barrios explicó que la resocialización tiene tres fases: contactar a los líderes de la comunidad y de la familia; hacer formación académica y laboral; y emplearse los jóvenes o desarrollar proyectos productivos.