Facetas


Aprendiendo el arte de navegar a vela en Cartagena

HYLENNE GUZMÁN ANAYA

11 de noviembre de 2018 12:34 AM

Imagínese leer el mar, saber cómo se moverá el viento para acomodar velas y navegar en una embarcación en medio de la bahía de Cartagena. Jalar cuerdas y caminar sobre la proa de un velero mientras el sol se oculta o, quizá, mientras amanece. Hablarle a su compañero de viaje que mueva una que otra vela para no voltearse y que si hay alguna falla, lo solucionen juntos.

Ahora piense que está en competencia, la actividad es más ruda, varios tripulantes, y cada uno tiene una función específica. El patrón tiene la máxima responsabilidad a bordo y en navegación; el navegante, informa de la posición del velero respecto a la línea imaginaria; el trimmer, observa que las velas estén en perfecta armonía una con la otra para sacarle mayor rendimiento; el proel, se encarga de todas las maniobras en la proa del velero; el timonel, lleva el velero y le saca el máximo rendimiento en toda condición; y el tripulante de mástil maneja las drizas (cabo con el que se iza o suspenden las velas) en el mástil.

¿Le gustó lo que leyó? Así comienza esta gran hazaña por conocer más de la navegación a vela que se fortalece en la ciudad y que desde el Club Náutico de la Escuela Naval de Cadetes Almirante Padilla (Enap) enseñan. Los aprendizajes no son solo técnicos como para ubicarse en el mar, también para la vida. Al saber tomar decisiones en situaciones complejas, comunicarse y trabajar en equipo. Lo único que necesita es actitud y ganas de aprender.

Leer el mar
La guardiamarina Carolina Pinzón dice que leer el mar es posible. Lo que ella sabe ahora de las velas no lo hubiese aprendido hace 10 años, cuando la Enap daba sus primeros pasos en este deporte.

Carolina es bumanguesa, pero su amor por el mar hace creer que nació en una tierra como la nuestra. Tiene fuerza en los brazos para jalar cuerdas y la habilidad de ajustar las velas de acuerdo a las condiciones del viento para tomar decisiones sobre la combinación de velas que se usa en cada momento. Ella cumple la función de trimmer, que en ocasiones es táctica porque tiene una buena vista en las regatas y avisa cómo van con respecto a los otros competidores.

“Desde pequeña siempre quise hacer cosas diferentes a lo que los demás hacen, ser de esas pocas que marcan la diferencia. Cuando entré a la escuela (2015), un primo era el encargado del club náutico y me dijo que entrara. Le encontré una pasión a esto de las velas, la primera vez que navegué me enseñaron todo lo que era corar, el foque, qué hace la vela mayor, la gennaker y cómo hace contrapeso, entre otras cosas”, relata emocionada mientras señala el mar y las olas que se forman.

Tanto ella como los siete tripulantes que navegan en el ARC Comodoro son importantes, sin el trabajo de uno el resto tambalea. A veces el trabajo es individual o en pareja, si se trata de una embarcación pequeña, como el laser.

Hace 10 años entre los marinos expertos, los cadetes eran inexpertos. No hacían grandes maniobras para ganar regatas y, generalmente, se equivocaban. Desde hace dos años esta percepción mejoró, ganan competencias grandes y cadetes representan a la liga en ciudades del interior.

“Ha sido un proceso, para nadie es un secreto que Colombia poco a poco ha abarcado el tema marítimo y fluvial. En la Escuela Naval y en las velas ha sido similar, un proceso. Los cadetes de primer año son, generalmente, del interior y muchas veces no saben nadar. Entrenarlo y volverlo navegante en unos dos años es casi un milagro. Esto se consigue con disciplina, espíritu de cuerpo, apoyo de profesores, la parte técnica y motivacional”, se refiere el teniente comodoro, Francisco Torres, encargado del club náutico desde hace año y medio.

Para él es un gran logro que sus tripulaciones compitan con navegantes experimentados y les ganen. Es quien se ha encargado de ‘reclutar’ más personas que se apasionen por la vela. Hoy son cerca del 10 % del batallón, el cual lo componen 700 cadetes.

“El velero es una embarcación compuesta por varios sistemas. La persona debe capacitarse para poderlos manejar todos. Tiene tres velas, por lo general, la gennaker, el foque y la mayor. Cada una se maneja de forma distinta y eso requiere más técnica, hay otras cosas auxiliares como el radio, los sistemas de baterías, eléctricos y de luces. En el mar, una vez zarpas, debes tener conocimiento en todo para resolver cualquier problema”, explica brevemente el teniente comodoro.

Los ocho cadetes a bordo del velero se concentran, uno en el mástil, otro en las velas, otro en el timón y a cada uno se le nota en la mirada la pasión que tiene por navegar en el mar.

“Como trimmer eres necesario en la navegación, con el foque se dará mayor avance o mayor potencia.  Tienes que aprender a leer la vela, ellas tienen catavientos, estos deben ir en un ángulo de 45°. Al mirarlos sabes si la vela gualtrapea o va bien. Aprendes a sentir el velero, sabes cuando puede dar más o no”, explica Carolina mientras señala las velas.

Es una de las cadetes que se bajó del buque ARC Gloria y la considera como una de las mejores experiencias que como marino tienen. “Es una experiencia muy bonita, aprendes a valorar muchas cosas, estando en medio del mar aprendes a valorar lo mínimo. Los amaneceres, atardeceres, sentir la brisa en tu cara, conocer varios países y culturas. Llevar lo que eres a otros países”, resalta con una sonrisa en el rostro.

En el club náutico de la Enap han dictado clases de vela a algunos particulares, enseñándoles cómo son los botes, las velas, cómo se cobra y se lasca, cuando está el mar listo y cuando habrá más viento para avanzar, pero principalmente es para los cadetes. Una de las proyecciones es extender la vela a otras personas de la ciudad.