La historia de una boda insignia de la paz: los novios son un expara, un exEln y un exFarc

29 de septiembre de 2019 12:00 AM

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Suelo preguntarme cómo viviríamos si el comando Ctrl+Z funcionara también en realidad física y no solo en la del computador. ¿Alguien más ha imaginado cómo sería andar por ahí con el poder de ‘deshacer’ nuestros errores en un segundo con apenas oprimir dos teclas?

No sé si Javier Antonio Quintero Coronel lo habrá pensado en algún momento de sus 50 años, pero creo saber que lo usaría: dice estar arrepentido por el dolor que sembró en el país durante los catorce años que perteneció a las Autodefensas Unidas de Colombia. “Para mí, el momento que más me marcó y el que más me ha marcado siempre es que le hicimos mucho daño a la población civil, a muchas familias, dejar a hijos sin papá, sin mamá, muchas personas que, como le digo, hoy en día me arrepiento y ante ustedes le pido perdón a Colombia por este daño tan grande que se le causó al país y así mismo lo he hecho ante Justicia y Paz”, comenta y su frente brilla. No puede dejar de jugar con sus propios dedos. Está nervioso, pero ya no por el pasado sino por su presente más inmediato: se casará en minutos.

¿Cómo comenzó su vida en las AUC?

-Yo hacía parte del Ejército Nacional de Colombia, me retiré, ingresé a las AUC en 1994 y, pues, de pronto, cosas, loqueras de la vida de uno, salir de un Ejército Nacional legal para llegar a un grupo ilegal.

¿Y por qué o decidió?

-Pues, como le digo, doctora, fueron errores de la vida, errores que nunca más en la vida... Yo le mando razones, les mando este mensaje a muchas personas, que delinquir no paga, ¿sí me entiende? Hay que hacer todo por la vía legal.

Javier fue paramilitar durante catorce años (1994-2008) y después se convirtió en recluso: permaneció en la cárcel más de diez años tras confesar sus crímenes. “Y ella siempre estuvo conmigo”, me dice. Habla de la mujer con la que convive hace veinte años: Ingris Judith Garcés Mejía, la que lo conoció en San Martín (Cesar) y se enamoró de él “aunque no le gustaba mucho” que fuese un paramilitar. La que hoy le tiene el estómago vuelto un manicomio de mariposas.

El que está frente a mí es el mismo hombre que apenas hace unos años se enfrentaba a bala con cualquier guerrillero y que jamás se hubiera imaginado esto: hoy no solo se va a casar, sino que junto a él se van a casar otras dos parejas. Y los hombres de esas otras parejas son, precisamente, dos exguerrilleros: uno de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y otro del Ejército de Liberación Nacional (Eln).

*Gustavo, el exFarc, es más bien callado y no porque esté nervioso -vaya que lo está, cómo no, ¡se va a casar!-... “Le puedo responder, siempre y cuando no salga mi cara ni mi nombre”, me dice y lo entiendo, después de todo apenas han pasado tres años desde que se desmovilizó y decir que fue guerrillero puede convertirse en una cuestión de vida o muerte.

¿De dónde eres?

-Cartagena.

¿Cómo conociste a tu futura esposa?

-Eso es lo más chévere de todo. Una vez vine a visitar a mi familia y la conocí, ella era vecina. Nos presentamos y nos hicimos novios casi que al instante, eso fue hace seis años. Me gustó por su forma de ser, una muchacha de casa, sencilla.

¿Y ella sabía todo?

-Eso fue lo más complicado, mantener... ¿Para dónde vas, qué vas a hacer, quiénes son ellos?, fue un poco difícil explicarle, pero el amor todo lo puede. Ella entendió y me apoyó cuando decidí dejar las armas. Más que físico, me gusta su carácter, todo lo soportó.

A todas estas, ¿cómo fue que terminaste en un grupo armado ilegal?

-En el 2004 fui miliciano hasta el 2016, que fue cuando se dio el proceso de paz, que retorné a la vida civil. Ha sido un cambio radical, de cambiar las armas y el monte por el bullicio de la ciudad, pero ya nos iremos acostumbrando.

¿En qué región estabas?

-En los Montes de María.

¿Qué fue lo más duro de todo ese tiempo?

-La persecución de las autoridades, para nadie fue un secreto, pero se sobrevivió.

¿Te arrepientes de eso?

-(Silencio) Son cosas vividas, o sea, si te digo que no o te digo que sí... son cosas que ya se vivieron y ya pasaron.

Gustavo y Leonel Antonio Suárez Carvajal, el tercer novio de esta inminente boda colectiva, tienen (además de haber sido guerrilleros, uno de las Farc y otro del Eln) una cosa en común: a ambos les parece que la guerra y sus papeles en ella fueron “experiencias de vida, algo que simplemente ya pasó”.

A Leonel se le nota lo paisa a leguas. Nació y creció en una vereda cercana de El Bagre, Antioquia, no terminó de estudiar y se crió en el monte, allá, donde hay mucho grupo armado. “La insurgencia está en el monte, uno en el monte eso es lo que ve (...) Simpre le meten cosas en la cabeza, uno se va enredando, pero uno no gana nada. Todo el tiempo que está allá es en vano... Duré diez años allá”, y una década le alcanzó para enfilar en mínimo ocho frentes en el nordeste antioqueño y sur de Bolívar.

Él llegó a comandar un grupo, pero un día desertó porque un subalterno suyo se equivocó: mató a un hombre al que no tenía que matar. Por ese error, iban a enjuiciar a Leonel y antes que dejarse asesinar, él prefirió huir. Solo en ese momento se convenció de lo que tanto le había dicho su novia, Kelly Johana Torres. Ella le decía que eso no era vida, que sus mejores años se estaban pudriendo metido en el monte, empuñando un arma que lo hacía prisionero de una guerra absurda y cruel.

***

Las novias, en otro salón del centro comercial Nao, en Bocagrande, aguardan a que les digan cuándo salir para casarse. Después de todo, los novios no las pueden ver con sus vestidos antes de la ceremonia, ¡es de mala suerte!

Ellas están tan o más nerviosas que los caballeros, pero no titubean en su decisión final. Si ya se comieron las verdes, como dicen por ahí, ahora se comerán felices las maduras.

Ahora suenan algunas baladas y los novios se acercan al lugar donde una pastora cristiana los casará. Comienza la marcha nupcial y llegan ellas, sonríen, se sienten más bellas que siempre. Caminan seguras sobre un camino de pétalos blancos. La pastora habla de Salomón y de sus no sé cuántas esposas, habla del amor y de la constancia. Todos ríen. Todos se permiten ser felices. Se besan. Los declaran maridos y mujeres. Que lo que la paz ha unido, no lo separe la guerra.

*Nombre cambiado a solicitud de la fuente.

74.277

personas salieron de grupos ilegales en Colombia entre 2001 y julio de 2019.

66.042

de ellos corresponden a hombres y las 8.235 restantes son mujeres.

Y están distribuidos así, según el grupo al que pertenecieron:

36.427

exAUC.

19.613

exFarcEp desmovilizados

individualmente.

13.202

exFarcEp - Acuerdo final para terminar el conflicto.

4.488

exEln.

547

Otros.

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