Bombones con sabor al sur de Bolívar

21 de junio de 2020 12:00 AM

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El cambio está en nuestras manos. Serranito, así se llama la marca de chocolates creada por la Asociación de Productores de Cacao, Aprocasur, con epicentro en Santa Rosa, en el sur de Bolívar. Es su sello propio. Hace dos años surgió esta chocolatería, es solo la punta de un gigantesco iceberg de cambios. Demuestra que sí es posible, por ejemplo, sustituir cultivos ilícitos, de esos que tanto daño le hacen al país, por plantas de cacao, cambiar la guerra por paz. Orley Giovanni Foronda es el representante legal de Aprocasur, él nos cuenta qué ha tenido que pasar en 16 años para que lleguen a donde están.

Por allá, en el año 2002, la zona estaba plagada de plantaciones ilícitas, un mal que les traía la desdicha de la violencia, pero los mismos campesinos, con ayuda del Gobierno y de organismos internacionales, comenzaron a reemplazarlos. Esa zona, golpeada duramente por la guerra adversa, comenzaba a ver entonces los primeros destellos de una luz hoy los irradia con más esplendor. En principio, 200 familias sembraron sus esperanzas junto con las matas de cacao, por un programa gubernamental. “Ya, en 2004, decidimos conformar una asociación de productores de cacao, digamos que, mirando todas las dificultades de la región, en ese entonces era muy difícil acceder a los recursos del Gobierno porque realmente los campesinos no tenían voz, así que nos unimos. Ahí nació la organización y hemos venido creciendo desde entonces a través de diferentes proyectos y ayudas”, recuerda Orley. Crecer con el tiempo, tanto, que salieron de Santa Rosa del Sur y llegaron a municipios vecinos como San Pablo, Simití, Morales, y a otros como Aguachica (Cesar), La Gloria y hacia el Bolívar norte, en San Jacinto, Marialabaja y El Carmen. “Hemos gestionado proyectos productivos, en la línea del cacao, vinculando a más personal”, señala. El primer año fue el más difícil, terrorífico, el más crudo, porque los violentos se llevaron para siempre a uno de los suyos, al primer gerente, la cabeza principal de la organización, lo asesinaron. Sin embargo, ellos continuaron por un camino que, si bien ha sido duro, es el indicado. “Yo creo que ha sido muy importante que logramos cambiar la mentalidad de muchas personas que de pronto, en su momento, no creían que trabajando de forma lícita se pudiera sobrevivir. Con el cultivo de cacao cambiamos la mentalidad de muchas familias que hoy han podido ver crecer a sus hijos, muchos de esos hijos ahora son profesionales, técnicos, tecnólogos. Ha sido satisfactorio cambiar esa cultura de lo ilícito a lo lícito”, narra. Aprocasur pasó de tener en principio 160 asociados a 800, en un tiempo, y actualmente tiene más de 400. Siembran, cosechan y comercializan unas 800 toneladas de cacao al año para industrias como Casa Luker. Es su fuerte. “Por nuestra forma de ayudar, mucha gente quiso unirse”, añade Orley. Y hace dos años incursionaron en otro campo: la chocolatería, dejaron de ser solo productores para transformar el cacao. Tiene una proyección de convertir cinco toneladas mensuales en chocolate de mesa.

Sabor a campo

“Digamos hace alrededor de 2 años miramos una oportunidad de empezar el tema de transformación del cacao. Hemos venido haciendo preparación de chocolates de mesa, bombones rellenos de diferentes sabores, como maracuyá, fresa, arequipe, así como tabletas de chocolates, lo hemos venido desarrollando contando con el apoyo de diferentes fuentes de financiación”, explica Orley. “Al inicio tuvimos equipos pequeños, ahora estamos desarrollando el proyecto con la ayuda de la Fundación Hogar Juvenil, sacamos una marca, nuestros código de barra, tenemos empaques. Ya hicimos el proceso de registro, pasó el tiempo perentorio, ya estamos muy pronto a que nos emitan la resolución el código de la marca”, añade. Dicha fundación, con el Movimiento Por la Paz, los ha apoyado desde un proyecto conocido como Jóvenes Rurales, para que desarrollen la gestión de la imagen y de la marca, con financiación de la Unión Europea. (También le puede interesar: Jóvenes rurales, una apuesta por el campo)

“Al inicio la producción era más que todo artesanal, pero el chocolate empezó a gustar mucho por ser natural, sin aditivos ni químicos, es cacao y azúcar. básicamente, conserva todas las características, ha gustado mucho y empezamos a comercializarlo, la gente llega a nuestras instalaciones a adquirir el producto, llaman para hacer pedidos grandes. Desde diferentes ciudades y diferentes lugares del país nos hacen pedidos”, relata Orley. El nombre de Serranito es honor a la majestuosa serranía de San Lucas, donde están parte de los cultivos de cacao que se extienden también por otras zonas del departamento. Y alrededor de Aprocasur han nacido otras iniciativas que llaman unidades productivas: Familiar, Palmar y Los Canelos son otras tres marcas de chocolates producidas por sus socios. Otros tres sellos que se gestan desde el Bolívar sur. “Por ejemplo, tenemos a una socia, Marlene Acevedo, que con el cultivo de cacao logró sacar su familia adelante. Su hijo se graduó como biólogo gracias a su ejercicio como cultivadora”, añade. Uno de muchos ejemplos. Realmente algo que antes difícilmente hubiera sido posible.

“Digamos que nuestros chocolates son saludables, las personas, cada vez que se consume una taza de chocolate, están apoyando a ese cambio de la región, que antes era bastante difícil y ahora es diferente. Se le está dando importancia a la labor que nosotros hacemos”.

“El orgullo nuestro es ver esta organización que tenemos fortalecida, que le presta un gran servicio a nuestra región, a los asociados, a las distintas entidades que hoy existen, fue como uno de los objetivos, no nos conformamos, es una meta de participación, la cumplimos y hemos sido capaces de tener esa de gestión”, explica.

Los campesinos continúan trabajando en medio de la cuarentena por la pandemia del coronavirus, para sacar el cacao y la producción de la chocolatería. Los de Bolívar sur tienen sabor propio, son chocolates producto de un cambio, son reflejo de nuevos tiempos donde la prosperidad arrasada por la violencia vuelve a florecer.

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