Facetas


Cecilia Bustamante: secretos de amigos famosos

Gabo, Merces, Obregón, así recuerda Cecilia a sus singulares y famosos amigos.

GUSTAVO TATIS GUERRA

20 de septiembre de 2020 12:00 AM

Cecilia Bustamante ha sido la discreta amiga de celebridades que ha encontrado la casa que otros estaban buscando o soñando. Así es: ella conoce todas las casas que están a punto de venderse, derribarse o restaurarse en Cartagena. La suya ha sido algo más que la aventura de encontrar la casa, conocer de cerca los secretos de la historia de Cartagena de las últimas décadas y vivir instantes compartidos con criaturas geniales como sus amigos García Márquez o Alejandro Obregón. Su esposo, Luis Bustamante, fue el abogado del artista, con quien cocinaba las paellas que tanto disfrutaban en el patio de la casa, contando historias y burlándose de la solemnidad ajena. De esa cercanía familiar surgieron otras amistades tan cercanas como la de Mercedes Barcha, a quien acompañó en su último viaje a Magangué, su tierra natal, y a Mompox, donde estudió hace más de setenta años. Ella y su amiga Piedad Román de Rojas tenían un grupo de conversación cotidiana en el que participaba Mercedes. El sueño de todo el grupo de mujeres amigas de Mercedes era verse después de la cuarentena, reencontrarse en México o en Cartagena. Porque eso era lo que hacía Mercedes, invitar para sus cumpleaños del 6 de noviembre a sus amigas donde se encontraran, y venían de distintos lugares: Cartagena, Barranquilla, La Habana, México, París, Italia, etc.

Ella ha intuido entre tantos viajeros dispuestos a quedarse para siempre en la ciudad, qué casa andan buscando y, gracias a su sentido común y a la brújula de su clarividencia, adivinó qué casa buscaban Gabo y Obregón. A ella le tocó esa misión sin proponérselo. Obregón se presentaba sin avisar a la casa y una vez trajo un perro que había bautizado como Fucho Román. Le ponía nombres de amigos para burlarse y reírse de la vida.

Cuéntame, ¿qué te impresionó de la personalidad de Mercedes y de Gabo?

-Mercedes era una personalidad fuerte, pero al mismo tiempo cariñosa sin ser melosa. Por ejemplo, una vez que celebrábamos su cumpleaños en Ciudad de México, murió mi madre. Y allí estuvo Mercedes a mi lado para que hiciera mi duelo, pero sin decaer. No se me olvida el instante en que me dijo: “No vayas a llorar como una tonta”. Y luego me pidió que solo habláramos de cosas bonitas de mi madre. Por eso, en honor a la fortaleza de Mercedes, yo no la lloré en su muerte, sino recordé cosas bonitas de ella junto a nuestras amigas en común. Gabo, por su parte, pese a ser una persona muy famosa, era muy sencilla. Por ejemplo, una vez que mi esposo Lucho y yo salimos del restaurante del Chef Julián junto a Gabo y Mercedes, el muchacho que cuidaba los carros le pidió que le firmara un libro. Pero era un libro cualquiera que el muchacho tenía, pero que no había sido escrito por García Márquez. Gabo le dijo que más bien le regalaba un libro suyo y nos fuimos del lugar. Un rato después, el chofer de Gabo volvió al restaurante y le trajo al muchacho un libro escrito y autografiado por el escritor.

¿Qué episodio maravilloso viviste en ese viaje a Mompox con Mercedes?

-Conocí a Mercedes cuando ella tenía cincuenta años. El viaje a Mompox fue conocer a otra Mercedes, una Mercedes más niña que estudió en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús. Ella me mostró los pasillos por donde corría y los patios donde jugaba.

Recuérdame, ¿cuál fue el último encuentro y qué conversabas con ella?

-El último encuentro fue toda una temporada. Una amiga panameña y yo la estábamos visitando en su casa de Ciudad de México. Le propusimos que viajara a Cartagena, ya que llevaba un tiempo sin visitar su casa del Centro. A pesar de estar un poco impedida de salud, aceptó. Fue la última visita a Cartagena donde estuvo con sus amigas cartageneras y cuando donó los libros de la biblioteca personal de Gabo y el traje que él usó para el Congreso de la Lengua Española en el 2007, entre otras cosas, para el Claustro de la Merced de la Universidad de Cartagena. Con ella conversaba de todo, desde nuestros hijos y nietos hasta de una telenovela española, El secreto de puente viejo, que ella la vio fielmente por nueve años.

¿Qué libro relees de García Márquez?

-Su novela El amor en los tiempos del cólera. Me recuerda a las parrandas vallenatas que le encantaban a Gabo y Mercedes y que tanto disfrutamos mi esposo y yo en casa de ellos. En esos encuentros siempre sonaba la canción La diosa coronada, de Leandro Díaz, que me recuerda además de la historia de amor de Florentino y Fermina, el amor de Gabo por Mercedes.

¿Cómo podrías definir a Obregón y a Gabo?

-Obregón era un loco disciplinado. Loco, porque me acuerdo que una vez no lo dejaron entrar a una discoteca cartagenera por estar en pantaloneta. Ante eso, él se quitó la pantaloneta y amenazó con entrar en calzoncillos. No les quedó de otra que dejarlo entrar. Disciplinado, porque, siempre que mi esposo Luis y yo lo visitábamos, estaba sumergido en su arte, pintando. También lo defino como un ser que nos abrió muchas puertas, siempre se le ocurría algo genial: un contacto, una ocurrencia afortunada. Una vez que él estaba reunido con mi esposo y Gabo, Obregón le preguntó por qué no había comprado una casa en el Centro. Y Gabo le dijo que le daban pavor los fantasmas de las casas del Centro. Y yo empecé a buscarle esa casa que terminó siendo el terreno donde construyó su casa frente a la muralla. En principio recuerdo a Gabo como una persona tímida que contrastaba con la personalidad espontánea de Mercedes. Pero también lo recuerdo muy atento a buscar historias por todos lados. Por ejemplo, él siempre decía que prefería escucharnos al grupo de amigas porque las mujeres echábamos chismes, cuentos y así se enteraba de todo. A diferencia de los hombres que siempre hablaban de política y sexo.

¿Qué piensas de la polémica que han armado las feministas sobre el papel de Mercedes en la vida de Gabo? ¿Crees que ella fue feliz al ser guardiana de la obra de su esposo?

-Es un problema de enfoque. Gabo fue la celebridad, el genio que todo el mundo conocía. Pero los genios no se hacen solos. En este caso, el genio tenía en su esposa, no una sombra, sino una aliada. Sin Mercedes, Gabo no hubiera podido tener la destreza para manejar sus finanzas porque él era muy soñador, mientras Mercedes muy aterrizada. Y con respecto a la última pregunta, sí, fue feliz y complacida en sus cincuenta seis años de matrimonio sumado a los trece de noviazgo. A diferencia del caso de Florentino y Fermina, que solo fueron felices en el ocaso de sus vidas, Gabo y Mercedes lo fueron desde el comienzo y duraron juntos más tiempo de lo que Florentino tuvo que esperar por Fermina.

¿Qué piensas del papel que cumplen hoy las mujeres en la vida social, económica y cultural?

-Es una época que le hubiera gustado vivir a mi madre. Ella siempre quiso trabajar y no la dejaron. Pero ella siempre nos educó para que sus hijos, que incluye tres hijas trabajadoras, lograran lo que ella no pudo. Hoy mi madre le encantaría ver cómo las mujeres tienen más relevancia e importancia en la vida social, económica y cultural.

¿Qué has descubierto en el confinamiento de la pandemia?

-Es un reto. Uno de los retos más grandes que esta generación está afrontando. Pero también lo veo como una oportunidad de sacar lo mejor de nosotros para salir adelante. En el caso de nuestra empresa inmobiliaria, que estaba diseñada para la atención en persona, nos ha tocado adaptarnos a abrir más opciones virtuales para los clientes. También nos ha llevado a mediar entre propietarios y arrendatarios para lograr acuerdos que permitan que la pandemia no acabe con todos los negocios de la ciudad.

Epílogo

Entre sus tesoros, Cecilia de Bustamante conserva uno de los cóndores y un retrato de Bolívar, pintado por Alejandro Obregón. La historia de ese par de pinturas es para otra crónica. Lo cierto es que junto a la luz que irradian esas pinturas, ella ha sabido ser la mujer discreta que ha disfrutado del milagro de la amistad de celebridades que nunca perdieron el sentido de la sencillez. Cecilia no deja de celebrar su cumpleaños el 6 de febrero. Y cuando suenan los vallenatos, la nostalgia la devuelve a Mercedes y a Gabo.

“Me gusta celebrarlo viajando con mi familia. El último lo celebré en Boston, con el nacimiento de mi primera nieta. Eso sí, cuando llego a Cartagena, mis amigas me lo celebran en distintas oportunidades. El último lo celebré siete veces”.

Ahora abre su álbum de recuerdos que me comparte desde su celular. El instante en que Obregón junto a su esposo están en el patio, cocinando juntos, haciendo su tradicional paella que tanto los hizo felices. Los dos ya no están. Tampoco Gabo ni Mercedes. Ella prefiere recordar los días felices, mientras saborea un vino.