Facetas


Con los ojos en el mar de Cartagena

CINDY BARRIOS MIRANDA

04 de enero de 2015 12:00 AM

Cartagena es mar.
Es una de las características inherente de la ciudad, como una imagen mental que no puede ser disociada.

Su belleza es incomparable y su abundancia incuestionable, aunque para Pedro Rodríguez va más allá de la contemplación diaria desde la lejanía.

Por eso se cuestiona por qué a veces los cartageneros no le dan la importancia que este ha tenido en su historia.

“Me impacta, como foráneo, que Cartagena le esté dando la espalda al mar. La mayoría de la gente hace cosas que no tienen nada que ver con él. La gente que vive aquí se da el lujo de pasar un año sin poner un pie en el mar”, comenta Pedro.

Pedro es bogotano, tiene 47 años, y cuando llegó a la ciudad hace 15 años, del mar sabía poco. Su hobby era jugar al golf y salvo por algunos recuerdos de su niñez, la pesca era solo un concepto difuso anclado en su memoria.

“Cuando estaba chiquito venía a Cartagena y pescaba en la playa, eso se me quedó siempre en la cabeza. Entonces, cuando volví tuve la fortuna de tener un amigo que me invitó a pescar. Ahí fue donde me volví a meter en la pesca y desde esa época no he parado de pescar ningún año”.

Ahora, su vida se teje en el mar, entre su afición a la pesca deportiva, su trabajo con los cruceros y sus deberes como presidente del comité de pesca del Club de Pesca.

“Hace como 3 o 4 años me nombraron presidente del comité de pesca, ahí fue cuando realmente me interesé por otras cosas más allá de pescar”.

Su interés se ha concentrado en la preservación de especies para la pesca, y en estudiarlas para contribuir a llenar las páginas en blanco que Colombia tiene sobre el mar y su riquezas naturales.

Una de las acciones más significativas fue ayudar al gobierno a elaborar una cartilla sobre la pesca responsable para que las próximas generaciones puedan disfrutar de los mismos recursos que nosotros.

Según Pedro, “al paso que vamos nuestros hijos no van a tener nada qué pescar”, un pronóstico que ha llevado al Club a trabajar por la conservación a través de programas que refuerzan e incentivan el cuidado de las especies.

“El primer paso fue conseguir con la Billfish Foundation, que vela por los peces de pico, cómo marcar las especies. Es decir, en vez de matarlas y llevarlas a la pesa, las marcamos con un dispositivo especial, las medimos sin sacarlas del agua, las liberamos y si alguien en un futuro captura el mismo pescado puede saber que estuvo en las costas de Cartagena, el trayecto que ha hecho y cuánto creció”.

Pero lo que más le preocupa a Pedro es la conexión, casi desvanecida, entre los cartageneros y el mar.

Esa manera de ver en él, no sólo un elemento más del paisaje, sino un bien valioso que hay que cuidar, en el cual se construye la esencia cultural de un pueblo que se forjó a la orilla de sus aguas.

“Debemos rescatar ese valor intrínseco de los cartageneros. No concibo que un señor no pesque, así sea en la bahía, o tenga alguna relación con el mar”, afirma.

La pesca deportiva
Apasionado por la pesca, Pedro se ha esforzado por mantener el interés de quienes la practican y generar en ellos un sentimiento de pertenencia, para alejarse de esa idea de diversión ocasional que se pierde con los años.

“Hay que incentivar a la gente para que se aficione. Todos los años tenemos 5 o 6 torneos en el Club de Pesca. El torneo internacional se viene desarrollando hace 33 años. Pero una de mis prioridades es El Calderito, que es un torneo especial para los niños menores de 13 años. Es la primera vez que pueden participar solos y la idea es que todos los pescados que ellos saquen se devuelven al mar, permitiendo crear afición en ellos y enseñarles a ser más responsables”, explica.

Lo que le gusta de la pesca deportiva son los lazos filiales que se crean en torno a ella. Para él, salir a pescar junto a sus hijos o con sus amigos es una actividad que perdura y fortalece las relaciones.

Su afición lo ha llevado a adentrarse en otros caminos que se cruzan, como la pesca responsable que les permitió hacer la primera marcación satelital de Colombia en especies de pico como el Marlín, una proeza que lograron junto con la Fundación Malpelo, a través de su directora Sandra Bessudo.

“La marcación satelital se hace a través de un chip que una vez toca el agua, empieza a almacenar actividades del pez, como a qué profundidad está y en qué coordenadas se encuentra. En 6 meses se va desprender y cuando llegue a la superficie va a mandar toda la información a través de un satélite”.

Este es el comienzo de un libro en blanco que Colombia no ha llenado.

“No hay datos precisos sobre las especies de peces. En una reunión con varios expertos extranjeros nos comentaban que, desafortunadamente, en Colombia no existe el estudio de una población de peces”.

El mar en crisis
Su amor por el mar también lo ha llevado a cuestionar algunas acciones indiscriminadas en contra de los ecosistemas marinos, en especial los que devastan con impunidad nuestros recursos.

“Un tema que nos impacta es que Colombia otorgue permisos a barcos japoneses que se llaman palangreros. Ese tipo de pesca captura tortugas, delfines, tiburones, especies que a ellos no les sirven para nada y simplemente las desechan. Es una cosa absurda la manera en la que están pescando, haciendo un daño enorme”.

Por eso insiste en que “cuando a la gente le duela el mar, van a ser mucho más proactivos en la preservación”. Para él es una fuente de tradiciones y costumbres que se traducen en la forma de ser de quienes viven cerca a las costas.

“Hay que rescatar el valor del mar en la sociedad cartagenera, para que vuelvan sus ojos a él y entiendan lo importante que es”, finaliza.

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