Facetas


Conoce a Tivisay, la pequeña atleta arjonera

CRISTIAN AGÁMEZ PÁJARO

29 de julio de 2018 12:30 AM

Las últimas pastillas no funcionaron, así que Vicky y su esposo, Jorge Luis, decidieron no tomar más tratamientos. A lo mejor, olvidándose de todo, podrían relajarse un poco, liberarse del estrés y concebir el hijo que tanto anhelaban. Así fue. Se olvidaron de que querían un bebé y fue precisamente cuando no lo buscaban que, en diciembre de 2010, la prueba gravindex dio positivo.

“Yo tenía dos meses de embarazo, pero no sabía nada, fue toda una felicidad”. Siete meses más tarde, en la Clínica Cartagena del Mar, a las 9:40 a. m. del 16 de julio de 2011, una niña de preciosos ojos negros iluminó sus vidas. Ella es Tivisay. A Vicky todavía se le llenan los ojos de lágrimas cuando recuerda ese día feliz en que tuvo a su pequeña en sus brazos. También al recordar las palabras del médico, cuando le informó algo que hasta ese momento ella y todos desconocían.

“Ellos pensaron que yo sabía, pero no, en el embarazo nunca me hablaron nada sobre eso, me dijeron en el momento del parto, a mí me asustó mucho la palabra malformación, que dijo el médico, uno se imagina lo peor. Después me explicaron que la bebé había nacido sin una piernecita, la derecha”, recuerda.

Esas mismas lágrimas se borran en el acto cuando ve a su hija a los ojos, cuando ve su sonrisa amplia y pura, cuando la ve correr, saltar y treparse en cualquier parte. Hoy Tivisay Paola Vergara Ballesteros tiene 7 años y luce su uniforme de atleta, “porque hace cuatro meses hace parte de un equipo de atletismo de Arjona y ahorita, que participó en Baranoa (Atlántico), le dieron una medalla por correr un kilómetro. En agosto va a participar en otros juegos en Bucaramanga”, me comenta su mamá, orgullosa. Y ama el deporte, tanto que es una alumna aventajada en educación física y saca cinco en todas las pruebas, en el colegio Hijos de Sión.

“Alguien que la vio corriendo, en una actividad que hicieron de la Alcaldía, le tomó unas fotos, videos, y allá les llamó la atención que es una niña muy activa, por eso la invitaron a participar de las actividades deportivas, le ha ido muy bien. Su vida cotidiana es de mucho movimiento, ella no está quieta nunca, salta la cuerda como tú no tienes idea. El querer es poder, ella siempre se ha defendido”, agrega la madre.

Hoy llovió, la práctica de atletismo de este jueves se suspendió porque la pista, que es el mismo polideportivo de Arjona, es un lodazal. Pero Tivisay se acomoda su muleta y, aunque un poco intimidada por las cámaras, corre un poco, pues me dice: “Me gusta correr”. Ella sonríe y posa para las fotos porque también quisiera ser modelo. Junto a ella está su compañero de mil batallas, su hermanito menor, Vity, quien la anima.

En el hogar Vergara Ballesteros, al principio, hubo mucho temor. La frase “cuidado que te vas a caer”, se escuchó muchas veces en la casa, incluso, mientras aprendía a moverse por sí sola, “Tivisay se lastimó la barbilla tres veces”. Fue hasta que tuvo tres años que caminó con su muleta. “Antes de eso, ella buscaba un método de soportarse y de brincar y trasladarse, entonces se cansaba mucho y le dolían en la noche los huesos”.

La misma Tivisay ayudó a superar aquellos miedos en casa. “Es una súper hija. Ella misma me enseñó las respuestas a muchas preguntas. Tenía muchos interrogantes cuando nació, que si iba a gatear, que si iba a caminar, tenía muchas incógnitas para su crecimiento, de muchas cosas, pero con el tiempo y con la ayuda de la sicóloga, las fuimos resolviendo. Ella misma se iba a defender, porque es algo natural”.

Un camino difícil
En un mundo donde todo funcione correctamente, tal vez en ese que llaman el primer mundo, de seguro Tivisay estuviera caminando, corriendo con una prótesis, quizá una deportiva. Pero ella, infortunadamente, es una de los miles de usuarios del sistema de salud de Colombia. “Le queda demasiado corta”, me dice su mamá, al hablarme de la vieja prótesis que hasta el año pasado usó Tivisay.

Conseguir esa prótesis sencilla implicó un larguísimo proceso de año y tres meses, implicó contactar a un abogado y acudir a una acción de tutela, la EPS se demoraba en responder. Cuando tenía 4 años, por fin llegó la prótesis, pero solo le sirvió hasta los 6. “Fue fuerte para ella aprender a caminar con la prótesis, lloraba y no quería dar pasos ni nada, pero aprendió”.

Ahora, necesita una nueva prótesis acorde a su crecimiento y, más que eso, a sus deseos, porque dice que se siente más cómoda... “Soy libre de las manos y puedo caminar y hacer lo que yo quiera”, repite, pues la muleta la limita un poco y le maltrata el brazo. 

Ese proceso, para esta segunda prótesis ha sido tedioso. La EPS a la que estaba afiliada se saturó y la entidad decidió cambiarla a otra, justo cuando ese trámite iba avanzado. “Cuando ya me dieron la orden médica para la nueva prótesis en la otra EPS, decidieron regresarme a la EPS anterior. Eso retrasó más el proceso ”, cuenta Vicky sobre su lucha. Sin embargo, explica que le prometieron entregarle este lunes la orden médica que necesita.

Y en esa lucha por ver a su hija mejor, ha llegado el desespero. “Yo decía que mejor le iba a comprar la prótesis, un conocido del barrio trabaja en una fundación y me dijo que él me la hacía, cotizó los implementos en millón 600 mil pesos, mi esposo habló con sus jefes para que les hicieran un préstamo e ir pagándolo poco a poco, pero un abogado de la Alcaldía de Arjona que nos asesora, nos dijo que esperáramos. El que espera lo mucho espera lo poco”.

Tivisay sonríe bastante, es una niña feliz, le gusta jugar con su hermano y sus amigos de la cuadra, en las calles destapadas del barrio Sueños de Libertad, en Arjona.

Mientras espera que llegue una prótesis nueva, Tivisay sigue disfrutando de la vida, ya sea viendo Bob Patrol, jugando o corriendo como tanto disfruta hacerlo. “El deporte es lo que le gusta, entonces eso es lo que la está motivando. Mi niña tiene siete años y estoy orgullosa de ella, con el favor de Dios le van a venir cosas mejores. Ella corre y salta, quiere como volar”. Y tal vez lo haga, si un amigo del barrio le cumple la promesa de llevarla a pasear en un helicóptero, lo que tanto ella desea.