Contar historias: El éxito de los periódicos populares

19 de abril de 2015 12:00 AM

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El viernes 13 de enero de 2012 un lujoso crucero llamado Costa Concordia se accidentó cerca de la isla de Giglio, en la Toscana italiana. Ese día murieron 32 personas y otras 4229 fueron evacuadas del barco. Mientras que eso ocurría en Europa, al otro lado del Océano Atlántico, exactamente en Cartagena, Colombia, el periódico Q’HUBO abría su portada del día siguiente con la molestia de los habitantes de San Francisco por el incumplimiento del presidente Juan Manuel Santos, quien no llegó a acompañarlos, como lo prometió, por un derrumbe que sufrieron.

Mientras que el hundimiento del Costa Concordia fue noticia de primera plana en casi todos los periódicos y noticieros de Colombia, el dolor y la tragedia de los habitantes de San Francisco pasó casi de ‘agache’ ante los grandes medios.

Algo que se niegan a entender los críticos de los periódicos populares es que el surgimiento, posicionamiento y un futuro que quisieran tener los diarios tradicionales, nada tiene que ver con los muertos, la violencia, el amarillismo y tantas y tantas cosas que dicen llenas de lugares comunes. No.

“El periodismo nuestro va por otro lado. Por el lado de la esquina, de la calle, del barrio, del personaje con nombre y apellido común, del triunfo, de la derrota, de tantos y tantos hechos que pasan a nuestro alrededor y que muchos periodistas se niegan a ver desde la comodidad de sus oficinas esperando, con un buen aire acondicionado eso sí, el comunicado de prensa o la llamada del funcionario que recita lo que recita sin emoción y esperando ver, como efectivamente ocurre, su nombre en letras de molde en la edición del día siguiente”, dice Rodrigo Morales Zapata, Director del periódico Q’HUBO en Medellín.

El padre jesuita Javier Sanín, quien en su momento fue decano de Ciencias Sociales de la Universidad Tecnológica de Bolívar, en entrevista concedida al suplemento Generación de El Colombiano de Medellín, dice que “lo mejor que tienen los Q’HUBO es que van a lo que es. Eso sirve para que el lector la seleccione (la noticia) y no se pierda. Se la fija localmente y se fija con los intereses sociales. Los periódicos grandes se llenan de cosas inútiles”.

¿Y LA MUERTE QUÉ?
Pensar que los periódicos populares nacieron para buscar muertos o alegrarse porque alguien falleció de manera violenta es pensar también que un periodista sale de su casa deseando que alguien muera ese día, corriendo el riesgo de que sea un familiar suyo. “Nada más lejano de la realidad que eso. Los redactores judiciales de los diarios populares aman la calle, las historias, el ir, el volver, el conocer un poco más allá. Odian la oficina, lo fácil, lo oficial. Tienen la piel dura de ver tantas escenas judiciales, tantos levantamientos, tanto dolor junto, pero también son dueños de una sensibilidad que los hace diferentes, únicos si se quiere”, añade Morales Zapata.

Pongámoslo en contexto. En su barrio matan a una persona hoy. Otra mañana y tres en los siguientes 15 días. Usted, lector de periódicos, se entera gracias a lo que lee de la realidad que ocurre en sus calles. Eso lo hace atento, no baja la guardia, está pilas a movimientos extraños, cuida mejor a su familia. Y agradece toda la información que le dan, no reniega de ella.

Pero no son solo los muertos. También le alertan sobre la última modalidad de estafa, dónde los fleteros le roban más a la gente, dónde van a cortar el agua, las últimas becas que salieron para estudiar en el extranjero, en fin...
“Ahí es donde los periódicos populares están ganando la batalla y muchos todavía no se dan cuenta. Hay que ser local, local y más local. Dejémosle el internet y la globalidad a los otros, a los que creen que es más importante enterarse de cómo amaneció el cielo en Tel Aviv a saber lo que ocurrió en la esquina de su casa”, agrega Rodrigo.

“A medida que decrece el periodismo tradicional, el periodismo popular se parece como al nuevo cine y a las telenovelas. Es todo lo contrario a lo elitista. Mientras que los grandes medios miran a lo global y a lo nacional, los populares enfatizan en una agenda propia enfocada desde lo local”, dice el sacerdote Javier Sanín.

¿QUÉ HACEMOS  CON LA SANGRE?
Henry Holguín, periodista caleño muerto el 2012 a los 63 años en Ecuador cuando era el editor general del exitoso diario Extra con sede en Guayaquil, tenía una frase de cabecera a la hora de enfrentar a los publicistas que criticaban su periódico por sangriento: “En Extra no publicamos ni una gota de sangre de más... pero tampoco una de menos”, decía él mientras soltaba una contagiosa sonrisa.

Hoy, los tiempos han cambiado un poco. La sangre no es lo que vende. Como dice Rodrigo, las que venden son las historias de personas de carne y hueso como uno. “No de esas que aparecen en las películas gringas desde hace tantos años. Lo que vende es la necesidad de las personas que requieren saber qué pasa en su alrededor, de que alguien le cuente en su propio lenguaje esa realidad que muchas veces agobia, pero que también pide ser entendida a gritos”.

Un punto que quizás es el más neurálgico tiene que ver con las fotos que se publican. ¿Hasta dónde llegar? ¿Mostrar la cara de los familiares que lloran la muerte de un ser querido? ¿Con sangre o sin sangre? ¿Publicar o no publicar el cadáver? En fin, son tantos los interrogantes en el manejo de la información judicial que muchas veces la solución puede no ser la correcta, pero está claro que cada día los editores aprenden más de este nuevo oficio (en Colombia no llevan más de 15 años los nuevos periódicos populares) en el que debe primar la información, el buen gusto y el respeto por el lector. “Muchas personas, en una decisión que es apenas entendible, prefieren no leer periódicos populares. No nos digamos mentiras, estos medios no son para todas las personas. Por eso se llaman populares. Así debe de ser”, enfatiza Rodrigo desde Medellín.

UNA MONTAÑA RUSA
Una de las mejores cosas que tienen los periódicos populares es que llaman las cosas por su nombre. Es decir, no le dan vueltas a lo que no tiene vuelta. En ese orden de ideas, pretender, nadie lo haría, llenar un periódico de muertos para vender más es imposible desde cualquier punto de vista. Es más, si se mirara proporcionalmente la información judicial en el total de páginas de un periódico difícilmente pasaría del 5 o el 10 por ciento.

¿Y el resto con qué se llena? Otra vez más de lo mismo: pensar y conectar con el lector, ese mismo que te defiende, que te quiere y te comprende como eres. La información de utilidad, de cercanía, de entretenimiento, de deportes, aparece, como una especie de montaña rusa, en la agenda informativa como el complemento perfecto. “Los periódicos populares son emocionales al ciento por ciento, por eso no dudan en salir de su localía para contar hechos nacionales o internacionales de relevancia.

“Las universidades, tan dadas a criticar el periodismo popular desde la academia, deberían pensar más bien en crear una cátedra sobre esta materia, al fin y al cabo en los últimos años en la prensa escrita los únicos que crecen en audiencia son los periódicos populares”, concluye Morales Zapata.

LA LABOR DEL PERIODISTA JUDICIAL
Edwin Torres Padrón, periodista judicial con 24 años de experiencia, asegura que en el ámbito periodístico, llámese prensa escrita en este caso, es necesario cubrir todos los campos o fuentes, “el tiempo le dirá al periodista en dónde se siente mejor, dónde desempeña una mejor labor y dónde cree que puede cumplir cabalmente con una actividad ceñida por la ética”. “Por mi experiencia propia creo que todo periodista debe pasar por la fuente de crónica roja o judiciales, es voluntad de cada quien quedarse o buscar otra fuente, pero pienso que es necesario porque el periodista como tal debe enfrentarse a una realidad que es muy distinta a la que nos enseñan en la universidad. Es en la calle donde el periodista aprende a describir un hecho, a relatar un acontecimiento que en este caso nadie quisiera relatar o encontrarse a diario, a ampliar su imaginación, a darle un sentido a la vida, a la tolerancia y comprensión, y a tratar de convencer a un doliente que le dé alguna clase de información.”, agrega.

Es muy difícil relatar un hecho de crónica roja, y es eso lo que hace valioso a este periodista, porque debe usar muchos recursos para conseguir una información, para describirla.

“No es lo mismo ir con una grabadora a entrevistar a un funcionario o un personaje de la farándula con preguntas quizás ya elaboradas. La crónica roja es enfrentarse al reto de usar todas las herramientas necesarias para conseguir que ese hecho de dolor sea descrito de la mejor manera posible. Es echar el cuento como si se lo echara un vecino a otro, pero con más prudencia. Está en cada periodista manejar su estilo, pero relatar un hecho violento no hace a nadie amarillista o sensacionalista, ni el mostrar o retratar una cruda realidad lo hace ser así”, enfatiza Torres Padrón.

Quizás con el tiempo un periodista judicial pierde ese miedo de enfrentarse a ver, describir y relatar un hecho violento, el miedo tal vez a hablar con un doliente en el peor momento de su vida, a convencerlo de darle alguna información, pero eso no significa que ese periodista sea insensible. “Aunque reconozco que es imprudente hablar con un doliente en medio de su dolor, es un trabajo que en muchos casos debe hacerse para no publicar una noticia errada o con datos muy superficiales que quizás más adelante produzcan más daño, y eso es lo que precisamente se le hace saber al doliente. Es decirle a esa persona que ha perdido a su ser querido o se le ha quemado la casa, por ejemplo, que queremos de primera mano su versión antes que especular con los rumores que se escuchan en el barrio o con los datos a medias que casi siempre dan las autoridades. Porque lo que no saben muchos es que muchas veces las autoridades solo informan los hechos con tan pocos datos que es necesario ampliar para no dar una información inexacta”, dice Edwin, quien ha cubierto casos donde esa información de crónica roja ha ayudado a dolientes a superar su sufrimiento, a mostrar el lado humano de aquella víctima que pudo cometer un error y a buscar colaboración en casos de personas que lo pierden todo en una fatalidad.

NO ES SER INSENSIBLE
“El que un periodista con el tiempo pierda el miedo para hablar con un doliente no lo hace insensible. No puede haber insensibilidad si se habla con una madre que ha perdido un hijo, o con un hijo que pierde a su padre o madre, porque ante todo un periodista es padre, madre, hijo, hija, esposo, esposa, hermano o hermana. El relatar ese hecho tampoco lo hace insensible... es una labor quizás muy difícil que incluso periodistas que no han cubierto esa fuente no tienen idea cómo se hace”, agrega Torres.

Ir a la casa de un doliente recién ocurrido un hecho no es tarea fácil, y el periodista lo sabe. En muchos casos ese tacto, esa prudencia en medio de la “imprudencia” que significa buscar una foto del difunto, es algo que el periodista va adquiriendo con el tiempo y es precisamente lo que lo vuelve responsable al escribir una nota. “Nadie, por mucho dolor o rabia que tenga en medio de su sufrimiento, le da información a un periodista si nota que en él hay insensibilidad, ni siquiera cuando el hecho tiene que ver con un presunto ladrón dado de baja por la Policía, pues en todos los casos es la víctima quien merece el respeto de los periodistas”, puntualiza.

Es fácil tildar a un periodista por la labor que desempeña, pero a muchos les toca acostumbrarse. Nadie se pregunta cómo ese periodista judicial, si es papá por ejemplo, carga a su hijo de cuatro años al llegar a casa luego de horas antes cubrir la muerte de un niño en un accidente y hablar con sus padres y escribir esa información en medio del sentimiento que producen hechos como ese.

“El periodista judicial no es el intolerante o el insensible, quizás lo es el que comete un hecho delictivo bajo esas circunstancias. Un periodista judicial lo que hace es describir ese hecho, relatarlo, pero eso no lo hace insensible a lo que ha sucedido. No se puede ser insensible si todos los días se va a la morgue de Medicina Legal o a los hospitales a ver dramas. Es precisamente ese drama que lleva al periodista a darle mayor sentido a la vida”, finaliza Edwin Torres Padrón.

HABRÁ DEBATE
El programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Seccional del Caribe, abrirá este miércoles 22 de abril, un debate en torno a la crónica roja o página judicial de los periódicos tradicionales y de diarios llamados populares, para indagar qué hay detrás de las prácticas periodísticas para hacer posibles estas leídas páginas, y además conocer cómo perciben los lectores este tipo de periodismo.

El debate será moderado por el profesor Santiago Burgos, quien goza de una amplia experiencia en el campo de la Comunicación y Ciudad y contará con invitados como Edwin Torres Padrón, editor general del periódico El Teso; Javier Ramos Zambrano, editor general de Q’hubo; Wilson Morales Gutiérrez, periodista del área de Sucesos de El Universal y Alexandra Clavijo Guerra, Comunicadora Social, bloguera y ex editora local de El Universal.
El encuentro se realizará de 9 a 11 de la mañana, en el Salón Múltiple Campus Internacional del Caribe de la Utadeo, Anillo Vial km 13.

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