Cosas que solo nos pasan a los gemelos

05 de noviembre de 2017 12:30 AM

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Cuando Elisa se enteró de que estaba esperando gemelos ya tenía más de siete meses de embarazo. Dice ella que hace veintisiete años no era tan fácil acceder a una ecografía y menos en un remoto pueblito de nuestra Costa Caribe -Guaymaral, corregimiento de Córdoba Tetón (Bolívar)-, y cuando por fin le pudieron practicar una lo que se veía era una cosa rara, con cuatro brazos, cuatro piernas, dos cabezas y ¡un solo tronco!

No había celulares, menos redes sociales, pero la noticia que la señora Elisa tendría siameses se regó por el pueblo en tiempo récord. Ella nada más podía esperar y rezar, supongo que habrá perdido la cuenta de los rosarios a la Virgen para que la dichosa ecografía estuviese equivocada, y justo el 16 de julio de 1990 le dieron los dolores de parto. La pudo atender una partera, pero como nadie nunca en el pueblo había traído al mundo siameses, su esposo David decidió llevarla a parir al hospital cercano de más nivel, el de El Carmen de Bolívar. Elisa llegó allá el día de la Virgen del Carmen y obvio: todos estaban borrachos, bailando a nombre de la santa. Había uno que otro médico sobrio, pero persistía ese tufito a ron en el ambiente, en fin: parió el 17 de julio. Al regresar al pueblo, al día siguiente, encontró la casa llena de gente, los curiosos querían ver al monstruo de dos cabezas, pero solo se encontraron con Laura y Viviana, dos bebés diferenciadas apenas por dos manillitas. La bendita ecografía sí se equivocó y esa Laura soy yo.

Sí, soy gemela y, si eres como el 99,9 por ciento de las personas que me he cruzado desde que tengo uso de razón, me preguntarás: ¿Quién nació primero? ¿Y son gemelas o mellas? ¿Es verdad que sientes lo mismo que tu hermana? ¿Cuál es la mala y cuál es la buena? ¿Y los novios no se confunden?

¿Gemelos o mellizos?
La Real Academia de la Lengua Española define gemelo como “nacido de un mismo parto y originado de un mismo óvulo” (un solo óvulo fecundado por un espermatozoide, que se divide y forma dos seres). Y mellizo: “Nacido de un mismo parto y originado de distinto óvulo” (dos óvulos, fecundados por dos espermatozoides).

Mi otro yo se llama Viviana, nació cinco minutos antes y es médico. Ella me explica que entre médicos no se usa el término “mellizo”, pues clínicamente todos somos gemelos. Los gemelos pueden ser monocoriales (que vienen en la misma placenta) o bicoriales (en dos placentas), a estos últimos les dicen vulgarmente mellizos o mellos. Los bicoriales se parecen algunas veces y otras son tan distintos físicamente que pueden ser hombre y mujer o no parecer ni familia. Es como si fueran dos hermanos normales que alguien puso en el vientre de la mamá simultáneamente, y no son genéticamente idénticos.
Los monocoriales sí somos clones. Tenemos la misma carga genética, pero nuestra apariencia es ligeramente distinta porque al nacer el ambiente modifica la expresión de los genes. Esto, en el español de los mortales, quiere decir que podemos ser idénticos o muy, muy, parecidos físicamente y compartir algunos rasgos de personalidad, pero tenemos diferencias (como las huellas dactilares) porque los genes de cada ser reaccionan de forma diferente al ambiente.

Hombre, pero para mí que los genes de Adriana y Angélica Echenique reaccionaron casi igual al ambiente. Las gemelas Echenique tienen 27 años y su mamá solo supo que estaba embarazada de gemelas el día que las parió. Estudiaron con nosotras el bachillerato y recuerdo que se pintaban el cabello de colores diferentes para que las distinguieran. Tienen hasta la voz igual y cuentan decenas de anécdotas de gente que se queda boquiabierta cuando las ve juntas, personas que abordan en la calle a Adriana pensando que es Angélica, y viceversa. “Yo tenía un noviecito que no nos distinguía muy bien, y cuando no quería hablarle y me encontraba con él, simplemente ni lo saludaba y él pensaba que era Angélica. Incluso, un día se encontró a Angélica y le dio un chance en el carro, comenzó a enamorarla y ella le dijo que era Angélica, el tipo casi se muere de la vergüenza”, dice Adriana y ríe.

Para ellas, ser gemelas es un privilegio genial. La gente ama a los gemelos, sienten empatía porque les dan curiosidad, tener a un clon tuyo caminando por el mundo es increíblemente especial y divertido, pero… siempre hay un pero: a veces es un tanto incómodo tener a alguien con quien automáticamente te comparan. No puedes ir con tu gemela a algún lugar sin escuchar comentarios como: “ay, pero una es más gordita que la otra”, “tú eres más alta”, “hay una más bonita”, “pero tú tienes la cara más redondita, el cabello más largo”, y entonces aparece la otra pregunta infaltable, ¿quién es la mala?

“¿Por qué tiene que haber una mala y una buena? No. Simplemente son dos personalidades, seres humanos normales con cosas buenas y cosas malas”, anota Adriana.

¿Sentimos lo mismo?
Creo que después de la telenovela LaViuda de Blanco (1996), donde dos gemelitos hacían de cuanta diablura con solo mirarse, siempre preguntan si sentimos lo mismo y si tenemos telepatía. Yo sí recuerdo un día en primaria que comencé a llorar de la nada y, luego, cuando me encontré con Viviana, supe que un niñito le había pegado un puño y ella estaba llorando. A veces comenzamos a cantar la misma canción al mismo tiempo, o ella habla sobre algo que justo yo estaba pensando, pero ahora, de grandes, nunca me he sentido triste inexplicablemente triste o enferma.

“La tristeza o alegría, más que un tema físico, o sea, que yo pueda sentir lo físico que ella siente, es emocional. Es de conexión, pero que puede tener cualquier otra persona por un ser que quiere. Si ella está triste, yo me pongo triste porque ella me cuenta, no porque inexplicablemente me dio un pálpito”, me dice Angélica.

Las hermanas Luz Melissa y Luz Yenny Brid piensan todo lo contrario. Ellas sí dicen estar conectadas por algo sobrenatural que hace que sientan lo mismo, que si una se enferma la otra se sienta pésimo. “Una vez comencé a sentirme mal, no me hallaba, no sabía ni qué me pasaba y cuando llegué a la casa encontré a Luz Yenny mal, con fiebre, y eso nos pasa mucho”, me cuenta Luz Melissa.
Loli Luz y Mary Luz Castillo nacieron hace 35 años en Villanueva (Bolívar) y sí que se han gozado ser gemelas. Ni siquiera los papás las diferencian a veces, ¡ni el hijo de Loli sabe quién es quién! A Mary la besó el novio de Loli que supuestamente se confundió. Se suplantaron en exámenes y también por teléfono. “Si nosotras hubiéramos querido, hubiéramos compartido los novios, pero nos daba asco”, ríen. Para ellas, lo único malo de ser idénticas es que a veces la una hace alguna travesura y la otra termina pagando los platos rotos. Ellas sí se sienten especialmente conectadas y no conciben la vida separadas.

Esa es una de las palabras claves en todas las historias: apego. A Luz Melissa y Luz Yanet las separaron de colegio cuando iban a cursar 11 porque siempre se confundían las notas y los nombres; Lolis y Mary se separaron cuando una de ellas se fue a vivir con su pareja, y fue catastrófico porque la otra sentía unos celos horribles; Angélica decidió estudiar en una universidad diferente de la de Adriana para obligarse a ser más independiente; Viviana estudió medicina y yo comunicación social, y nos dio duro no estar siempre juntas. Acabo de conocer a Esteban y Giussepe, que tienen apenas dos añitos, y veo que el segundo siempre va a buscar al primero. La conexión es innegable… Y yo creo que todos terminamos siendo siameses, porque estamos irremediablemente ligados por sentimientos.

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