Crystal, la historia de una cantante norteamericana tras las rejas

24 de junio de 2018 07:00 AM

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Yo soy una cantante, tengo mis seguidores, trabajo con un estudio y estaba haciendo una gira por Cartagena y me arrestaron en el aeropuerto”. Eso me dice Crystal. Antes, al saber que habría cámaras, dijo: “Esperen un momento”. Ahora no lleva la estirada melena de sus fotos de Instagram y Facebook, ni la clásica ropa o joyas de la cultura hip hop que luce en sus videos pero, aún así, va a su celda y se pone su mejor pinta, se maquilla y peina su afro. No quiere salir mal, al fin de cuentas es una artista. Así esté en la cárcel.

Después, lo piensa mejor. Allá, en Estados Unidos, solo su familia sabe que está tras las rejas. Sus fans siguen escribiéndole, preguntan por ella, la buscan para presentaciones y sus representantes se encargan de ganar tiempo, para que no noten su ausencia. “Está de viaje”, dicen.

Sin embargo, aquí, en el restaurante Interno, en la Cárcel de San Diego, ya se ha encontrado con uno que otro turista que la reconoce y le pregunta cómo llegó ahí. “En ocasiones explico, pero por lo general respondo que ‘por cosas de la vida’. Otras veces lo que digo es que a veces uno conoce a la gente equivocada”.

Crystal sonríe todo el tiempo, como si no estuviera consciente de su situación, pero sabe muy bien que necesita fuerzas y mucha paciencia para salir de prisión. Allí fue enviada el 9 de diciembre pasado por el presunto delito de tráfico de drogas. “Esa no era mi maleta, me la cambiaron. Cuando me arrestaron quedé en shock. Todo pasó tan rápido que estaba como congelada porque no entendía lo que estaba pasando. Estuve llorando como por dos semanas”, asegura.

Su español es muy limitado. En los seis meses que ha estado encarcelada ha aprendido un poco, pero le es difícil hablarlo, así que prefiere conversar en su idioma. “Me ha ido terrible en el tema legal porque cuando voy a la Corte (las audiencias), nunca hay alguien que hable inglés, entonces el abogado queda impedido. Debería haber alguien con quien comunicarme para poder seguir mi proceso. Me gustaría que me ayudaran con eso”.

Tiene 23 años y apenas empezaba a proyectar su carrera de cantante y compositora. Cuenta que en Florida, su estado, es más reconocida en las pasarelas, por las veces que ha trabajado como modelo, que por su música. “Yo terminé siendo artista porque tengo la vena artística de mi familia. Mi primera presentación fue a los siete años en una reunión familiar de Navidad. También hice ballet cuando tenía cuatro, también bailo… El modelaje es como mi faceta más ‘fashionista’ como mujer, pero mi trabajo es la música en general. La música es mi vida. Mi gran deseo es ser una artista famosa, más allá de las fronteras”.

Mientras su equipo sigue trabajando, ella trata de adaptarse a una vida totalmente distinta a la que llevaba. Dice que ve esta cárcel como un campamento y no como una prisión porque ha aprendido muchas cosas. “Nunca había estado en una cárcel, pero agradezco, por lo menos, estar en esta. Aquí he aprendido a tener autocontrol, porque yo era mucho más emocional y extrovertida… y como nadie me entiende he aprendido a callar, a controlar mis emociones cuando estoy triste o alegre”.

Pero también reconoce que ha sido difícil para ella y para su familia. “Tuve que llamar a mi mamá y decirle que estaba en la cárcel, que lo sentía. Ella trata de venir con frecuencia, pero ha sido un proceso duro. No es algo que se supera de la noche a la mañana. Mis papás me han apoyado y están agradecidos de que esté viva”.
¿Cuándo conocerán sus amigos y seguidores su realidad? De eso aún no está segura. Ella solo espera que su equipo siga respondiendo hasta el momento en que definitivamente deba compartir con ellos lo que le sucede. Por ahora, afirma, tiene las manos atadas. No sabe qué debe hacer ni a quién pedir ayuda. No tiene ni idea de su proceso ni sabe si algún día va a salir de este lugar, pues sus esperanzas parecen esfumarse cuando escucha las historias de algunas de sus compañeras de celdas, a quienes han agarrado con muchos kilos de drogas y ya llevan muchos años ahí.

“Sueño con el momento en el que me digan que me puedo ir para mi casa. Quiero regresar a mi país y terminar mi máster en comunicaciones y seguir trabajando en la música y la danza, mi profesión. Por ahora, pido al gobierno de mi país que por favor, si puede, me ayude a buscar un abogado que hable inglés lo más rápido posible”.

En su celda, Crystal ahora escribe canciones sobre esta experiencia, sobre la soledad, el aislamiento y cómo ha sido para ella integrarse a los demás sin que puedan entenderla. Y, al mismo tiempo, piensa que al quedar en libre volvería a la misma cárcel, nunca más como reclusa, sino para trabajar con la Fundación de la actriz Johana Bahamón, y ayudar, simplemente ayudar a hacer más llevaderos los días para las mujeres de esta jaula. Porque aunque las compañeras terminen convirtiéndose casi en familia, esta cárcel es y será siempre eso, una jaula.

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