Cuando todo pase, haré una gira de besos y abrazos

29 de marzo de 2020 12:00 PM
Cuando todo pase, haré una gira de besos y abrazos
Dos vecinos conversan desde sus balcones en el barrio murciano de Vistabella, el sábado, durante el décimotercer día de confinamiento a causa del estado de alarma decretado por el gobierno por la crisis del coronavirus.

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Por: Rosaura Rodríguez / Especial para El Universal

Llevo quince días de confinamiento y admito que en mi caso el encierro y la soledad no son unos desconocidos. Me han acompañado a lo largo de todos estos años de escritura, han sido mis grandes aliados y la mejor compañía para lograr llenar tantas páginas en blanco. Pero esta es una página distinta, un capítulo nuevo en mi existencia que comparto con el mundo entero, en el que todos somos víctimas de un virus que nos ha obligado a encerrarnos, a alejarnos de nuestros afectos, a encontrarnos con nosotros mismos.

Las crisis sacan lo mejor o lo peor de nosotros, o más bien debería decir que sale nuestra verdadera esencia, lo que en realidad somos, nuestros miedos, nuestras inseguridades. A través de los chats, de las video llamadas empezamos a conocer a los que nos rodean y a descubrir diferentes formas de enfrentar esta pandemia desde lo más profundo de esa esencia. Hay gente que decide —sí, porque cómo reaccionamos ante lo imprevisible puede ser una decisión ahora— creer en teorías conspirativas en las que los chinos han creado el virus para acabar con el mundo, son los tremendistas, están los que se aferran a la religión y envían lecturas del Espíritu Santo, cadenas de oración, en el afán por lograr que un Dios magnánimo aleje este virus como por arte de magia, están los que han decidido que esta pandemia fue enviada para que entendamos la importancia de lo esencial, de la familia, de los amigos, de todo lo que tenemos, están los negativos que sienten que el virus cambia el mundo para peor, que la economía se desplomará, que nos moriremos de hambre, que llegó el apocalipsis, y afortunadamente están los positivos que ven la luz al final de camino y están seguros de que esta pandemia, como todo en la vida, pasará. (Lea aquí: 1.720 fallecidos y 28.572 infectados por coronavirus en España)

Confieso que soy de las optimistas, que no olvido que la historia está plagada de pestes que se sobrevivieron y que nos ha tocado vivir la nuestra en las mejores circunstancias posibles. Con una tecnología que nos permite bajar películas, series, libros, jugar en las tabletas y conectarnos con nuestros seres queridos. Y este es quizás el primer logro del confinamiento que estamos viviendo, finalmente la tecnología nos sirve para conectarnos, no para aislarnos. Y ha sido precisamente esa tecnología, todas esas video llamadas con la familia y amigos, los encuentros con mis clubes de libros en línea, los que me han hecho darme cuenta de lo importante que es el sentido del tacto para mí. En este aislamiento, donde me pregunto cada día qué extraño de la vida anterior al encierro, he llegado a la conclusión de que me hace falta tocar a la gente que quiero, esa mano que se posa sobre la tuya cuando cuentas algo triste o que te afecta, ese encuentro de hombros por la risa, ese abrazo que te reinicia, esos besos, las caricias, esa intimidad que da el tacto y que me lleva a esa expresión tan española que dice que el roce hace el cariño. (Le puede interesar: España supera a China en muertos por coronavirus)

Elegí pasar este encierro en España, un país donde los besos y los abrazos son parte esencial de su cultura, que extraña cada minuto de este encierro el encuentro con los amigos, los dos besos de hola, los dos besos de adiós, y los abrazos. Un país que espera con impaciencia ese día en que puedan volver a la normalidad de acariciar a sus afectos. Me uno a ellos en esa impaciencia y, como soy una optimista irremediable, no veo la hora de que esto pase para empezar una gira de besos y abrazos a cada rincón donde se encuentre un ser querido. Y estoy convencida de que tarde o temprano empezaré ese viaje, en el mientras tanto, seguiré preguntándome cada día de este encierro qué extraño de mi vida anterior porque estoy segura de que el día que empecé este confinamiento se inició otro viaje, uno personal hacia mi interior.

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