Elaín se enfrentó hasta a la muerte por sus 7 hijos

21 de junio de 2020 08:00 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

El día que su esposa murió, aquel 26 de enero de 1986, sintió un dolor muy grande, extremadamente inmenso, pero no se permitió llorar. No era una opción. Debía levantarse, por él, por sus siete hijos. Y así lo hizo. Elaín Gabriel Hernández Buelvas cogió fuerzas, muchas más fuerzas de las que acostumbraba a llevar y, como un ser de roble, continuó. “Quería bastante a mi señora, pero no me puse a llorar, me hacía falta y todo pero para adelante. Ella murió un 26 y creo que el 28 ya yo estaba trabajando, tenía que trabajar, porque tocaba, con el dolor de mi alma salí a trabajar por ellos... ¡Uff!”, dice. Cuando se fue de este mundo, hace 34 años, Carmen Ariza Sarmiento dejó un vacío tan grande como los mismos corazones de sus hijos y su esposo. Se fue así, repentinamente, como suele ser la muerte. María Patricia, una octava hija venía en camino, pero el embarazo y el parto se complicaron. “El mejor homenaje que le pueden hacer a su madre es estudiar”, les dijo entonces Elaín a sus siete hijos y él siguió trabajando mucho más que antes. “El más pequeño tenía tres años y el mayor apenas terminaba el colegio. Fue difícil, pero encontré mucha ayuda de vecinos y de mis hijos. Trabajaba de noche y de día les colaboraba aquí haciendo la comida, fue fuerte, pero satisfactorio”, recuerda. Y es que un hombre como Elaín ha hecho de todo por su familia. “No gané pensión porque cuando estaba cotizando no me alcanzaba para darle comida a todos. Trabajaba en la compañía Levapan, pero me metí a trabajar independiente, antes de eso fui panadero, luego aprendí a manejar y comencé a trabajar de conductor, manejé taxis, busetas de todas las rutas, camiones, mejor dicho, hasta colectivo en el Nuevo Bosque”, narra. Ha hecho de todo, incluso enfrentar a la misma muerte. Al poco tiempo de morir su esposa, sin más ni menos, una noche cualquiera, unos delincuentes se le cruzaron en el camino. Le robaron su Jeep colectivo y, lo peor, lo iban a matar. Entonces rogó por su vida, contó a los ladrones que tenía siete hijos esperándolo en casa, que su esposa se acababa de morir y lo abandonaron en un paraje del que regresó caminando a la ciudad.

¿Cómo hizo para sacar a sus hijos adelante?

-La experiencia que tengo como papá es la mejor. Todo el mérito es de ellos, que se fajaron fuertemente a estudiar y a mí me tocaba era camellar, fue difícil la cuestión, cuando me quedé yo solo con ellos. Ellos colaboraron con todo y los vecinos. No tengo sino palabras de agradecimiento con la vida, gracias a Dios ahora tengo mucha satisfacción.

¿Y qué fue lo más difícil?

- A veces trabajaba casi 15 horas diarias en una buseta. A veces me iba para la casa solo con el dinero de la comida. Los mismos hijos me ayudaron siempre, el pequeño se fue un tiempo con la abuela, iba y venía; Wilmer llegaba de la universidad a hacer el almuerzo; Milton, faltando tres meses para graduarse de abogado, me servía de esparrin, todos ayudaban de alguna forma también. Al principio también me ayudó mucho la directora del colegio. La casa que tenemos en Las Gaviotas la terminé de pagar con dificultad.

¿Cuál fue su guía para llevarlos por un buen camino?

- En ese tiempo quizá no tenía así como conocimiento de lo que es la palabra de Dios, lo único que les decía era: “El que camina bien, termina bien”. La mamá, mientras estuvo viva, los protegió, uno solo hizo primero de primaria, los demás salieron de aquí de la casa directo a hacer segundo de primaria porque la mamá los pulió, educándolos y dándole buenos ejemplos. Pasábamos necesidades, pero hay que ver que ninguno se perdió. Me dio duro cuando ella murió, pero con la ayuda de ellos mismos y de los vecinos salimos adelante, todavía ellos nos cuidan. Los vecinos son también como una familia.

¿Y pensó en volver a casarse?

-No, el lema mío era que si buscaba mujer, uno con siete pelaos, la mujer iba a tener conflicto con los hijos. Con una inclusive había posibilidades pero yo le dije los hijos míos están primero, preferí a los hijos, por eso nunca traté y también por la situación económica. Mejor seguí batallando solo con ellos, gracias a Dios no me arrepiento, resultó la cuestión. (Lea también: ¿Cuándo se celebra oficialmente el Día del Padre?)

¿Un modelo a seguir?

Quién nos enseña a ser papás, cuando no se tiene un modelo a seguir. “La historia que cuenta mi papá desde el principio es bien particular. Sobre todo él, un modelo de padre no tuvo, porque él no conoció a su papá, el apellido Hernández viene de un señor que nadie conoció”, cuenta su hijo Wilmer. Cuando Elaín tenía ocho años se separó de su mamá, ella se enfermó y le dijeron que había muerto. “Creció pensando que su mamá estaba muerta y, luego, cuando era adolescente, ella apareció, se reencontró con él. A pesar de todo, sin haber crecido con un modelo de papá y mamá, él lo cumplió a cabalidad cuando nos crió a nosotros. Siempre admiro la salud mental de este hombre, porque él solo, siempre, con un trabajo más bien precario, nunca tuvo una cuenta de ahorros, vivía del diario, nos sacó adelante”, añade Wilmer. Elaín quiso darle a sus hijos el ejemplo que no tuvo.

Y la recompensa...

El éxito puede estar precedido por una carrera de obstáculos, a veces dolorosa pero siempre recompensada. De eso está seguro don Elaín, los éxitos de sus hijos son propios. Él vive feliz de verlos triunfar. Está orgulloso a sus 76 años. Porque lo logró. A pesar de todo. Lo logró. Y también, a donde quiera que esté, Carmen debe estar orgullosa de él y de sus hijos.

¿Qué ha sido lo más satisfactorio?

-Mis hijos. El mayor, Elaín Javier, es ingeniero civil; el segundo, Carlos Alberto, es suboficial retirado de la Armada; Milton, el tercero, es abogado; el cuarto es Wilmer, que hoy vive en Suiza y tiene su propio consultorio (es siquiatra). Nelson, estudió en la Universidad de Cartagena, le está yendo bien porque tiene su carro propio y administra una empresa de taxis. La sexta que es la única mujer, Carmen Milena, es socióloga, vive en Chile. Dawin Gabriel, el séptimo, vive en Montería, se lo llevó mi mamá para Montería, venía e iba. Ahora mismo está estudiando Derecho.

Se le nota el orgullo cuando habla de cada uno de sus hijos. Mucho. “El pase mío se venció en el 2010 y hasta ese año 66 años trabajé yo. Ellos mismos me dijeron que no trabajara más. Voy a cumplir 77 años en octubre, me siento tranquilo. El consejo que puedo dar es que es lo mejor para salir adelante es ponerle alma a la cuestión, no arrugarse a nada”, precisa. (También le puede interesar: Estos son los artistas que han sido papás durante este 2020)

“A veces hubo hambre, ningún lujo, ni juguetes, nosotros mismos éramos los juguetes de los otros. Lo que me alegra es que todos los hermanos estamos bien, y él está contento. Haciendo ejercicios, dietas, se cuida de una manera que conmueve. Un papá grande es el que se sacrifica por sus hijos, pero también es aquel que no se descuida a sí mismo, por eso mi papá es admirable. Cada logro lo compartimos con él porque sabemos que se pone contento”, añade Wilmer. Quizá no exista una definición universal de lo que es ser un buen papá, cada quien puede tener una propia, según su experiencia, cada hombre lo será a su manera, pero el de Elaín es el vivo ejemplo de cuando un papá ha triunfado.

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Facetas

DE INTERÉS