La otra cuarentena tras las rejas

07 de junio de 2020 12:00 AM

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Los internos de Ternera están más presos que nunca. Los esfuerzos ahora mismo se centran en proteger al patio 7. Si llegase a pasar hasta ahí -podría suceder pronto- el coronavirus tendría a su merced a toda la población más longeva y, por tanto, la de mayor riesgo de toda la cárcel. Presidiarios de más de 60 años, enfermos o que, por cualquier motivo, fueron rezagados allí, en el patio 7. La penitenciaría está guardada en sus celdas. Y ni detrás de barrotes y muros se han salvado de los contagios. El día que el COVID-19 llegó, ‘derribó’ todos esos muros, todos esos barrotes, todas las rejas de castigo con las que se sentían ‘protegidos’. Tan solo fue el 14 de mayo, cuando uno de los reclusos dio positivo para coronavirus. La cifra ha crecido vertiginosamente en el patio 1. “Tenemos 238 casos de COVID en el patio 1 (cifra hasta el 3 de junio), de los cuales la mayoría son asintomáticos y hay otros que tienen síntomas leves: dolor de cabeza y fiebre esporádica, que hemos controlado con aspirina. Hay 50 que salieron negativos y se aislaron dentro del mismo patio. Están juntos pero no hemos tenido problemas con ellos, afortunadamente”, explica al otro lado del teléfono el capitán del Inpec Fernando Ramírez González, comandante de vigilancia de la cárcel de Ternera. Él se ha mostrado como uno de los flancos fuertes en esta lucha contra el COVID-19 dentro de la penitenciaría. Hasta la fecha (3 de junio) en la cárcel se habían tomado al menos 798 muestras, de las cuales 211 habían salido negativas, 241 positivas y 346 estaban por llegar, informó la directora (e) del Dadis, Johana Bueno. Los contagios podrían crecer mucho más, solo en días. “En otro patio tenemos 600 internos. Estamos esperando que lleguen los resultados pero muchos tienen los síntomas. Presumimos que con esos 600 va a pasar lo mismo que con el otro patio, porque cuando nos lleguen los resultados será muy tarde para separar a los contagiados de los sanos y tenemos que dejarlos a todos juntos”, específica el capitán Ramírez.

¿Y cómo es estar en cuarentena si ya de por sí se está en aislamiento, si ya se está preso? La de Ternera ahora es una cárcel ‘solitaria’. Por lo menos así lo describe el capitán. “La vida de un preso es su visita cada ocho días y la perdieron. Sin embargo, todo el mundo estaba contento porque, como no había llegado el virus, ellos siguieron en sus actividades de puertas para adentro, pero cuando llegó el primer contagiado, llegó el miedo a todo el mundo, a los funcionarios y a los mismos internos”, responde. Entonces, las medidas de afuera hacen eco dentro del penal.

“¿Cuál es la política que manejamos?, que como en la calle la consigna es quédate en casa, la consigna aquí era quédate en tu celda. Los internos se asustaron, usted ahorita entra en un patio y no parece que hubieran internos, todo el mundo guardado en su celda. Cada quien se está cuidando como puede, es algo difícil, así como están los internos igual está la guardia, ¿por qué?, porque hay gente que le da miedo contagiarse, estamos pasando una situación bastante tensa y complicada pero hay que sacar esto adelante”, añade.

En la cárcel de Ternera, con once patios, 2.393 internos y un hacinamiento del 63%, hay dos médicos y enviaron un tercero para atender los casos de coronavirus. Desde que la pandemia tocó al centro penitenciario han recibido un traje de protección hospitalario, insumos para desinfección y geles antibacteriales.

“¿Qué estamos tratando?, que el virus no se nos vaya para otros patios, pero eso es muy complicado. Estamos es tratando de cuidar a la población vulnerable, a la gente de la tercera edad, que hemos tratado por todos los medios de que no les vaya a llegar- impidiendo el paso hacia el patio 7-, porque la mayoría son mayores de 60 años y presentan patologías de diferentes tipos. Entonces, la gran lucha que estamos haciendo en este momento es esa, a raíz de esta situación”.

Guardias en riesgo

En la cárcel esperan adecuaciones prometidas por el Ministerio de Salud para intervenir espacios vacíos para atender a los pacientes COVID-19. Hay ocho custodios cuidando a dos reclusos recluidos en centros asistenciales con complicaciones respiratorias. Hay otros cinco guardias del Inpec contagiados y otros nueve en aislamiento preventivo. La situación puede empeorar si se siguen enfermando más guardias y presos, en la que se ha convertido en la segunda cárcel con más contagios del país, después de la de Villavicencio. Y así como ha existido cooperación entre ciudad y ciudad y entre hospital y hospital, también la hay entre cárcel y cárcel.

“Nosotros, para mitigar un poco la situación, nos comunicamos con la gente de la cárcel de Villavicencio, ellos nos dijeron que estaban dando agua de panela con jengibre, limón, canela y fuera de eso se hacían tomas por tres días con Mejoral con agua de panela caliente para quienes tuvieran síntomas. Son remedios caseros pero, afortunadamente, allá esta es la hora y así están pasándola. Optamos por hacer lo mismo, por eso se hizo el video para que la gente nos colabore”.

El video es una publicación en Facebook donde el capitán toma la vocería para pedir ayudas. Y ha tenido respuestas. “Ya conseguimos las ollas y las estufas para todos los patios que necesitamos. Por ejemplo, la Rama Judicial nos regaló estufas. La Alcaldía regaló otras ollas y estufas. Ahora necesitamos que nos regalen panela, limón y jengibre. Los limones que nos traen los estamos dividiendo para que los internos tomen una toma en la mañana, otra en la tarde y otra en la noche. En Villavicencio les ha resultado. En el patio 1 ellos comenzaron y eso se ha sostenido así, gracias a Dios. Estamos haciendo lo mismo con toda la cárcel. Han estado tomando eso y me imagino que de algo les habrá servido, en el patio 3 hay unos que tuvieron mucha fiebre pero se han sostenido”, precisa el capitán.

“De un tiempo para acá la cárcel ha cambiado, hemos tratado de darle un manejo diferente: el índice de muchas cosas que pasaban por acá bajaron (...) Hay muchas falencias, por eso tocó hacer el llamado, prácticamente pedir limosnas, nos tienen que dar trajes de bioseguridad (...) La mayor preocupación es que se siga propagando el virus, hasta el momento hemos sido, digo yo, privilegiados... no han tenido síntomas tan fuertes. Estamos preocupados porque si nos salen más internos se nos complica la situación”, señala.

El llamado ahora -añade- es para que, quienes así lo deseen, les colaboren donando más limones, más jengibre, Aspirinetas de 100 miligramos, tapabocas, trajes de bioseguridad, “porque es que hasta el mismo personal médico aquí se le dificulta atender”.

Así, aun cuando la Organización Mundial de la Salud ha advertido que de momento no hay pruebas científicas que avalen el hecho de que la altas temperaturas acaben con el nuevo virus, y que tomar bebidas calientes para combatirlo es considerado por muchos como uno de los tantos mitos alrededor del coronavirus, la panela, el jengibre y el limón son una realidad ineludible dentro de la cárcel de Ternera.

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