El adiós a mi padre, que al final no murió por Covid- 19

26 de abril de 2020 12:00 AM

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El profesor Heriberto Rico era bien conocido en San Jacinto, Bolívar, por una personalidad extrovertida que no opacaba la rectitud con la que por años educó a sus estudiantes.

El profe Rico padecía desde hace años Enfermedad Renal Crónica, una condición que lo obligaba al menos tres veces a la semana, a viajar hacia Cartagena para que le practicaran las diálisis que hacían que sus riñones siguieran funcionando. Él siempre estaba sonriente, al menos así lo recuerdan sus familiares, amigos y vecinos.

Juanchi, su hijo mayor, tendrá en su mente tres fechas: el 23 de marzo, cuando se conoció el paciente 0 en Cartagena, el primer caso de coronavirus de la ciudad (ese día tuvo miedo, miedo de que su padre fuera una víctima más); el 1 de abril, cuando escuchó por última vez la voz del profe, y el sábado 4 de abril, día del desenlace.

Con la voz entrecortada, Juanchi solo puede hacerle este homenaje a su padre recordándolo y narrando todo lo que hay en su corazón, con la convicción de que las palabras llegarán al cielo, donde el profe Rico seguramente estará en paz, sin dolor y acompañando eternamente en su familia.

A mi padre, mi amigo

“Le estoy cumpliendo a mi papá.

“Aunque su final no sería por esta enfermedad que estamos enfrentando, sí tuvo que ver en cómo pasaron las cosas. Mi padre murió por negligencia médica, porque pensaron que tenía el COVID -19. Se empeoró su condición estando en Cartagena y en el hospital lo sacaron de UCI, sin oxígeno y aislado. Murió, días después la prueba dio negativo.

“Fue un gran padre, vecino y buen amigo. Una persona muy correcta que se entregó a la educación del pueblo. Un ejemplo para toda una generación.

“¿Sabes?, en la familia siempre supimos que su crisis fue por su problema renal. Nadie, ni mis hermanos, ni mi mamá, esperaba que muriera tan pronto. Uno sabe que sus padres morirán, pero uno no espera que sea tan pronto.

“Como me dijeron: el pecado de mi papá fue haberse complicado en época de pandemia, porque ya él había librado batallas, había salido victorioso.

“Una vez que se lo llevaron para hospitalizarlo, salió de casa y me calmé, porque supe que no se iba a ir. Pero esta vez fue diferente.

“La última vez que hablé con mi padre fue el 1 de abril. Yo estaba de cumpleaños y, cuando se lo llevaron enfermo desde San Jacinto, no me pude despedir. Ese día se sentía mal, le dolía el estómago y tenía la barriga hinchada. Ese día, a las 2 de la tarde, me dijo unas últimas palabras desde el hospital.

“Mi mamá me llamó y dijo que mi papá quería hablar conmigo. Tenía la voz entrecortada y quebrada, se notaba que no estaba bien. Me dijo: ‘Juanchi, hijo, feliz cumpleaños, te amo mucho, cuídate mucho’. Le dio el celular a mi mamá después de eso, sé que sacó fuerzas de donde no tenía para hablar conmigo.

“A diario recibíamos las noticias de su estado de salud y el sábado 4 de abril nos enteramos de su muerte. Allí se me partió el alma, es un sentimiento sin comparación.

“Desde que mi padre murió estamos más unidos, pidiendo fortaleza y entendimiento a Dios. Esto no se supera de un día para otro, pero el recuerdo del gran ser humano que fue es una de las cosas que nos hace tener fuerza.

“Aunque no pude despedirme de él, si hubiera podido tenerlo cerca, le hubiera dicho que me siento orgulloso de haber tenido un padre como él, porque fue excepcional, un papá que muchos hubieran querido tener. No solo educó a sus hijos, sino a sus estudiantes y hasta a sus amigos.

“Los vendedores llegaban a la casa y le dejaban que la yuca, que el ñame, que las dos gallinas y le decían que les pagara cuando él pudiera. “Él siempre fue una persona correcta y puntual en ese aspecto. Siempre fue colaborador, dispuesto a brindar una mano a quien más lo necesitara. Tenía un gran carisma, era alegre y siempre te sacaba una sonrisa.

“Si tuviera la oportunidad de decirle algo, le diría que estoy feliz porque si algo me llevo de él es el legado del gran ser humano que será siempre. Le diría que lo que más me hace feliz es verme reflejado en él, gracias a Dios saqué sus cualidades. ‘Ahí está Juanchi, igualito al profesor Rico’.

“Quiero decirle que no se preocupe porque estoy dispuesto a sacar a mi familia adelante, a mis hermanos, a mi mamá. La responsabilidad es de nosotros pero la asumo como mía. Quiero ser una persona correcta, gran amigo, que en algún momento me recuerden como lo recuerdan a él.

“Quiero decirle que merece todos los homenajes del mundo”.

Juan Rico Arrieta.

***

Mucho se ha escrito sobre la muerte, esa visitante de tentáculos dolorosos que quisiéramos alejar de nuestros seres queridos, y de nosotros... La muerte, un designio divino que nos envuelve en la premisa de que todo pasa por una razón.

- Dios nos envía luchas porque sabe que podremos con ellas –pensamos. Y ese es el mayor regocijo.

La pandemia del coronavirus, causante de la COVID- 19, una enfermedad sin cura conocida que tiene en jaque a los gobiernos de todo el mundo, ha puesto a prueba no solo a la economía, o a los sistemas de salud, sino a nuestra humanidad, nuestra fe.

¿A qué precio amarías a tu prójimo? ¿Podrías brindarle ayuda o más bien, dignidad, a una persona que se despide del mundo?

Los problemas con los recursos e insumos médicos para evitar contagiarse del nuevo coronavirus que tenemos en países subdesarrollados como Colombia (pero también en algunos del primer mundo) son sin duda una de las causas principales de esta aversión hacia quienes hoy manifiestan afecciones respiratorias. Pero, ¿estamos normalizando nuestra indiferencia?

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