El adiós a un ser querido en medio de la pandemia

24 de mayo de 2020 12:00 AM
El adiós a un ser querido en medio de la pandemia
La pandemia ha cambiado los rituales que rodean la muerte no solo en Colombia, sino en el mundo. Las dos fotos fueron en Brasil.

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- Tu abuela falleció -escuché decir al otro lado del teléfono.

Esas tres palabras bastaron para paralizarme. No podía creer lo que ocurría, pero tampoco podía dejar de pensar cómo íbamos a hacer para poder verla por última vez en aquella carroza café, pues hacía ocho días la habíamos llevado de urgencias: sus males se habían intensificado y habían conseguido que poco a poco fuera perdiendo las fuerzas para seguir a nuestro lado. Ella tenía 92 años y se llamaba Julia, pero siempre nos gustó decirle la Matrona.

En los días que estuvo en el hospital, una mezcla de la incertidumbre y la esperanza habitaba en cada uno de nosotros, anhelábamos que ella regresara a nuestro lado y ninguno podía imaginar que se nos fuera y menos en esta época de pandemia, en la que por culpa del virus y de la distancia que debemos conservar para evitar contagiarnos, la soledad se refugia en todos los rincones del mundo. Pero se fue y despedirla no ha sido fácil.

Imagen cementerio

Perder a un familiar en medio de esta pandemia, y no precisamente por el nuevo coronavirus, deja un gran sinsabor en nuestros corazones, más cuando por directriz del Gobierno no podemos reunirnos para despedir a esa persona como tanto esperamos o, más bien, como esa persona lo hubiera deseado.

Atrás quedaron esos entierros multitudinarios, llenos de abrazos, palabras cálidas y reconfortantes, y no pensé que tuviera que ser mi familia y yo misma llegar a ser testigos de ello. Al sepelio de la Matrona asistimos estrictamente las ocho personas que el Gobierno permite en tiempos de pandemia. El cementerio Jardines de Paz, en la subida a Turbaco, lucía más solo que siempre aquella mañana y todos usábamos tapabocas, ya saben las medidas de bioseguridad para espantar al virus, que ya ha entrado a más de cien barrios de Cartagena de Indias. La despedimos a las nueve de la mañana del 12 de mayo. Atrás también quedaron esos días de velación, donde en una sala nos reuníamos más de treinta personas y entre lágrimas y gritos de dolor, no solo despedíamos a ese ser humano que partió de este mundo por diferentes circunstancias, sino que también recordábamos todos esos momentos vividos junto a él o ella. Las largas caminatas bajo el inclemente sol en el cementerio también hacen parte del pasado. Las palabras o sermones que sacerdotes y pastores relataban en este último adiós se han cambiado por una bendición corta a ese alma, para que el Señor le dé el descanso eterno. (Le puede interesar: El coronavirus ha transformado hasta los sepelios)

Ahora, por obra y gracia de la pandemia del COVID-19, solo se permite que ocho familiares participen en las honras fúnebres -como mencioné arriba-, se ofrece una corta misa, si la persona que falleció no es sospechosa de coronavirus, puede ser en la capilla, de lo contrario será frente al crematorio. Los asistentes, además del tapabocas, deben usar zapatos cerrados y mantener una distancia mínima de dos metros entre sí.

La cremación, según indicaron las funerarias, ha aumentado en Cartagena por la cantidad de personas positivas o sospechosas de COVID-19 que mueren.

Nada de abrazos, nada de consuelo físico, ese es el protocolo que se debe cumplir en las funerarias y los cementerios por orden del mismo presidente de la República, aunque nos pesara en lo más profundo de nuestro amor hacia la Matrona. Nos dolía tanto su adiós, que obviamente todos queríamos estar ahí, cerca de ella en esos, sus últimos momentos. Queríamos abrazarnos, queríamos y necesitábamos llorar juntos, queríamos ser partícipes de ese adiós, pero al final descubrimos y aprendimos algo: en medio de esta distancia en la que nos encontramos, podemos seguir estando unidos, podíamos participar de este triste adiós a través de videollamadas, sí, puede sonar un poco loco e incluso desagradable para algunos, pero esto es lo que nuestra familia hizo. “Eso es lo que han hecho muchos familiares últimamente, los que vienen hacen videos y se los mandan a los demás, para que todos se sientan partícipes”, me dijo uno de los sepultureros. Sí, es lo que muchas familias han estado haciendo desde que el coronavirus vino a revolvernos la vida y la muerte.

Los sepelios son programados en horarios contrarios con el fin de evitar aglomeraciones de personas.

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