Triana y Pablo: el amor, más allá del fuego

Triana y Pablo: el amor, más allá del fuego
Triana Mercado tiene 26 años y su esposo 28. //Foto: Cortesía.

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“Cuando era más joven, sabía que mi vida daría muchos giros pero de ninguna forma imaginé que uno de ellos me llevaría a una situación como esta. Un día, sin más ni menos, hubo una explosión en mi hogar, el fuego se expandió rápido y aunque alcanzamos a salir lo más rápido posible (mi esposo, un amigo de él y yo), estuvimos a punto de morir y sufrimos heridas graves. Los doctores nos hablaron de una recuperación de mínimo dos años, lo cual para mí fue algo impactante. Ser una persona quemada no es nada fácil, por más que lo intento, no logro imaginar cómo será el futuro. Definitivamente esto dividió mi vida en dos, igual que la de mi amado esposo y, bueno, ya que estamos pasando por esto juntos, cada vez que uno de los dos está bajo de ánimo el otro lo motiva a seguir adelante, pero no es tan sencillo estar en una cama de hospital pensando en cuándo acabará todo esto, o al menos cuándo parará el dolor. Siempre he dicho que todo sucede por una divina razón, que Dios es quien dirige, pero en una situación como esta es fácil perder la fe o cuestionar su voluntad, preguntarse ¿por qué a mí? ¿qué es lo que estoy pagando? Sin embargo, es importante aferrarse a Él, y cuando estas dudas aparezcan dirigirse en una oración y hablar tranquilamente con nuestro Padre, recordar que Él nos ama y que Él estará siempre ahí para nosotros, sin importar lo que pase. La vida no es fácil, siempre habrán obstáculos y situaciones difíciles que vencer, lo importante es ser fuertes y valientes para enfrentarse a cada problema que venga, apoyarse en nuestros seres queridos y sobre todo confiar en Dios”.

Una explosión

Triana Mercado Gutiérrez, esa que escribe las primeras líneas de este texto, es comunicadora social de la Universidad de Cartagena. Es extrovertida, de mil amigos, nunca perdió una materia en su carrera, se destaca siempre por su carisma, por su inteligencia, por su simpatía, participó en concursos de belleza como Chica Bonita.

“Desde pequeña yo le decía: tú no eres normal, tú eres como de otro mundo, fuera de serie”, me comenta su querida tía, Orly Mercado.

Triana participaba en coros y en actividades religiosas de la parroquia Santa María Goretti, del barrio Las Delicias, donde “la quieren muchísimo”. No ha pasado un día en que su familia y sus amigos dejen de pedirle a Dios fuerzas para ella y para su esposo Pablo Calame-Rosset, un comerciante suizo de quien se enamoró.

La vida, como dice, se les dividió en dos ese día, cuando sucedió uno de esos giros inesperados: su casa en Laconnex, una comuna suiza de la ciudad de Ginebra, voló en pedazos.

“La explosión fue el miércoles 13 de junio (de 2018) a las 6:10 de la tarde y fue necesaria la presencia de dos helicópteros, cuatro ambulancias y 11 vehículos del sistema de información de Schengen (SIS) para rescatar a Triana, a su esposo y a un amigo que se encontraba en la casa”, se lee en una nota de prensa.

“A nosotros nos dicen que prácticamente la casa desapareció (...), cuando nos llamaron nos dijeron que debíamos viajar de inmediato a Suiza”, recuerda hoy don Manuel Mercado, papá de Triana.

Un año después...

Las noticias eran poco alentadoras. Antes de que Triana saliera de un coma inducido pasaron al menos veinte días. En principio hubo mucha incertidumbre, demasiada. No sabían si cuando despertara del estado al que la indujeron los médicos para que no sintiera dolor por las quemaduras de segundo y tercer grado, iba a reconocer a su familia. Pero sucedió. Despertó poco a poco y “nos recordó”, me explica don Manuel. Era posible que hubiera sufrido un shock cerebral pero eso lo descartaron cuando la vieron consciente y que, incluso, era capaz de hablar en francés e inglés, además de su lengua materna.

“Una de las primeras cosas que pidió cuando despertó fue una Pony Malta”, añade su papá. Su tía Orly agrega: “Acabando de pasar su accidente nos mandó a pedir todos sus certificados de estudios, dijo: ‘Mándame todos los certificados, porque ahora que salga de esto tengo que trabajar’. Eso es admirable, fue motivo de mucha esperanza para nosotros, porque la verdad es que fue un accidente muy fuerte”.

Antes de que Triana volviera a ver a su amado Pablo, después del accidente, pasaron al menos cuatro meses. “Estaban pegadas las habitaciones de ellos dos pero no se podían ver, tampoco ninguno de los dos podía hablar”, dicen. El día que por fin se pudieron ver fue todo un acontecimiento que paralizó al Centro Hospitalario Universitario de Vaud, en Suiza. Y es todo un acontecimiento ahora, cuando él está en piso 14 y ella en uno de los primeros niveles de la clínica.

“El día que se encontraron por primera vez fue muy bonito, fue en octubre. Luego, para su aniversario y para el cumpleaños de ella. Pablo está en el piso 14 y ellos se van a visitar, pero es todo un proceso, no es fácil, se necesita un séquito de varias enfermeras para moverlos. Sin embargo, el hospital ha sido maravilloso, todos se han portado muy bien. Todo el mundo pendiente, corren por todas partes para esos encuentros (...) Ella dice que ama a su esposo, que está muy enamorada y no se arrepiente de haberse ido para allá. Están haciendo planes para cuando salgan de la clínica”, afirman Orly y Manuel.

“A Triana la va visitar incluso gente que no conoce; le llevan regalos, los suizos son bastante parcos pero con ella han sido diferentes, varias enfermeras la van a visitar en sus días libres con sus familias, le llevan regalos”, sostienen.

El proceso para recuperarse es lento, de paciencia y tiempo para sanar las lesiones y de muchos procedimientos médicos. Para Pablo ha sido un poco más complejo. “Debían trasladarlo a otro Centro Médico, pero dijo que no, hasta que no trasladen también a Triana. Ella le da muchas fuerzas. Ellos se dan ánimo mutuamente”.

“Lo maravillo es que Triana conserva la esperanza, la alegría, la ternura, su esencia. Nunca ha renegado de Dios, siempre ha tenido la paciencia para salir adelante, ella nos ha dado una lección de berraquera. Ha tenido recaídas, esto es como una montaña rusa, pero lo que nos impresiona es la fuerza y las ganas que ella tiene de salir adelante”.

¡Amor y mucha fuerza!

El amor florece en el momento menos esperado. Él estudiaba español en Colombia, en una academia del barrio Manga de Cartagena, a 9 mil kilómetros de su natal Suiza (Europa). Casualmente, una de las mejores amigas de ella vive cerca de esa academia. Él es Pablo y ella Triana, un día sus miradas se cruzaron, se hallaron el uno al otro, nació un sentimiento bonito, sincero, fuerte. ¡Sí que es fuerte!

“Fueron tres intentos”, me cuenta Manuel sobre el número de veces que su hija Triana, nerviosa, quiso confesarle que estaba enamorada, que su amor era un extranjero (Pablo) y que planeaban casarse. “Ella me lo dijo llorando, pensaba que yo me iba a molestar, le dije que se tranquilizara, que ella ya se había graduado de la universidad, era profesional y me había cumplido como hija, que eso era normal, iba a pasar algún día. A ella nunca le habíamos conocido un novio”, recuerda Manuel.

Tiempo después Triana y Pablo se casaron. Luego sucedió aquel lamentable accidente. Hoy su amor sigue floreciendo, los mantiene en medio de la adversidad, les da el ánimo que les ayuda a menguar el dolor, no saben cuándo saldrán de esto, pero para ellos “lo importante es ser fuertes y valientes”.

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