Luis Villanueva, el artista de Mompox que se reinventa en cuarentena

05 de julio de 2020 12:00 AM

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El arte vuelve. Nunca se va del todo. A veces se duerme en las venas y, de repente, así como arrecia una fuerte tormenta en el cielo, un torrente de inspiración pone al artista a merced de una voz interior, aquella que susurra trazos, colores, formas, luces y sombras. Puede surgir en cualquier momento. Luis Carlos Villanueva lleva el arte heredado de su padre, de sus tíos y abuelos. En Santa Cruz de Mompox, la familia Villanueva tiene estirpe musical, “las marchas de las procesiones de Semana Santa, algunas de esas canciones son composiciones de los hermanos de mi abuelo, que también era músico. En la casa siempre tuvimos este amor por las artes plásticas. Tengo un tío que pintaba pero dejó de hacerlo. Yo crecí viendo eso”, comenta Luis Carlos a través del celular. Una estirpe musical y también pictórica. “Tengo un hermano gemelo, se llama Eduardo. Desde los seis años tuvimos esa competencia entre él y yo. Mi hermano desarrolló el tema de la escultura, yo, que al principio no encontraba qué hacer, me interesé por el dibujo y la pintura, éramos la nueva generación de artistas de la casa”.

“Uno de mis tíos me llevaba a ver las alfombras en aserrín, que se hacen en Semana Santa aquí, en Mompox, es una tradición que viene de hace mucho tiempo. Antes eran de una manera muy sencilla, los dibujos como tal, yo siempre pensé que eso se podía mejorar, trabajar de otra forma, siempre mantuve esa inquietud”, narra. Las alfombras de aserrín, figuras artísticas que se dibujan en el suelo, son una tradición cada Semana Santa en Mompox, aquel pueblo caribeño colombiano famoso por sus casas coloniales, por su Semana Santa y por el calor que lo abraza siempre. “A medida que fue pasando el tiempo, fui conociendo sobre materiales y mezclas, de pinturas, hasta que hicieron en 2005 el primer concurso. En ese año enseguida se me prendió la chispa. Antes, las figuras que se hacían era muy sencillas, de corazones, todo sencillo”, recuerda. Pero ese año ocurriría algo diferente. “Mi alfombra fue un impacto completamente, dibujé a la Sagrada Familia, le metí sombras y colores, innové y se le dio otra perspectiva a las alfombras de Mompox. De ahí en adelante, durante diez años consecutivos, he ganado el concurso”, añade. No ha de ser sencillo dibujar con aserrín en el suelo. Mucho menos con la impresión realista que imprime a sus figuras y que generó toda una tendencia que crece, pero él aprendió empíricamente guiado por la curiosidad que solo tienen los artistas. “Una vez fui a una carpintería a buscar un saco de aserrín y el saco cayó en mi pie, el piso era rojo, cuando quito el pie, lógico quedó la figura de mi pie como degradada, ahí tuve alguna idea de cómo hacerlo diferente y comencé a investigar y a trabajar otros materiales diferentes a los usuales. A partir de ahí se rompió el telón de esas alfombras viejas y surgió un nueva generación de alfombras”.

Las alfombras son muy elaboradas pero efímeras en cierto modo, porque solo duran unas horas, tienen que desarmarse. ¿No te da dolor eso?

-Al comienzo me dolía mucho, pero después fui como que encontrando el verdadero sentido del arte efímero, el verdadero sentido de las alfombras es eso. Yo asocio eso con la vida, a veces tenemos toda una vida intentando construir cualquier cosa, cualquier proyecto, y en el cualquier momento se te va, si las alfombras se pudiera plasmar, poner como un cuadro, ya no sería efímero y yo creo que el verdadero valor que tienen es ese, lo efímero.

En Mompox, Luis Carlos, siguiendo el legado de los Villanueva, se ha convertido en una autoridad artística, aunque el arte no sea tan bien recompensado y aún no gane mucho dinero por ello. “Lo importantes es el reconocimiento, el legado que uno le deja a las nuevas generaciones, que la gente diga ‘este es el mejor, nadie lo quita de ahí’, eso lo llena a uno de mucha satisfacción, definitivamente”, dice. El público siempre rodea su trabajo, incluso el año pasado el stand de Bolívar, en la Feria de Anato, en Bogotá, “tuvo un acogimiento muy bacano, con las alfombras momposinas, fue uno de los puntos más llamativos de la exposición”, narra Luis Carlos. Este año tenía varias ideas para esta Semana Santa, ideas suspendidas por la pandemia que también suspendió esa celebración en Mompox, pero no mermó sus ganas de hacer arte, al contrario: ha encontrado en medio de todo este aislamiento una certera y necesaria oportunidad para reencontrarse con aquella voz creadora que estaba en pausa. Para volver mucho más a su arte. Usualmente, Luis Carlos se gana la vida como pintor de motocicletas, trabaja metalmecánica y aerografía. “Esta cuarentena me ha servido porque a uno, como artista, le cuesta vivir de esto y a uno le toca dedicarse a otras cosas, me ha hecho volver a retomar ese amor por la pintura, a recordar que a veces las cosas no te dan para vivir pero sí te ayudan a vivir mejor, definitivamente es la felicidad mía, poder mostrar mi trabajo”, precisa. La cuarentena ha servido para perfeccionar mucho más su técnica, sin importar que no sea época de Semana Santa, en la intimidad de su casa. “Sigo con el tema de no quedarme quieto, de siempre darme a conocer, porque después de la feria de Anato, se me metió la idea de sacar esto de Mompox, que se le dé más reconocimiento cultural. Decidí hacer retratos de personajes y de artistas, hice uno de Iván Sanes, director de Icultur, que siempre ha estado pendiente de mí y le agradezco mucho por eso, y él lo recibió con mucho agrado. También hice otro de Shirley Reales, youtuber, y ahorita, en la noche, estaba haciendo a la esposa de Mr Black, Yuranis. Tengo pensado también dibujar a Shakira y a Carlos Vives, como para que esto se dé a conocer mucho más. Yo no tenía Instragram, hasta hace muy poco creé uno para mostrar mi trabajo y ya voy para los dos mil seguidores”, explica. (También le puede interesar: Mompox: una Semana Santa truncada por los ‘pasos’ de un virus)

Son días distintos estos que vivimos bajo la incertidumbre de la muerte rondando a sus anchas y las certidumbres son más bien esquivas. Días en los que hasta el arte ha migrado a ser virtual, a través de una pantalla pero ni así deja de impresionar lo fantástico, genuino y detallado de sus creaciones. “He desarrollado más la técnica en detalle, estuve haciendo un curso de hiper detalle, de realismo en el dibujo, eso me ayudó a enriquecer el tema de las alfombras. Este año teníamos programado hacer un semillero de niños en Mompox para agrandar el tema de las alfombras, pero eso ya se estaba perdiendo, pero no se pudo por las circunstancias”, sostiene.

Recuerdo haber visto el trabajo de Luis Carlos en la pasada Semana Santa (2019) en Mompox y, en aquel momento, cuando estuve cerca, no alcancé a charlar con él. Ahora he reencontrado su arte en el mundo virtual, en un video compartido por Iván Sanes y curiosamente la lejanía del aislamiento nos ha acercado para que el momposino le cuente al mundo un poco de su historia. Él sigue pensado aquello sobre el arte que me repite bajo un marcado tono de satisfacción y orgullo: “Definitivamente, hay cosas que no te dan para vivir en el momento, pero te ayudan a vivir mejor”.

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