El canto de la Chamaría de los Manglares

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Es como la chamaría de los manglares que canta al amanecer. Y ella amanece cantando. Todo lo hace cantando. Ahora señala en el blancor del cielo, frente al mar, el punto recóndito donde el viento se llevó su casa en Villa Gloria, más allá de los Morros, en La Boquilla. Y me lo cuenta cantando, como todo lo que hace en la vida. Yadira Gómez de Simancas, a la que todos conocen como Chamaría de los Manglares, nació en el corregimiento de Pontezuela, en una finca que se llamaba Mozambique, pero creció al pie del mar, entre La Boquilla y Villa Gloria.

Nació el 19 de septiembre de 1959. Es la hija de Sael Gómez Barbosa, campesino, y Ana Elena Franco, ama de casa.

“En Villa Gloria, cuidaba a unos chivos, gallinas y corderos. Me iba a pescar con Juan Hernández Gómez, y cogíamos macabíes, róbalos, lisas, mojarritas plateadas y blancas, arrobaletes, lebranches, y changuitas que ya no se ven en el mar. Viví poco tiempo en Pontezuela. En mi casa, oí cantar a una prima de mi papá, que llamaban la Negra Gómez. También a una cantadora de La Boquilla, Zoila Berrío, que murió hace como cinco años. Fueron el periodista Juan Romero y Misael Díaz, quienes al oírme cantar dijeron: ‘Es que canta como las chamarías de los manglares’. Y así empezaron a llamarme”.

Pero Tayron Molina, King Black, que la acompaña en los coros, dice que, más que chamaría, ella es una guacharaca, un pájaro de la región. Pero la chamaría también canta entre los manglares. La voz de Yadira retumba entre las aguas. Y se sienta con su tambor a inventar canciones, mientras compone el mundo desde la casa caída. Si está lavando, canta. Si está cocinado, canta. Si está pescando, canta. Si está sembrando, canta.

***

Todo ocurrió al atardecer, cuando ella estaba en el puesto de salud, y al regresar, en medio de un ventarrón que sacudía los techos, desplomó su casa de bahareque y derribó todo lo que encontró a su paso. Destrozó el televisor y los enseres de la casa. Desde entonces, vive en la casa de su hija. Viendo aquella desolación de la casa en el suelo, empezó a componerle una canción a su desamparo. Dice que está a punto de terminarla y se llama ‘La titulación’, que se convirtió en himno de Villa Gloria y La Boquilla:

Esta tierra es mía

Aquí me quedo

Yo no me voy

Aquí me quedo

a criar gallinas, marranos y carneros

Esta tierra es mía

Aquí me quedo.

Los boquilleros y los habitantes de Villa Gloria comparten ese mismo himno, salido del corazón de la Chamaría de los Manglares.Tiene cuatro hijos: Yasira, Marilvelis, Mileivis y Alfonso Simancas. La única de sus hijas que canta en el coro es Mileivis.

¿Cómo nacen sus canciones? -le pregunto frente al espejo cegador del mar de las once de la mañana, en La Boquilla.

Ella no duda en responder con una sola frase:

“Yo nací con mis canciones”.

Y al respirar profundo encuentra una segunda respuesta: “No sé cómo nacen mis canciones, porque yo vivo cantando. Si estoy cocinando estoy cantando. Si estoy pescando, estoy cantando. Lo mío es natural. No me copio de nadie. La música me sale de pronto”.

Y encuentra una tercera respuesta a mi pregunta:

“Dios satura los corazones. Es posible que también me sature de canciones”.

El rostro moldeado en madera de Yadira resplandece con una sonrisa.

Cuénteme cómo ocurrió lo de su casa...

Ella señala un punto perdido del paisaje donde pudo estar su casa.

“Fue una brisa muy fuerte. La casa era de bahareque y tablas. Es un terreno grande. De 16 de frente y 50 metros de largo. Estaba en el puesto de salud de La Boquilla, cuando el viento sopló muy fuerte y desbarató la casa. La casa estaba en Villa Gloria, más allá de Marlinda. Cuando yo llegué, encontré el reguero de tablas y bahareque en el suelo. A eso le he compuesto una canción que estoy terminando”.

Hemos venido temprano a conversar con Yadira, cuyas canciones ya suenan entre sus vecinos de La Boquilla, Villa Gloria y Cartagena. Yadira dice que ya no puede comer nada con azúcar. Se toma su café amargo y controla su hipertensión cada día con una pastilla de Losartán. Me cuenta que estudió hasta tercero de primaria.

Tayron Molina, King Black, que la acompaña en los coros, dice que ella es una artista con una gran capacidad de improvisar, porque le salen canciones de sus labios, como si estuviera hablando.

Busca su tambor y sus canciones son chalupas, bullerengues, que hablan de la vida al pie de los manglares. Roan Aguirre y Alejandra Jaramillo creen que ella es la voz representativa de la música ancestral de La Boquilla. Son dos ambientalistas y gestores culturales, que promueven en La Boquilla una tarea de sensibilizar los públicos en la comunidad infantil y juvenil, talleres artísticos, yoga, gastronomía, y protección del medio ambiente. El poeta Martín Salas, quien nos lleva donde Yadira, se ha convertido en un guardián de la cantadora que perdió su casa y desea erigir en un lote que le han donado, un pequeño restaurante para cocinar y cantar. Su plato preferido es su arroz de manteca y ajo, y “mi pescado sudao. No como carne”.

Epílogo

Ahora nos metemos todos en una lancha que está varada en la playa. Yadira se sube a con su tambor y empieza a cantar ‘La titulación’, ‘El nubarrón’, ‘La morrocoya’ y ‘El cangrejo’, cuatro de sus composiciones. Su voz quiebra el viento, como un eco que atraviesa los túneles de manglares, se mete en los patios y zumba como un cascabel, y se eleva, hasta levantar la casa invisible de sus recuerdos.

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