El cartagenero Jeffry Zapateiro Arrieta creció con el arte

24 de marzo de 2019 12:00 AM

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Al final de cada periodo escolar, a Jeffry le tocaba recuperarse en las clases de artística. No porque careciera de habilidad, sino porque era tan bueno en la materia que, a último momento, se le daba por vender los trabajos a sus compañeros de colegio.

Ese es uno de los recuerdos más latentes de su infancia, y también que cuando practicaba béisbol, siempre llevaba en su bolso varias cosas para dibujar. Su vida, desde muy pequeño, ha estado ligada a las artes plásticas. Él dice que pinta desde los 9 años, gracias al impulso de su papá, un ingeniero de sistemas que alguna vez soñó con ser artista, y a la influencia de los dibujos animados que veía por televisión. “Cuando estaba en noveno -de bachillerato-, entré a Bellas Artes a hacer cursos vacacionales, los sábados, de dibujo intensivo y de pintura y, ya en once, estaba bien decido por la profesión que quería para mí”.

Jeffry Zapateiro Arrieta tiene 24 años, es artista plástico y está próximo a graduarse en la Institución Universitaria Bellas Artes y Ciencias de Bolívar. “Me especializo en el grafiti, muralismo y muestras individuales pictóricas”, aclara. Gracias a eso ha retratado a personajes como el desaparecido músico Joe Arroyo y a la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, una de las invitadas especiales del Hay Festival 2019 y a quien el artista cartagenero pintó en un mural en el barrio Nelson Mandela.

La última hazaña de Zapateiro es haber participado en la recuperación del mural más grande del país (de más de 450 metros cuadrados), en el edificio del Hotel Stil, en el Centro Histórico. Él era el único cartagenero al lado de los artistas nacionales Santiago Castro, Ricardo Vásquez y Sebastián García, del reconocido colectivo Vértigo Graffiti, que hace siete años plasmó por primera vez su obra en ese lugar y que debido al deterioro tuvo que ser intervenido, esta vez con un homenaje a las vendedoras de pescado de Cartagena. El mural es llamado ‘El Mercado de Pescados de Oro’ y alude a la novela ‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez.

“Antes me preguntaba cómo sería pintar un edificio. Era una de mis metas y sin querer queriendo lo hice, aunque insisto en que será mejor el día que lo haga solo”, dice.

Fueron alrededor de 17 tardes sobre un andamio. La altura era lo menos complejo para Jeffry, tampoco la fuerza del viento, que más allá de golpear la estructura que lo sostenía le daba firmeza y contundencia a cada uno de sus trazos. “Lo más complicado de asumir ese reto fue pasar de formatos que no eran tan grandes a uno extremadamente grande. Era complicado hacer una oreja más grande que tú, porque uno no sabía qué estaba haciendo y había que alejarse para saber si algo estaba bien o mal”, relata.

Fue todo un desafío y allí estuvo gracias a su talento. Jeffry piensa que lo que define a un buen artista es “la manera cómo trasmite su mensaje y esa eficacia que tiene para hacerse entender ante el público”, y tal parece que él ha cumplido con eso.

¿En algún momento pensaste en dedicarte a otra cosa?, le pregunto.

“En un tiempo pensé un poco en estudiar música, pero incluso tenía más compromiso con el deporte, del que después me alejé, pero a mi papá le hubiese gustado que yo fuera arquitecto”. Piensa constantemente en su padre, que murió de cáncer, en su apoyo y lo que quiso hacer de él. “Y de tanto pensarlo, ahora tengo un gusto por el diseño de interiores para relacionarlo con esos murales que ofrezco”, asegura Jeffry, menciona que sobre todo le gusta pintar la figura humana, retratos.

Admira las obras de Banksy, un artista británico, satírico, del que no hay certeza acerca de su identidad. “Él tiene obras muy dicientes. Para mí es el grafiero más importante que existe”, apunta. “A mí siempre me ha gustado el barrio, hacer trabajos con la comunidad. Más que rostros de personajes reconocidos, he trabajado en temas del Caribe, con una inclinación hacia lo afrodescendiente, con un tipo de abstracciones con la pintura”. Eso mostrará en ‘Caribe sin límites’, una exposición de cinco artistas, inaugurada el pasado viernes en el hostel Santuario, en Getsemaní, y que se exhibirá por un mes.

***

Jeffry está sentado en la terraza de su casa, en San Fernando, donde una de sus paredes es el rostro de una mujer de ojos azules y labios rojos, sensuales, que pintó hace unos meses en solo tres horas. Desde allí sostiene un libro de dibujo de unas 80 páginas, en el que ha plasmado varias de sus obras. Las muestra y las mira detalladamente, como si fuera la primera vez, y se sincera cuando alguno no le gusta. “He llenado alrededor de seis bitácoras de 60 páginas, aproximadamente”, añade con una risa de niño grande.

Pero, ya con voz de adulto, afirma que al pintar siente la necesidad de transmitir todos esos saberes ancestrales de nuestra cultura y muchos problemas sociales que necesitan resolverse.

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