Facetas


El cirujano que reconstruye el alma

JOHANA CORRALES

24 de mayo de 2015 12:00 AM

Cuando llegó de Cuba, donde se formó, Alan González tenía cerca de 2.500 cirugías plásticas realizadas.

Tenía solo 29 años y un rostro tan fresco y juvenil que no encajaba con su experiencia. Cada vez que llegaba un paciente a su consultorio, no regresaba.

“Las pacientes me decían: 'Ay, doctor, divino, pero usted con esa carita se ve que no tiene tanta experiencia'. Pero yo decía cuál carita, ¡yo sí sé!”, recuerda.
Le contó a un amigo, que le manejaba la imagen a varias empresas del país, lo que estaba sucediendo.

- Déjate la barba- le aconsejó su amigo.
- No me sale- contestó Alan.
- Déjate el bigote.
- No tengo.
-Entonces, usa gafas.

Esa última recomendación salvó su carrera: Alan usó gafas neutras durante un año completo. Después hacía procedimientos tan estupendos que iban reinas de belleza y actores a realizarse sus cirugías. Así se hizo un nombre.

Mas fue su trabajo con la fundación Unidos por Colombia lo que catapultó su carrera, y más que eso, su espíritu. Alan se dedica a reconstruir los rostros de los soldados víctimas del conflicto armado, además de devolverle la autoestima a mujeres quemadas con ácido.

Él fue uno de los invitados al XXXV Congreso Nacional de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica y Reconstructiva, que reúne en la ciudad a 900 doctores de esta especialidad de todo el mundo.

¿Cuándo descubrió su vocación?
-Desde pequeñito quería ser médico, para curarle las enfermedades a mi mamá. Terminé el bachillerato a los 15 años y me gradué de médico a los 22. Iba a las entrevistas de trabajo y me decían que estaba muy joven. Estaba de médico hospitalario en la Clínica Palermo y, por accidente, se necesitaba un asistente para una cirugía estética, una cirugía de cara, fueron 7 horas, y a mí se me pasó el tiempo rapidísimo. Me encantó.
 
¿Por qué se fue a Cuba?
Me llamó un colega y me dijo que en Cuba hay un programa que se llama Autofinanciados. Tú vas, presentas un examen, una entrevista y, si tienes la plata para pagar, te vas. Me fui a conocer y me pareció increíble. En el hospital donde me formé era el referente para toda la isla y tenían un solo piso donde había una unidad para quemados y una unidad estética y reconstructiva. Y, curiosamente, la unidad de estética hacía en promedio de 2.200 a 2.500 procedimientos de cirugía estética, porque resulta que en Cuba a las afectaciones estéticas de las personas les llaman afectaciones estéticas del individuo. Es decir, te ves un gordito y dices: 'Oye, chico, yo me quiero quitar este gordo'. Y vas allá y te haces la consulta y al año te dicen: 'Johana, ven te van a operar. El doctor es tal, en tal fecha'. Imagínate ese volumen de pacientes.

Allá hice mi carrera. Cuando regresé al país, tenía 2.500 cirugías practicadas por mí, un background muy importante. Luego hice una especialización en México, en cirugía de nariz y rejuvenecimiento facial.

¿Qué lo diferencia del resto de sus colegas?
-Quizá el tema científico. He hecho varias investigaciones, entre ellas una técnica de cirugía de abdomen en la que hago un levantamiento por capas para poder estirar bien la piel. Cómo hacer el rejuvenecimiento de la piel, del abdomen en pacientes que pierden peso, que han tenido embarazos. Esto hace que mi espíritu científico no se pierda.

¿Qué no es la cirugía plástica?
La cirugía plástica no es la cirugía de la vanidad, es la cirugía de la vida. Porque, a partir de un procedimiento, el paciente siente que mejora aspectos que para muchas personas puede que no sean importantes, pero que para él son fundamentales.

¿Cómo termina reconstruyendo los rostros de los soldados víctimas de la guerra?
-Hace 10 años me invitaron de la Fundación Unidos por Colombia. Ellos son especialistas en reconstrucción de miembros inferiores cuando han sufrido amputaciones por minas, pero en esos accidentes casi siempre hay quemaduras faciales y yo empecé a hacer reconstrucciones de caras quemadas en soldados víctimas de la guerra. Uno se encariña tanto que termina asumiendo todos sus gastos: desde la clínica, los medicamentos hasta el transporte para que pudieran asistir a la consulta.

¿Y con las mujeres quemadas con ácido?
-Cuando vino ese fenómeno, me mandaron a una niña de 16 años que en ese momento la había mandado quemar el novio. La niña no quería volver a estudiar, llevaba tiempo encerrada en su cuarto, llegó con pasamontañas. La vi y la quise ayudar.

En Cuba, uno de los métodos de suicidio era la inmisión, ellos mismos se prendían. Por eso, los manejos de quemaduras eran muy importantes en la isla. De modo que fui formado como caumatólogo, que es el estudio de las quemaduras.

A esta primera chica que me llevaron, ya le habían hecho su reconstrucción y todos sus tratamientos, pero tenemos que recordar que todas las quemaduras tienen fases: aguda, intermedia y tardía. Después de la última fase, son pacientes que pueden vivir, respirar, comer, pero en realidad estas personas necesitan reencontrarse y es el aspecto estético, que no es vanidad. Es encontrar en su cara algo que para ellos era importante. Ahí es donde intervengo y hago lo mío. Llevo 10 mujeres intervenidas con mis tiempos, mis recursos.

¿Se hace amigo de sus pacientes?
-Demasiado. Así sea el cambio en la forma del labio, de la nariz, para ellas es un triunfo. Y yo lo disfruto increíble. La niña de 16 años dice que a partir de que yo la operé, tuvo un hijo. Y todos le dicen: 'pero ese hijo es de Alan'. Su hija ya cumplió los 5 años.

Hay otra que tuvo un bebé y le puso Alan. No, qué bendición poder vivir de esto. Lo importante es ayudar, no figurar.

¿Cuál ha sido el caso más desafiante al que se ha enfrentado?
Un sargento que se llama Wilson Calderón. Fue el primer paciente que me invitaron a ver en la fundación. Estaba absolutamente desfigurado, no podía abrir la boca, separar los brazos, estaba pegado. Un drama que no te imaginas. Yo nunca me he impresionado con un caso, pero este hombre me impresionó. Además, estaba ciego. Lo abracé y le dije: 'tranquilo, amigo, yo lo voy a ayudar'. Así empezamos y ahora es un inspirador, se ve que es un hombre feliz. Él me marcó.

¿En qué invierte su tiempo de ocio?
-Me gusta trotar. Hago 7 kilómetros todos los fines de semana. Del resto, estoy concentrado en hacer lo mejor posible las cosas, en proponer nuevas técnicas que estén muy cercanas a un manejo idóneo, como cicatrices pequeñas, corta recuperación de los pacientes y resultados muy naturales.

¿Tiene alguna cercanía con Cartagena?
Bueno, hace 4 años me casé con una cartagenera y tengo dos hijos con ella.

¿Cuál considera es su especialidad?
-Lo mejor que hago es interpretar tus rasgos y tus proporciones, para que te veas más armoniosa. Creo que la belleza es una sola. Así que no puedes hacerte procedimientos con un cirujano que hace bien los senos; con otro, las nalgas. Tienes que hacerte todo con un cirujano que sepa interpretar cómo es tu proporción y así resaltar tu belleza.
No tiene sentido que una mujer de cara ancha y corta, que no le gusta tomarse fotos porque sale cachetona, se haga una liposucción y no se mejore el volumen de las mejillas. O la que tiene el cabello corto y papada y se hace una lipo. La gente le mira la cara y cree que sigue igual de gorda. Ahí es donde está la percepción y la sensibilidad que tiene el cirujano plástico, para que la gente luzca y se sienta mejor.

Para usted darse a los demás es...
-Utilizar mi tiempo, que pudiera ser usado para mi propio bienestar y tranquilidad, en beneficio de las personas que necesitan mi conocimiento y experiencia.
La vida no es para conseguir, es para compartir. Y en la medida que tú compartes más, la vida es más grata contigo.

¿Por qué le apasiona tanto el envejecimiento?
-Nunca está acorde lo que piensa tu cerebro, con lo que ves en el espejo. Porque en la medida que tienes más años, tu cerebro es más lúcido, tienes la vida más clara y la entiendes más, pero el espejo te entiende menos, porque luces más viejo y acabado. Y no hay nada peor en la vida que vivir en esa disociación. Cuando eres pequeño, te quieres ver grande. Y cuando eres grande, no quieres ser tanto. Por eso me apasiona tanto el control del envejecimiento.

¿Qué más le gustaría compartir con los lectores de Facetas?
-La cirugía plástica es una decisión para toda la vida, por eso nunca debe ser tomada con el bolsillo, sino con el criterio. De esa manera se pueden lograr los mejores resultados no sólo para el futuro suyo, sino de su familia. Una cirugía estética compromete no sólo a la persona que se la práctica, sino a todo su entorno. Siempre que piensen hacerse una cirugía estética, facial o corporal, asistan a varios cirujanos plásticos y, de preferencia, que todos sean miembros de Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, que en el país es el único ente que vela porque las personas que ejercen esta especialidad tengan el conocimiento suficiente para evitar complicaciones. Porque nunca el resultado que sueñas se va a dar en cirugías reconstructivas de un primer procedimiento que falló.

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