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El colegio de Blas de Lezo que ganó el año

Con fe, pasión y esfuerzos, dos hermanas sacaron adelante este difícil año escolar por el COVID-19 en un colegio de Blas de Lezo.

LORNA ARAGÓN BABILONIA

20 de diciembre de 2020 12:00 AM

El COVID-19 apareció en China y cambió el mundo. A pesar de todo lo que la pandemia ha dejado en el 2020, un colegio en Cartagena dirigido por dos hermanas se reinventó en la virtualidad y logró culminar exitosamente este año escolar tan incierto y cambiante.

“Quien se atreve a enseñar, nunca deja de aprender”.

Esa es una frase de John Cotton Dana, director bibliotecario y de museo estadounidense, que hoy le dan validez las hermanas Irina y Lorna Babilonia Ibarra, quienes han estado ininterrumpidamente, durante 30 años, al frente de un colegio en el barrio Blas de Lezo.

En estos años de experiencia nunca imaginaron que un día, un domingo de marzo, les dirían a sus alumnos que no tendrían que ir a la institución al día siguiente por la emergencia sanitaria que comenzaba a vivir el mundo por el nuevo coronavirus. Tampoco estuvo en la mente de ellas que ocho meses después la situación seguiría igual: un colegio que no ha podido recibir a sus estudiantes de manera presencial.

Todo un reto ha sido para estas dos hermanas adaptarse a los cambios que ha significado la educación virtual que ahora se imparte en la Corporación Educativa Instituto Guadalupe. Sin embargo, esto no es nuevo para ellas; los retos y desafíos siempre las han acompañado desde que se dejaron seducir por el mundo de la educación.

A muy corta edad recibieron de manos de su madre, la profesora Alcira Ibarra Álvarez, las riendas del colegio que ella fundó por allá, en 1974. Con cuatro hijos y sola en Cartagena, una ciudad que la había adoptado desde niña, buscaba salir adelante sin tener que dejar a sus pequeños solos en casa.

Su esposo trabajaba todo el día, pero el dinero que ganaba se volvía insuficiente para todos los gastos que acarrea mantener un hogar. Es entonces cuando decidió iniciar un colegio en su propia vivienda. La Corporación Educativa Instituto Guadalupe, que lleva ese nombre por la devoción de Alcira a la virgen de Guadalupe, se convirtió en la empresa familiar, creció año tras año con el empeño y la dedicación de todos sus miembros. De recibir unos cuantos niños en la sala de su hogar, se convirtió en una institución que brinda educación preescolar, primaria, básica secundaria y media académica.

Desde muy niñas, Irina y Lorna Babilonia tuvieron que sortear sus labores en el colegio de su madre con sus estudios académicos. “No era fácil”, cuentan, pero la pasión que tenían por enseñar y mejorar en su profesión era lo que las mantenía en pie luchando por lo que querían algún día materializar.

Esa misma pasión y vocación es la que muestran hoy ante el desafío que les ha implicado adaptarse a la nueva modalidad de educación que ha exigido la contingencia actual. Una transformación a la virtualidad que no fue un trabajo de un día ni de una persona. Todo un equipo estuvo arduamente diseñando nuevas estrategias para que la calidad que le venían brindando a sus estudiantes no disminuyera.

Velar por la conectividad de los alumnos y tener a padres que han quedado sin empleo son solo algunas de las situaciones que han atravesado en esta crisis actual.

“No ha sido nada fácil, es muy distinto lo que parece y lo que en realidad pasa tratando de sortear todo lo que hemos vivido”, relatan. “Esta situación nos golpeó tan fuerte como a todos los sectores. Impartir educación remota es muy distinto a hacerlo presencialmente”.

Las dos, sin embargo, están convencidas de que cada reto que atraviesan es una oportunidad para avanzar y mejorar. “Hay que aprender a adaptarse en cada etapa y a cada momento, y tomarlas como la ocasión perfecta para seguir puliéndose”.

Es por ello que se pusieron la camiseta y velaron para que todo pudiera marchar en orden en la institución. Las capacitaciones que tuvo todo el personal fueron valiosas para afrontar las nuevas dinámicas impuestas. En esta nueva normalidad, ratificaron una vez más que la adquisición de conocimientos es constante y que siempre será una buena oportunidad para aprender.

Aprender de lo vivido, aprender de las dificultades, aprender de las crisis superadas. Es así como estas hermanas ven y viven ahora todo lo que han pasado por la pandemia. Son fieles creyentes de aquella frase que asegura que “en las peores crisis, están las mejores oportunidades”. Así han decidido encaminar su vida y aplicarlo al colegio que dirigen desde muy jóvenes.

Este año escolar lograron culminarlo con éxito a pesar de todo lo vivido: de las pérdidas y de las caídas. Una caravana de carros con todos los profesores a bordo llegó a casa de cada estudiante que recibía diploma de bachiller y a la de los que pasaban de un nivel a otro. Las emociones y los recuerdos fueron los protagonistas en estos reencuentros tan sorpresivos e inesperados como gratificantes. Y en una ceremonia de grado virtual todo concluyó.

Ahora, el reto es seguir mejorando y prepararse para el siguiente año, en donde, seguramente, el virus continuará. Ya están construyendo mejores estrategias para continuar con la pasión que gracias a su madre tienen hoy: la educación.

El virus no nos acabó, muestra de ello son estas son dos maestras y hermanas que no se rinden, que no se varan ante las dificultades, que cualquier cosa las impulsa a seguir el legado que les dejaron, y que todos los días procuran brindar la mejor experiencia a sus ‘guadalupanos’.