La Esquina Sandiegana latirá en otro cuerpo

19 de julio de 2020 12:00 AM

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Fue en febrero del año 2000 cuando en aquella esquina comenzó a sonar el eco de la salsa. Para entonces, San Diego todavía conservaba gran parte de sus nativos, ahora desplazados por foráneos y extranjeros. El local solía llamarse ‘Pepos House’, un restaurante de un monteriano radicado en Cartagena de Indias, pero que decidió marcharse del sitio. “Tengo tres clientes interesados en comprarme el negocio, pero yo quiero que tú te quedes con él, porque tú eres de aquí del barrio y a ti la gente te camina”, le dijo aquel entonces ese muchacho a Iván Gil, un sandiegano, odontólogo, que decidió aceptar la propuesta de tomar las riendas del local y hacerse cargo del sitio que ya no sería un restaurante, en adelante se llamaría La Esquina Sandiegana, uno de los lugares de salsa más antiguos y reconocidos de la ciudad, cuyo nombre buscó ajustarse netamente a lo que era: una esquina de San Diego. (Lea también: Otro negocio que cierra en el Centro por los efectos del COVID-19)

“Inicialmente la idea era crear un punto de encuentro. San Diego era un barrio popular, pero cuando ya comenzaron a comprar las casas de por aquí los expresidentes, empresarios, la gente de afuera, cuando se morían dueños de las casas, sus hijos las malvendían, la gente comenzó a salir de aquí, ahora es prácticamente un barrio fantasma”, narra Iván. “El que se mudó de aquí, los fines de semana podía regresar ahí (al bar), era un punto de encuentro. Los encuentros sandieganos se hacían ahí, el Bandito de San Diego era un río de gente, cualquier acto terminaba en la Esquina, comenzamos como si fuera un club”, añade. Así, el pequeño y acogedor bar empezó a tomar más fuerza en una época en que el Centro Histórico de Cartagena apenas -señala Iván- comenzaba despegar más en el turismo. “Fuimos modificando el local, haciendo cosas nuevas, la identidad del sandiegano es la salsa, por eso escogimos que fuera esa la música que sonara ahí”, agrega. Su auge siempre ha sido rotundo.

Rincón cultural

Iván, además de ser odontólogo, en algún tiempo fue futbolista y llegó a estar en las líneas del Atlético Nacional, pero también estudió algo de administración de empresas que le serviría para llevar a La Esquina Sandiegana por buenos lares, de la mano de Ernesto Rodríguez, otro sandiegano, de la calle Stuart, quien administra el bar desde ese año 2000. “Aquí se veía la familiaridad, la camaradería, los extranjeros se quedaban involucrados con el bar, le mandaban regalos desde afuera al administrador”, precisa Iván. Tanto es su éxito que en 2007 sus dueños decidieron abrir otro local al que llamaron ‘La Barra Sandiegana’, un bar de dos pisos, pero de música crossover que gozó de igual fama y prestigio, hasta su cierre años más tarde. “La Esquina Sandiegana es el rincón cultural de Cartagena, lo que nos queda a los sandieganos, hemos intentando mantenernos sobre todas las cosas, para no perder la integración. La mayor satisfacción es el gran cariño que la gente le tiene, es un patrimonio”, señala.

Un día cualquiera, el emblemático lugar recibió la visita del periodista Daniel Samper Ospina, quien le recomendó a su dueño: “No cambies esto, manténlo así, es la esencia del negocio”. Así, sencillo pero acogedor. En otra ocasión algún hombre muy adinerado lo visitó, quiso ofrecer un botín por el bar. “Me lo presentaron, me preguntó: Tú no vendes este negocio. Yo le respondí con todo respeto que él no tenía dinero para comprar este negocio, porque este negocio no tiene precio, ni que me ofrezcas lo que me quieras ofrecer”. Luego hubo alguien que se ensañó con intentar sacar a La Esquina Sandiegana de ese lugar porque supuestamente no cumplía con el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Cartagena, pero su querella no encontró eco en entes distritales. “Eso fue algo que gracias a Dios se paró”, exclama Iván. Personalidades como Poncho Rentería, Jorge Baldano, Alfredo La Fe, Andrés Cepeda, José Alberto ‘El Canario’, Joaquín Gutiérrez y la cantante cubana Idra María Roca, entre muchos otros, ‘esquinearon’ ahí. En ese lugar sin lujos pero afable, que ha sufrido altos y bajos, que está fundido a la historia del barrio, como si fuera un corazón mismo que vibra, palpita y siente con la música, con cada recuerdo. En parte guarda las memorias de un San Diego que se ha marchado, pero a la vez del que sobrevive en aquellas calles coloniales, pese a los pesares del mundo, pese a que ese ambiente de barrio se diluya en el tiempo. Es una insignia viva, pero que estuvo a punto de morir, contagiada por los efectos de aquella pandemia que hoy golpea al mundo entero.

El golpe del coronavirus

La Esquina Sandiegana atraviesa tiempos difíciles por culpa del coronavirus. Estuvo a punto de cerrar para siempre aquellas puertas que abrió hace 20 años, como ha sucedido con muchos otros negocios que han quebrado en estas épocas.

“Trabajamos hasta el domingo 15 de marzo. Cuando sacó el Alcalde (William Dau) el decreto sobre el toque de queda pensamos que era algo momentáneo, cuando vimos que ya era algo serio, pensamos que sería como hasta agosto, máximo septiembre, nunca se me pasó por la cabeza entregar el local, la idea mía, yo le hice una propuesta para pagarles el 40% y luego el 70% del arriendo a los dueños del local”, narra, ya en tono más serio. “Respondieron que solo podían rebajar el 20%, pero que ese 20% lo tenía que pagar una vez pasara la pandemia. Me la pusieron muy difícil para arreglar, pero muy fácil para que las entregara el local. Me dijeron que mejor les entregara el local. Realmente vieron la oportunidad para sacarme de ahí. Dijeron que no”, asegura y agrega: “Cuando yo cogí la esquina, San Diego era un barrio como cualquier otro, no había ese turismo de ahora. Nosotros le dimos la identidad, el local, te lo juro por la memoria de mis padres, lo hicimos totalmente nuevo, lo remodelamos varias veces, porque los dueños nunca le metieron un peso (...) Ahora tenía hasta el 30 de junio para pagar el arriendo, la verdad es que yo no dormía, después vi que a esto de la pandemia no se le ve luz al final de túnel, ojalá esté equivocado, este año no hay vida social”. Entonces, ante la negativa de los dueños del local, de prórrogas o descuentos, se dio aquello inesperado.

Un nuevo comienzo

“Ese sábado y domingo 27 y 28 de junio, terminamos con ganas de llorar, con un tarugo aquí, en la garganta. Lo más importante de esto no es el dinero, es el sentimiento, el amor que nosotros le tenemos a esa esquina”. Iván habla sobre esos días, cuando tuvo que salir de aquel local que ocupó por dos décadas, así, de un solo tajo. “Saqué todo, yo vivo a la vuelta de la esquina y ahí (en su casa) guardamos todo”, mencionó.

En principio pensó en un cierre definitivo pero, viendo los ánimos del público y de seguidores en cientos de comentarios de anhelos y recuerdos en redes sociales, pensó en otra cosa. En que este no sería un fin, más bien un nuevo comienzo.

“Vendrá el segundo tiempo. Ahora la idea es conseguir un local más grande, ya la esquina nos había quedado muy pequeña, ya era hora que creciera un poco. Esperaré conseguir otro punto, ojalá otra esquina. Ahora mismo tenemos que esperar que pase toda la pandemia”, precisa.

La Esquina Sandiegana es un corazón musical de San Diego, así, palpitante, vibrante, que lleva el lastre de años de sentimientos y recuerdos. No ha muerto, ahora latirá en otro cuerpo.

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