Prueba para COVID-19: el día que los “astronautas” llegaron a mi casa

10 de mayo de 2020 12:00 AM
Prueba para COVID-19: el día que los “astronautas” llegaron a mi casa
Los trabajadores de la salud deben cumplir estrictos protocolos para tomar las muestras a los casos sospechosos y evitar ser contagiados.

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Miércoles, 29 de abril de 2020.

Buenas, llamo para solicitar una prueba de COVID-19, tuve contacto con un caso sospechoso. A esa persona la hospitalizaron y su pareja dio positivo.

La chica del 018000 me pide --con su tono tan pausado, tan paciente-- que le dé mi número de cédula, nombre completo, ya saben, los datos de rutina. Después viene los de más: ¿Que si he tenido síntomas?, pues, bueno, hace una semana tengo dolor de garganta, me duele el cuerpo, me siento más cansada de lo habitual y creo -porque no encontré termómetro en ninguna farmacia cercana- que tuve fiebre dos días. ¿Tos? Muy poco. ¿Dificultad respiratoria? ¡Ni Dios lo quiera! Antes de colgar, la chica, que me dijo un nombre que ya no recuerdo, promete que pronto me llamarán otras personas para comprobar que sí necesito una prueba para COVID-19. Son las 11 a. m.

Dos horas después, el celular timbra y parece que tengo un deja vú... Laura Lorena Anaya Garrido, cédula de ciudadanía tal. La fiebre sin termómetro, el dolor de garganta, la fatiga. El contacto estrecho con el sospechoso. Suficiente. Está decidido: necesito la prueba.

Este miércoles, mientras mis hermanos querían explotarme el celular de tantas llamadas y mensajes, el Instituto Nacional de Salud (INS) procesa 5.068 pruebas por COVID-19 y completa un acumulado de 100.153 en todo el país.

Los testeos han aumentado de forma dramática en Colombia desde el 6 de marzo: en esa fecha, cuando apenas empezaba el brote en el país, se hicieron 739 pruebas y a l viernes 8 de mayo ya se habían procesado 139.739. Las cifras de contagio no corren a un ritmo tan frenético -lógica y afortunadamente-, pero también saben caminar: el país cerró la semana con 10.051 casos positivos, 428 muertes y 2.424 recuperados.

Jueves, 30 de abril de 2020. 7 a. m.

-Aló.

-Hola, Laura, soy Noséquiencita y te llamo de tu Eps para preguntarte cómo amaneciste... ¿Tienes fiebre?

-No, solo dolor de garganta y algo de tos.

-¿Y dificultad respiratoria?

-No, gracias a Dios.

-¿Ya te fueron a tomar la muestra?

-No.

-Deben ir entre hoy y mañana.

Imagen PRUEBA CORONAVIRUS

Viernes, 1 de mayo de 2020. 7:30 a. m.

Recibo la llamada de siempre y le digo lo de siempre: respiro bien, aunque me duele la garganta y no he tenido fiebre. No me han tomado la muestra. Que seguro me llaman dentro de un rato para confirmar mi dirección, que vendrán hoy. Bueno.

Otra llamada: mi dirección un punto de referencia. “Iremos en el transcurso del día”, dijo esta vez una voz masculina. ¿Pero crees que sea en la mañana o en la tarde, tú sabes, para estar más pendiente? -pregunto-. “Yo creo que después de mediodía”.

12:01 p. m. Exactamente después del mediodía, yo apenas empiezo a trapear la sala con cloro y alcanzo a ver la camioneta gris con algún símbolo de salud, ¡llegaron! Timbra el teléfono. Digo: sí, es aquí. Abro las rejas. Se parquean justo al frente y alcanzo a ver cómo el piloto y el copiloto comienzan a echarse un líquido en las manos y brazos, supongo que es alcohol, y a ponerse guantes, máscaras y otras cosas que no sé cómo se llaman. 12:03 p. m., se baja el conductor, lleva antifluidos, gorro quirúrgico, alpargatas y guantes y deja en mi terraza una caneca roja y una neverita, de esas de icopor. Me mira y creo que sonríe para saludar. Vuelve a subir al carro. Después de los dos minutos más largos de mi vida, y de percatarme de que han pasado tres carros, cinco motos y que los vecinos están encerrados, baja el primer “astronauta”. Corazón acelerado. Otro motociclista pasa y se le quiere partir la nuca de tanto mirar. Se baja el segundo “astronauta” y ambos entran a mi terraza. Silencio. Sacan algo de la neverita y entran por fin.

-Buenas.

-Buenas. Te puedes sentar aquí -me dice una de ellas. Ambas son mujeres.

Otra vez me preguntan por los síntomas y por el caso sospechoso con el que tuve relación. Mientras una se acomoda el fonendoscopio, la otra me pone un termómetro en la axila izquierda.

-Quítate el tapabocas. Esto no va a doler -me dice y me muestra lo que parece un copito, pero mucho más largo-. Si te dan ganas de estornudar o toser, mira hacia allá.

-Ok.

-Mira arriba.

Ella introduce el copito gigante por mi narina derecha. Por muy despacio que lo haga, siento que si sigue un milímetro más me va a llegar al alma. “No aprietes la nariz, relájate”, me pide. Intento hacerle caso. “No aprietes, ya estoy terminando”. Cuando por fin consigue la muestra, yo aparto la cara y estornudo como mil veces (en realidad, cinco). Me quitan el termómetro. No tengo fiebre. Me miden la presión. Todo en orden.

Salen a la terraza. Se quitan sus trajes de astronautas y los botan en la caneca roja. El conductor vuelve a bajar, esta vez con un tarro de alcohol y se lleva la caneca. Rocía a una de ellas, le deja el alcohol y vuelve a entrar al carro. Luego ella hace lo mismo con su compañera. Salen al andén y los veo lavarse las manos y los brazos con mucha agua. Suben al carro. Se van. ¿Será que los vecinos lo notaron? Voy a terminar de trapear.

Sábado, 2 de mayo de 2020.

-Hola, Laura, de tu Eps... Mi corazón, ¿has tenido fiebre?

-Hola. No.

-¿Tos?

-No.

-¿Dificultad para respirar?

-No, solo dolor de garganta.

-Ok. Haz gárgaras para que se te alivie.

-Amiga, ayer me vinieron a tomar la muestra, ¿cuándo me entregan los resultados?

-Debe ser en cinco días hábiles.

-¡Cinco días! ¡ Mis hermanos se mueren en cinco días!

-Apenas ellos los tengan, te van a llamar, no te preocupes.

Domingo, 3 de mayo de 2020.

La llamada. Los síntomas. Sigo respirando bien y sin salir de casa.

Lunes 3, de mayo de 2020.

La llamada mañanera, ok. Y los resultados de la prueba...

2 p. m. Número desconocido. Corazón acelerado.

-Hola, Laura, ¿cómo estás?

-¿Bien?

-Te tengo noticias, llegaron los resultados.

-¿Y?

-¡Negativo!

¡Y nunca un negativo fue tan positivo!

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