El día que perseguí a Ornella Muti en Cartagena

03 de marzo de 2020 05:10 PM
El día que perseguí a Ornella Muti en Cartagena
Ornella Muti. //Foto: Archivo - El Universal.

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Si a alguien se le hubiera ocurrido encarnar a Remedios la Bella en el cine, tal vez la elegida hubiera sido Ornella Muti. Esta actriz italiana es considerada una de las mujeres más bellas del planeta. En 1994 una encuesta internacional la escogió como ‘La mujer más guapa del mundo’.

Nadie la recuerda por su verdadero nombre: Francesca Romana Rivelli (Roma, 1955), sino con el de Ornella Muti, al debutar a sus quince en el cine, en la película ‘La esposa más hermosa’ (1970), de Damiano Damiani.

Ornella Muti cumplirá 65 años el 9 de marzo. Cuando cumplió los sesenta no quiso celebrarlos, y siempre se negó a referirse a una palabra que detesta: balance. Ella dice que, más allá de sus sesenta, algo de la muchacha que embrujó al mundo a sus veinte años sigue con ella. Para ella, la fiesta aún no ha terminado. La edad es algo muy relativo. Ella tiene la edad de sus deseos.

En 1987 llegó a Cartagena para participar en el papel de Ángela Vicario en la novela ‘Crónica de una muerte anunciada’, basada en la novela de García Márquez y dirigida por el italiano Francesco Rosi. En ese filme actuaron: Rupert Everett, Anthony Delon, Irene Papas y Lucía Bosé.

Desde la noche anterior a su arribo a la ciudad, le dije al fotógrafo Manuel Pedraza que averiguáramos adónde se hospedaría la actriz para hacerle una entrevista y fotografiarla. Supimos que se alojaría en una casa en Castillogrande. Y desde muy temprano, Manuel y yo, como descarados cazadores de milagros, nos sentamos en el quicio de una casa cercana al lugar donde estaba alojada Ornella Muti.

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La calle estaba en silencio. En el aire flotaba el viento salado del mar confundido con el olor podrido de la bahía y el dulce olor de los heliotropos de un patio cercano. Un agente de policía nos miró pero pasamos desapercibidos y nadie sospechó que pudierámos ser unos intrusos de la tranquilidad de la calle. Manuel y yo estábamos con el alma en vilo, esperando el milagro de Ornella Muti.

Por un instante me sentí un perseguidor. Pero no al extremo de subirme en el techo de la casa donde se hospedaría Marlon Brando, como lo hizo uno de los periodistas de aquellos años. No se hablaba de paparazzi, pero sí de periodismo amarillista y sensacionalista, y de algo pernicioso que pervirtió al periodismo: la infidencia y la imprudencia vertiginosa de lo que se llamó como un espejismo ‘la chiva’. Una competencia delirante en tiempos en que las tecnologías eran limitadas, casi inexistentes. Las noticias internacionales nos llegaban en unos rollos enormes y en una máquina que ocupaba el espacio de un escaparate. Lo más veloz de la época era el fax. Tener un teléfono inalámbrico y personal era un verdadero lujo. Nos comunicábamos aún con telegramas y para llamar a Bogotá había que hacer una cola en Telecom para solicitar una llamada que la mayoría de las veces ‘se caía’. En Telecom una oficinista anunciaba el número de la cabina en que debíamos responder la llamada de Bogotá.

El día que perseguí a Ornella Muti en Cartagena

Manuel tenía la cámara lista para el instante supremo en que Ornella saliera de la casa. La puerta en la mira. Habíamos solicitado en vano la entrevista con la actriz al Festival de Cine de Cartagena, a través de Víctor Nieto Núñez, su fundador. Nos dijeron que Ornella tenía su agenda copada para la filmación, y tenía un tiempo limitado para entrevistas. Sin embargo, la diligencia se hizo por diversos frentes, pero ninguno tuvo la certeza de que ella aceptaría. La precipitud de sentarnos desde las siete de la mañana frente a la casa cercana fue adversa e inusitada. De repente, luego de una hora de espera, se abrió suavemente la puerta de la casa y vimos a Ornella Muti, con un vestido vaporoso, llevaba unas gafas oscuras que ocultaban sus ojos verdes y un sombrero de plumas que escondía el esplendor de su rostro. Manuel se levantó del quicio y apuntó hacia su rostro. Ornella presintió el asedio y se cubrió. Dijo algo en italiano: “¿Quiénes son? ¿Quiénes son?”, y espantada se subió en un auto. Manuel no pudo hacerle la foto deseada. El carnet del diario El Universal bailoteaba en nuestros pechos, y ella se fijó en nuestra identificación. ¿De El Universal? y preguntó el número del teléfono para llamar a la dirección del periódico, desconfiando de nosotros, y creyéndose perseguida por paparazzis cartageneros. Aquella torpeza de periodista joven espantó la posibilidad real de entrevistarla. La actriz le dijo al periódico que no concedería ninguna entrevista. Y el periódico me designó a escribir la crónica de la filmación de la película en Cartagena y Mompox. Me conformé con ver algunas escenas en las que salía Ornella, una de ellas filmada en un balcón del Centro amurallado, apareció Ornella llevando en sus manos una jaula de pájaros. Y en el momento en que colgó la jaula, los bucles de oro de sus cabellos se sacudieron con la brisa. Todo lo hice en silencio. Preguntándole a todo el mundo cómo les parecía Ornella Muti y cada testigo me contaba lo que había visto en las filmaciones.

A mi amigo Eligio García (1947-2001), el hermano menor de García Márquez, le pregunté cómo le había parecido la filmación, sin intuir que él estaba en lo suyo, discretamente y de manera ejemplar, con un cuadernito de apuntes en los que seguía el proceso de filmación de la película para su libro ‘La tercera muerte de Santiago Nasar: Crónica de la crónica, 1986 y 1987’. En algunas treguas de ese proceso, pasaba por el periódico y me compartía algunas impresiones. Llegaba al diario y nos íbamos juntos a pie hasta el Portal de los Dulces a buscar a las vendedoras de bollos de mazorca. Eligio compraba varios bollos con queso para el desayuno de su familia.

Del elenco de la película, protagonizada por Ornella Muti y Anthony Delon, solo pude entrevistar a la actriz Lucía Bosé, la madre del cantante Miguel Bosé. Me recibió en el Hotel Caribe y pasé una tarde conversando con ella sobre sus recuerdos con Ernest Hemingway y las tardes de toro de Luis Miguel Dominguín.

Fuimos Manuel y yo a Mompox a seguir la filmación de ‘Crónica de una muerte anunciada’, y la Ornella de las escenas finales con su cabello plateado, encarnando a una Ángela Vicario otoñal, mantenía, pese al maquillaje de la vejez, el encanto de su serena juventud en el rostro Las muchachas mompoxinas suspiraban por Delon y soñaban con parecerse a la diva italiana. Algunos italianos que vinieron en aquella filmación se enamoraron de mompoxinas y se tejieron amores al pie del río.

Epílogo

Después de su paso fugaz por Cartagena, Ornella actuó en ‘El amor de Swann’, basada en la novela Marcel Proust, a la que le siguieron ‘El amante Bilingue’, de Vicente Aranda; ‘Tierra del Fuego’, de Miguel Littin; ‘El Conde de Montecristo’, ‘To Rome with love’, de Woody Allen.

Ornella, la madre de Naike, Andrea y Cartolina, tres hijos y dos matrimonios, es una diva de 1,68 m de estatura, que mantiene el fulgor de su belleza romana. Al paso del tiempo, siento compasión por aquel muchacho ingenuo y torpe que persiguió a Ornella en Cartagena. La belleza no debe ser perseguida sino apreciada y valorada. La velocidad puede ser una trampa del periodismo. El verde transparente de los ojos felinos de Ornella aún resplandece en el cine del mundo.

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