El drama de 160 pequeños comerciantes en Cartagena

17 de mayo de 2020 12:00 AM

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El sastre Dámaso Méndez Rodríguez, de 60 años, sin presentirlo, fue a despedirse de su pequeño local en el Centro Comercial Nueva Colombia, en el tercer nivel, en donde en los últimos diez años cosió y remendó la ropa de miles de cartageneros. Su pequeño taller de sastrería era el sustento de su familia. El lunes en la tarde se vino desde su casa, en el barrio Nelson Mandela, sector Primavera, y le dijo al administrador del centro comercial, Eber García Martínez, que le permitiera entrar a su local tan solo para darle vuelta: fue como mirar un naufragio y hundirse en el ámbito fantasmal donde todo está detenido y bajo llaves desde el 21 de marzo de 2020.

Dámaso sintió oprimido su pecho, sumergido en un laberinto sin salida, como si el peso gigantesco de sus sesenta años se le hubiera caído encima. Sobreviviendo al pánico de no devengar una moneda de medio peso desde hacía sesenta días, soñando con hacer unos tapabocas para sortear la adversidad, con el anhelo perdido por el préstamo al banco y la incertidumbre de la reapertura económica de los locales, Dámaso sufrió un infarto fulminante este martes.

Dámaso es el segundo comerciante que muere de infarto en menos de quince días en Cartagena, entre los 160 pequeños comerciantes del Centro Comercial Nueva Colombia. Los dos no murieron de COVID-19, sino víctimas de un infarto en medio de la pesadumbre de sobrevivir a la cuarentena.

A Dámaso se le reventó la aorta, la tenía dilatada. No podía dormir pensando cómo pagar un préstamo de trece millones de pesos a la Caja Agraria y cinco millones más prestados por su esposa al Banco de la Mujer.

Dámaso, junto al resto de comerciantes, firmó una carta desesperada a la Alcaldía de Cartagena, solicitando apoyo para sus familias, acudieron al llamado de las promesas oficiales y agotaron las instancias legales esperando una solidaridad que jamás llegó.

“Nos han dejado solos”, dice Luz Nancy Castillo Marriaga, quien ha sostenido en estos diez años, junto a su esposo, tres locales en el centro comercial; con ellos han sacado adelante a cinco de sus hijos, profesionales y estudiantes universitarios. Ha sido una batalla abnegada, ejemplar y sacrificada la de esta pareja de comerciantes cartageneros.

Pero hace poco su esposo, el comerciante Reinaldo Armando Tapia Vásquez, de 56 años, abrumado por la incertidumbre de la cuarentena y el cierre prolongado de sus espacios laborales, murió de un paro cardíaco. Reinaldo Armando empezó hace muchos años vendiendo discos y libros en el antiguo Edificio Nacional y en la primera sede de Nueva Colombia en el sector de La Matuna. Era una criatura laboriosa y consagrada en el futuro de sus hijos. Reinaldo Armando y Luz Nancy firmaron la carta a las autoridades para que el centro comercial tuviera los apoyos prometidos en este colapso financiero que ha generado la pandemia.

Todos esperamos algo

Evangelista Choperena Cortez, de 54 años, vive en Arjona y tiene desde hace diez años un local de variedades en el Centro Comercial Nueva Colombia. Allí vende además artesanías. Un día malo era ganar solo 100.000 pesos. Un día regular eran 200.000 pesos. Un día bueno era ganar más de 300.000 pesos. Sus clientes eran, en su inmensa mayoría, los turistas nacionales y extranjeros. En su núcleo familiar hay seis personas que dependen de su salario.

“En esta cuarentena he vivido de mis ahorros, que ya se me acabaron, y con ayuda de mis hijos”, dice.

“Le proponemos al alcalde y al Gobierno nacional que nos ayuden, nos prometieron que nos ayudarían y ya van más de dos meses y no ha llegado nada. La ayuda puede ser monetaria o a través de mercados. Por otro lado, pedimos a las autoridades sanitarias de Cartagena que nos ayuden a fumigar el centro comercial que ha estado cerrado tanto tiempo”.

El otro drama de Luz Marina

Luz Marina Canoles, quien vive en San José de Los Campanos, subsiste de lo que le produce su pequeño local número 2B-21 en el Centro Comercial Nueva Colombia, en el que vende artesanías, mochilas, hamacas, mantas guajiras. Dice que ha sobrevivido en esta cuarentena gracias a sus ahorros, que ya llegaron a su límite. Tiene dos hijas, una de ellas de 24 años, que sufre de epilepsia y otra de 27, que tiene una niña de 11 años que también sufre de epilepsia.

“Queremos que el Dadis nos ayude con la limpieza general de los locales de este centro comercial y nos asesore con una capacitación antes de regresar a nuestros locales. Lo otro es que nos ayuden a rediseñar los locales en los que estamos hacinados 160 comerciantes. Cada local está separado por una lámina de triplex”.

“Póngase la mano en el corazón”

“Vivimos el día a día”, dice con angustia Sugey Salgado, de 38 años, quien tiene su local de artesanías 2C-19 desde hace siete años en el centro comercial. Ha sobrevivido de los pequeños recursos ahorrados y la solidaridad familiar, y suplica a las autoridades de Cartagena que se “pongan la mano en el corazón”... “Que se apiadan de nosotros, que nos colaboren, nosotros también comemos y tenemos nuestras responsabilidades”. Ya no tienen a quién acudir. A su cargo tiene a sus padres, 90 y 70 años.

Rediseñar el centro comercial

Eber García Martínez, administrador del Centro Comercial Nueva Colombia, dice que luego de las dos muertes de amigos y comerciantes de este centro, el drama sigue vivo en las 160 familias de estos pequeños y medianos comerciantes.

“Enviamos tres cartas a las autoridades y no hemos tenido una respuesta positiva. Ahora solicitamos al Dadis que nos ayude a fumigar el centro comercial antes de su reapertura, y nos asesoren en el rediseño de los locales, luego de esta pandemia. Los 160 locales están demasiados juntos. No tenemos a nadie que nos asesore. Deseamos la sostenibilidad de estos comerciantes independientes”. Eber tiene un local en el que vende gafas.

Epílogo

Dámaso vino a darle vueltas a su local después de más de sesenta días. Fue este lunes de mayo en la tarde.

Eber García dice que, al igual que Dámaso, muchos de los comerciantes estaban desesperados por sacar algunas de sus mercancías y venderlas afuera, ante la cuarentena.

El Centro Comercial Nueva Colombia integra a diversos comerciantes independientes, algunos de ellos eran estacionarios y ambulantes, y organizados por la administración de Judith Pinedo y reubicados en su actual sede en el corazón del Centro Histórico, frente a La Matuna. Allí se encuentran zapateros, cerrajeros, modistas, sastres, vendedores de repuestos de celulares, artesanos, vendedores de relojes y gafas, y otros vendedores de milagros.

El corazón de Dámaso estaba ensombrecido al ver la soledad fantasmal del centro comercial.

“Relájate, mijo, todo va a pasar”, le dijo Ivón Peña Muñoz, su mujer. Al día su corazón se hizo tan blando y delgado como los hilos con que remendaba las telas desgastadas por el tiempo. Y sucumbió como una hebra de hilo sacudida por el viento.

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