El misterioso azar de un rayo

17 de diciembre de 2017 12:30 AM

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En las tormentas eléctricas el aire caliente y el frío en la atmósfera se condensan, la carga positiva arriba de la nube choca con la carga negativa que sube, se mezclan y se produce el relámpago, este forma una poderosa descarga eléctrica, el rayo, con una estruendosa onda sonora: el trueno.

Ese rayo, que se produce a 5 mil metros de altura, tiene escasamente un centímetro de ancho, en promedio, y puede impactar en cualquiera de los 510,1 millones de kilómetros cuadrados de superficie del globo terráqueo, incluso puede que caiga en el lugar donde usted está leyendo este artículo. Solo es cuestión de tener muy mala suerte.

Al caer, cada descarga de 5 kilómetros de largo, llega con 30 mil grados centígrados, una temperatura cinco veces mayor a la del sol. Llega más o menos con 200 mil amperios y entre mil y 10 mil millones de voltios. Es capaz de matar a cualquier persona o, en su defecto, quemarle órganos, afectar el sistema nervioso, mutilarle dedos y dañarle el corazón en un parpadeo.

Pudiendo caer en cualquier parte de la Tierra, este potente rayo del que hablaremos hoy impactó en mitad de un campo, tan amplio como cien estadios de fútbol o más, en una zona de cultivos de San Estanislao de Kostka, Bolívar.

Puede que se perdiera en el horizonte como una llamarada de luz vaticinando el temporal. Puede que no fuera más que un golpetazo eléctrico del cielo a la tierra, antes de desatarse una tormenta. Pero no. Entre los millones de metros de la Tierra, golpeó justo en el sitio por donde los hermanos Carlos, Eugenio y Julio Arellano De Las Aguas cabalgaban sobre unos mulos de regreso a casa. Todos murieron, incluyendo a los animales. Todos, menos uno.

Instantes antes, los tres hermanos Arellano De Las Aguas reían a carcajadas, estaban felices echando cuentos, mientras regresaban para abrazar a sus familias y sobreponerse, en el seno de sus hogares, de una dura jornada en el campo. Era un épico y rutinario momento de felicidad, cotidiano, pero la infortunada ruleta rusa del rayo los tocó.

El sobreviviente
Al despertar, Carlos lloró, desolado. ¿Cómo no hacerlo si el panorama era aterrador? Sus dos hermanos yacían muertos en el monte junto a los animales que los transportaban. En ese momento comprendió dolorosamente la magnitud de lo que acababa de pasar. Él, a sus 69 años, era el único sobreviviente a la furia de la naturaleza sintetizada en un rayo que partió su vida en dos.
“Fue muy feo, mi hermano. El rayo cayó cuando ya íbamos llegando al pueblo. Cuando sentí el golpetazo caí al suelo y no recuerdo más hasta que me desperté, creo que duré diez minutos ahí tirado inconsciente”, comenta y precisa que iba a escasos dos metros de los mulos de sus hermanos.

“Cuando recordé, unos muchachos que venían detrás nos auxiliaron. Luego nos llevaron al pueblo. Eso que yo viví fue algo grande, mi hermano, yo digo que fue Dios quien me salvó, porque soy el único que quedó vivo. Nunca estuve muy mal, desde el momento en que pasó eso quedé normal”, recuerda.
Ese no era su momento de morir.

Los rayos y los mitos
Si en mitad del campo abierto o muy cerca por donde pasaban los hermanos Arellano De Las Aguas hubiera un pararrayos, que condujera esa electricidad directo al suelo sin afectar a los campesinos, la historia tendría un desenlace distinto, al igual que miles de historias sobre rayos.

Al caer, el rayo busca impactar en objetos o superficies de metal e incluso, según expertos, si existiera un dispositivo capaz de almacenarlo, esa energía que trae serviría para alumbrar unas 3.400 casas. En los pueblos de nuestro Caribe han existido desde siempre mitos respecto al fenómeno de los rayos. Todavía en algunas casas acostumbran tapar los espejos para evitar el impacto de uno en una tormenta.

1. ¿Hay que tapar los espejos?
“Si te paras frente al espejo y está lloviendo, la probabilidad de que te caiga un rayo es muy pequeña, porque el único metal que viene en el espejo es el nitrato de plata, en una proporción muy mínima. En la época de la Colonia sí existían los espejos con el marco totalmente de metal y, claro, este marco podía atraer al rayo”, explica el físico Javier Trujillo, investigador y docente de la Universidad de Cartagena.

2. Mejor desconectar todo.
Dice que los árboles también pueden atraer rayos y que sí, sin lugar a dudas apagar los aparatos eléctricos cuando se avecina la lluvia sí es conveniente “porque el rayo busca las salidas más fáciles, como las tuberías y los cables, es bueno que la gente los desconecte y si están bañándose suspendan el baño”, pues el agua es conductora de electricidad.

3. ¿El celular llama a los rayos?
Hay quienes creen que es peligroso hablar por celular bajo la lluvia y el científico explica que existen versiones encontradas. “Unos que dicen que sí y otros que no, porque el rayo busca la parte metálica y el metal que tiene celular es poquito, no atrae tanto, pero si el celular está conectado a  electricidad sí corre el riesgo la persona de electrocutarse con un rayo. También es probable con los paraguas, pues tienen una parte metálica que podría actuar como un pararrayos”. 

4. ¿Una persona puede pasar corriente?
Sin embargo, no es común y es muy poco probable que caiga una rayo sobre una persona porque el cuerpo humano no conduce bien la electricidad. “Puede caer cerca de la persona y alcanzarla, que le afecte bastante. Ahí surge otro mito, hay quienes creen que una persona afectada por un rayo, puede pasar corriente, pero eso es falso, el cuerpo humano  no acumula electricidad”.

Epílogo
Seis días después de superar muchos exámenes y descartar daños en su cuerpo, Carlos fue dado de alta en una clínica de Cartagena, sano y salvo. Regresó a San Estanislao. No sabe bien si la corriente llegó a alcanzarlo, pero lo cierto es que estaba bien y no tuvo mayor afectación. A los dos meses, regresó al campo a trabajar, luego de conseguir un mulo nuevo. Transita por los mismos caminos donde ocurrió aquella fatalidad el 5 de julio de 2017.
Aunque pudo ser muchísimo peor para él, a Carlos no le costó tanto recuperar su estado físico pero sí le ha costado sanar una brecha que le quedó en el alma por la muerte de sus  hermanos Eugenio y Julio.

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