Facetas


El niño más querido de Caño de Loro

EL UNIVERSAL

17 de junio de 2018 12:48 AM

Por: Sofía Flórez Mendoza

A los 16 años un adolescente puede correr, caminar y jugar. Harrison no. A los 16 años, un joven puede ir al colegio, ver televisión y montar en bicicleta. Harrison no. A esa edad se puede comer cualquier cosa que se le antoje, sin remordimientos, y ¿adivinen qué? No, definitivamente Harrison tampoco puede. Con más de 250 kilogramos en el cuerpo y una sonrisa acogedora, Harrison José Díaz pasa los días postrado en una silla de la sala de su casa, en el corregimiento de Caño de Loro, a 15 minutos en lancha de Cartagena. Se la pasa escuchando canciones de Diomedes Díaz y Mr. Black, mientras caen las horas y llega un nuevo día que transcurrirá exactamente igual al anterior. Su peso es desproporcionado, en la misma forma que lo son su nobleza, inocencia y su entereza.
 
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Encontrar a Harrison es fácil, nada más se debe preguntar por ‘el Gordo’ en cualquier rincón de la isla  y, de inmediato, alguno de sus coterráneos amablemente le guiará con precisión hasta el barrio ‘Las Lomas’. En medio de empedradas calles, entre una que otra casa de madera y el polvorín, se encuentra aquella vivienda de azul descolorido, sobre la que reposa la leyenda ‘Dios es grande’. Ahí residen Harrison, su madre y su abuelo.

Hasta aquí diariamente llegan familiares y vecinos a visitarlo. Con su carisma y gusto por la música se ha convertido en uno de los seres más queridos del lugar. “Aquí, todos lo queremos mucho, nos divertimos con él. Pero usted entenderá que él quiere tener una vida amplia y normal como la de todos los niños”, asegura Víctor Díaz, su tío.

Y es que la vida de Harrison, lastimosamente, no ha sido normal o al menos nada parecida a la de cualquier niño. El 6 de abril de 2002, mientras Asmín Pérez, madre de Harrison, se recuperaba del parto con la ilusión de disfrutar su faceta como mamá, su hermana se alarmó al descubrir que los ojos del recién nacido no reaccionaban a la luz, Harrison no veía. Nació ciego. En ese momento Asmín revivió la pesadilla de cuatro años atrás, cuando dio a luz a María Isabel, su primera hija, que coincidencialmente nunca pudo ver los colores de la vida y murió poco antes del nacimiento de Harrison.

“Cuando yo salí embarazada nuevamente viví con la esperanza de que mi bebé pudiera salir normal, pero ya ve, mire cómo está Harrison. Después, Dios me mandó calma y, ajá, seguí adelante”, dice Asmín, con tristeza en la mirada.

Pero el calvario de esta madre apenas empezaba. Cuando el pequeño Harrison cumplió seis años su cuerpo engordaba sin parar. Fue diagnosticado inicialmente con sobrepeso. Pero, en un abrir y cerrar de ojos, Harrison pesaba más que cualquiera de sus familiares, incluso más que cualquiera de algunos de sus  familiares juntos. Hoy, a sus hinchados y enfermos pies les cuesta sostener ese cúmulo de grasa en que se ha convertido su cuerpo. Hoy, a pesar de su corta edad, los sueños, el alma e inocencia de Harrison se encuentran atrapados en un cuerpo que está anclado a la isla, de donde no puede salir a estudiar, a jugar, a caminar por el mundo.

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“Una cama en cuatro paredes y un dolor profundo en el cuerpo, una silla donde me mueven me acompaña en el momento. Soy un cuerpo sin movimiento, producto de una enfermedad, a veces me pongo a llorar, pero nada gano con eso”, entona Harrison desde la terraza, como describiendo su realidad, pero realmente se trata de una canción de Diomedes Díaz, ‘Volver a vivir’, una de las muchas que escucha a diario.

Entre tantos impedimentos físicos y muy poca distracción, Harrison usa la música como aliciente para sobrevivir aquellos días en los que la tristeza y la nostalgia de no poder ir a la escuela, estar con sus amigos o simplemente ser ‘normal’, se apoderan de él.
“Me gustaría ser cantante, porque a mí me gusta mucho la música, la champeta, el vallenato, la música africana, la ranchera, pero si tuviera que elegir sería la champeta o el vallenato también”, dice y sigue cantando con esa sonrisa que irradia inocencia, que esconde dolor.

Harrison solo pudo ir a la escuela hasta los 8 años, cuando su madre podía trasladarlo hasta Cartagena y llevarlo a la fundación donde le daban clases especiales. “Tenía que llevarlo hasta Cartagena y no tenía para los transportes, y ya luego que él empezó a engordar mucho, menos podía. Pero él quiere volver, siempre dice que quiere estudiar para poder ser un cantante”, refiere Asmín con la esperanza que su hijo pueda cumplir su sueño.

Una condición preocupante

En circunstancias normales, cuando una persona come algo el organismo lo quema, lo gasta. Pero en un organismo como el de Harrison su cuerpo multiplica todo lo que se come por diez, es decir, si Harrison le da a su cuerpo un buñuelo es como si se comiera diez. ‘Obesidad súper mórbida’ le llaman a aquel desorden de su desproporcionado metabolismo, ese que lo convirtió en un depósito de grasas, y portador de enfermedades propias de alguien de 80 años, otorgándole el rótulo de ‘el niño más obeso de Colombia’.

“Por su obesidad, de un momento a otro Harrison puede sufrir un infarto, tiene prevalencia de arritmias cardíacas, no le llega buen oxígeno al cerebro, es un paciente de alto riesgo”, dice Salvador Palacio, director de la Fundación Gorditos de Corazón.

Y no hay mentira en lo que afirma Salvador, la gran cantidad de grasa y azúcar en su sangre, sumados a la apnea obstructiva, que padece mientras duerme e impide una correcta oxigenación al cerebro, podrían causarle una muerte súbita o un derrame cerebrovascular en cualquier momento. Es por esto que la Fundación Gorditos de Corazón, dedicada a ayudar a quienes padecen de sobrepeso, obesidad y trastornos alimentarios, adelanta esfuerzos para brindarle un tratamiento integral, donde el único fin será beneficiar a este  joven soñador.

“La idea es trasladarlo a Medellín la próxima semana para iniciar una serie de exámenes que determinarán sus condiciones reales, pues en la isla es imposible conocerlas. Luego se pasará a una primera fase que durará unos seis meses, que consiste en un ‘Bypass gástrico natural’, sin cirugía, donde la idea es desintoxicarlo, hacerle perder peso y disminuir la grasa y la ansiedad, este tratamiento se hará con un grupo multidisciplinario donde participará un pediatra especialista en obesidad, un nutricionista, psicólogos y hasta un preparador físico”.

Ahora Harrison espera que esa ayuda llegue pronto, pero mientras eso pasa continuará sus días sentado en la terraza de su hogar disfrutando la música, esperando que llegue algún vecino para escucharlo cantar y por un momento olvidar su triste realidad.
 
Viajará a Medellín
El viaje de Harrison a Medellín está programado para la próxima semana. Sin embargo, se esperaba que la Fuerza Área prestara ayuda para poder trasladarlo a la capital de Antioquia.