Facetas


El paso en falso de las agencias matrimoniales

ANDRÉS PINZÓN-SINUCO

14 de diciembre de 2014 12:02 AM

Las sonrisas son amplias. El plano medio de las fotografías no sólo permite que les vean sus rostros gráciles, latinos. También posibilitan que el extranjero pueda ver la contextura de las mujeres. Lucen escotes -profundos-, cabello suelto -oscuro- y blusas holgadas o ceñidas pero muy frescas, habituales en el Caribe. Las imágenes aparecen y desaparecen en una de las múltiples galerías virtuales de las agencias matrimoniales que ofertan en Cartagena sus servicios.

Encima de las fotos -que van mostrando chicas entre los 19 y 40 años-, la página web Pareja-Extranjera.com sugiere que la interesada envíe fotos donde luzca “alegre, amigable, feliz, optimista, segura, elegante e interesante, con un toque sensual”. Después de tanta adjetivación, les indican que consideren estas imágenes “como una inversión en tu futuro”.

Las agencias matrimoniales exaltan las cualidades de los “caballeros extranjeros” -norteamericanos y europeos en su mayoría-. Entre múltiples virtudes, dicen que son “trabajadores, protectores, padres excelentes y fieles”.

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Entre 1998 y noviembre de 2001, Alonso Zapata(*) fue traductor para la agencia matrimonial Latin Destination de Cartagena. Su conocimiento del idioma inglés lo volvió un elemento infalible a la hora de ayudar en la comunicación entre foráneos y cartageneras. Aunque no lo dice abiertamente, es obvio que se arrepiente de aquellos años en los que interpretaba las pretensiones de los hombres que acudían a la agencia. Su trabajo, además de traducir las primeras conversaciones de las parejas que se formaban, consistía en convencer a las chicas para que fueran dóciles y condescendiente a los deseos del cliente extranjero, y al mismo tiempo manejar la soberbia del dinero que todo lo compra.

- Las primeras preguntas que me pedían que tradujera eran: ¿cuál es tu nombre, de dónde eres?- dice Alonso Zapata, docente de inglés, padre de un escolar y empleado de una prestigiosa universidad de la ciudad.
La tercera o cuarta pregunta va mucho más “al ring”.

- Preguntaban: ¿cómo te gusta, qué haces y qué no haces?- dice Alonso Zapata-. Las agencias ofrecen una cena en la que todo el mundo se conoce. Una mesa en el centro con algo para picar. Los extranjeros van viendo, en principio desde la barrera, a las muchachas vestidas muy voluptuosas. Ese es el primer acercamiento. Unas quince niñas que desconocen el idioma de un ‘vejete’ de 70 años. El tipo les dice “Soy como un Cadillac: viejo pero con plata”. Y que quiere hacer un test drive (prueba de manejo). “Si nos gustamos, me caso”. Cada uno de los extranjeros va tomando notas.

Después de ese cóctel de bienvenida, la agencia programa una salida a los sitios históricos. Les muestran la ciudad y les dicen que no tienen que sentir vergüenza porque no hay problema en salir ni ser visto con una mujer mucho menor que ellos.

- En la segunda salida ya deciden con quién estar y por cada una tienen que pagar al tipo de la agencia- dice Alonso Zapata-. El tipo toma cada día de la semana para salir con una. La mayoría de las mujeres mienten: dicen que no tienen hijos o que no tienen matrimonios. A veces les inventan alguna historia triste. A los clientes más adinerados, la agencia no los quiere dejar salir. En la tercera cita ya hay una pareja.

Este profesor de inglés admite que lo “espeluznante” de ese trabajo es que muy pocas mujeres se niegan a las pretensiones sexuales, puesto que como el “gringo” sale con más de cuatro mujeres, cada una debe demostrar un “mejor desempeño” que la otra. Para las últimas citas no es necesario un traductor.

- En una ocasión llegó un tipo vestido de policía a coger por los cabellos a su esposa que estaba saliendo con un gringo en un hotel de Bocagrande- dice Alonso Zapata-. Es evidente que el negocio es de venta de mujeres. Lo más incómodo es cuando te tratan de morder la dignidad. Te dicen: pregúntele si quiere hacer un trío.

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Raquel Amador(*) tenía en ese entonces diecinueve años. Quería conocer extranjeros para practicar su inglés y terminó inscribiéndose a la página web Amor de Cartagena. Era una buena estudiante. Así la recuerdan sus compañeras del Colegio Mayor de Bolívar en donde estudiaba para ser profesional en operación turística.

Antes de conocer a quien sería su esposo danés, se había unido en matrimonio con un vigilante a quien había tratado un par de años antes en el barrio Chile, en donde ambos pasaron su infancia.

En principio la deslumbraron los lujos del yate en el que la invitó a pasear el europeo que trabajaba -según supo- importando para Colombia insumos agrícolas. Raquel llegó a casarse con el foráneo.

El primer viaje que hicieron fue a España en donde su marido tenía un par de propiedades. En Barcelona resultó embarazada. No obstante, empezó a notar que conforme pasaba el tiempo, aumentaba el desinterés de su esposo. Después de algunos maltratos físicos y psicológicos y tras perder el apoyo financiero del danés, decidió separarse definitivamente. Consiguió trabajo como mesera en uno de los bares de Barcelona.

Luego de que pasaran unos meses de la separación, se conocieron en Cartagena algunas fotos en las que Raquel aparecía desnuda y sosteniendo sexo con su exmarido.

Mediante argucias jurídicas, el danés se quedó con su hijo. Ella tuvo que recibir ayuda en una clínica psiquiátrica de Barranquilla, una vez consiguió regresar a Colombia.

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Peggy tiene unos aretes largos. La foto apenas está recortada para enfocar solo su cara. En la esquina superior izquierda del cuadrado con su imagen hay una flor blanca añadida digitalmente. Su rostro maquillado es expresivo. Sostiene una sonrisa nada fingida y tiene el pelo recogido con un lazo. Al lado de esta imagen, que aparece en la parte inferior de una de las páginas webs de agencias matrimoniales, tiene lugar el siguiente texto.
“Bueno te escribo para contarte que me ha ido muy bien en mi matrimonio y en mi nuevo hogar gracias al apoyo de mi esposo al que cada día quiero más, nos hemos entendido muy bien gracias a Dios y a la madurez de cada uno. Gracias a Dios ya terminó una parte del proceso, ya que hace una semana recibí mi Residencia Permanente, eso me tiene muy contenta, además de que cada día me acostumbro más al estilo de vida en este país, estoy trabajando y estudiando y también conociendo muchos lugares aquí en EE.UU. Solo quería compartir contigo parte de mi felicidad matrimonial, ya que en tu agencia pude conocer a una excelente persona, a un buen hombre que ahora es mi esposo”.
Para operar como agencia matrimonial únicamente se necesita registrar en la Cámara de Comercio una empresa de servicios de Internet. Ninguna autoridad las controla.
(*) Nombres alterados a petición de la fuente.