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El soldado colombiano que captó la Guerra de Corea

EFE

03 de junio de 2018 12:30 AM

Gilberto Díaz Velasco tiene viva su experiencia como soldado en un conflicto que no era el suyo y que hoy, 65 años después, desempolva con más de 600 fotografías inéditas de la Guerra de Corea (1950-1953), en la que Colombia fue el único país latinoamericano participante.

“No es fácil recordar esa aventura. Hoy en día estoy contento de haber podido regresar con la satisfacción del deber cumplido”, rememora Díaz, quien partió en 1952 como soldado del Batallón Colombia y se retiró como sargento mayor de infantería.

Colombia fue el único país de Latinoamérica que atendió el llamado de la ONU para defender a Corea del Sur durante la guerra contra Corea del Norte, que terminó con la firma de un armisticio a pesar del cual las dos naciones siguen técnicamente en guerra.

El veterano explica que el Batallón Colombia fue la primera unidad militar que combatió en Asia y que sirvió junto a la Séptima y la Vigésimo Quinta División de Infantería de Estados Unidos.

Su historia y sus fotografías fueron rescatadas por el Centro de Rehabilitación Inclusiva (CRI), una institución del Ministerio de Defensa construida con apoyo del Gobierno de Corea del Sur para la recuperación física y mental de soldados colombianos heridos en el conflicto armado interno.

“El viaje en barco (por el océano Pacífico) fue una experiencia ‘sabrosa’. Al comienzo uno se sentía mal porque no estaba acostumbrado a esas largas travesías por mar pero al final llegamos y todo cambió”, afirma Díaz a Efe.

Colombia, que se sumó a la guerra en agosto de 1951 bajo la presidencia de Laureano Gómez, aportó tres fragatas y un batallón de infantería.
De los 5.204 militares colombianos que combatieron en ese lejano conflicto, 143 murieron, 557 fueron heridos, 71 desaparecieron y de los 30 que fueron capturados por las tropas enemigas, dos nunca volvieron, dicen que por voluntad propia.

Aunque las cifras no están claras, se estima que actualmente en Colombia hay vivos alrededor de 750 veteranos, todos mayores de 80 años.
El veterano Díaz asegura que las cifras de esa guerra “todo el mundo las conoce”, pero él, sin tener una razón en particular, “se le dio por tomar fotos de todo lo que veía”.

En el viaje “se me dio por comprar una camarita y con ella comencé a tomar fotos que fui guardando en cajitas sin más pretensión que tener un recuerdo”, explica.

Fue así como en las placas quedaron grabadas imágenes de soldados en acciones de ataque o defensa, en las trincheras, recibiendo sus alimentos en medio del fuego cruzado, compañeros heridos o muertos, montañas cubiertas de nieve, ceremonias militares o ríos congelados.

“Una de las que más me gusta fue una en donde se celebraba una misa católica en una montañita. El sacerdote, que era colombiano, utilizó el capó de un jeep de guerra como altar. El padre quedó de espalda a los soldados y levantando las manos. Se ve el carro cubierto con lonas viejas y las ruedas tenían cadenas envueltas para que no patinara”, detalla.

Mucho más...
Pero hay más, dice Díaz, quien se lleva la mano a la cabeza y recuerda que también tiene otras fotos en donde se ven exuberantes montañas, flores, puentes que parecen sacados de viejos dibujos, niños corriendo detrás de los trenes que llevaban a los soldados y casuchas fabricadas con madera y latas.
“Podría decir que en las fotos está retratada la guerra de otra manera pues se ven caras alegres, momentos tristes como cuando hay muertos o heridos; lo cotidiano porque hay unas en donde se ven soldados construyendo las trincheras, momentos de descanso e incluso unas cuando todavía el humo del disparo de un cañón o de un mortero no había desaparecido”, dice.

Con la seguridad de quien conoció los horrores de la guerra, Díaz asegura que pese a que le vio la cara a la muerte, lo suyo fue una experiencia que pocos tienen la oportunidad de vivir y de contar.

Agrega que lo que más le asombra es la capacidad de trabajo de la gente de Corea del Sur, que en menos de medio siglo pasó de ser un país devastado por la guerra a una nación de las más desarrolladas del mundo.

“Ojalá Colombia algún día pueda vivir en paz, que no nos matemos entre nosotros y que podamos avanzar para progresar y que la gente tenga oportunidad de progresar como lo han hecho y lo hacen los coreanos”, concluye el soldado que documentó en más de 600 fotografías un conflicto casi olvidado.