El sombrero vueltiao y el significado de sus vueltas

26 de agosto de 2018 12:30 AM

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Yuranis Marcela Suárez Suárez vive en el Cabildo Menor Alta Ribera Roma de San Andrés de Sotavento. Tiene 19 años y es la representante del Parlamento Joven de San Andrés, estudiante del segundo semestre de la Normal Superior de Sincelejo. Vino a Cartagena, a compartir su visión sobre sus ancestros zenúes, en el Parlamento Internacional de Escritores.

Si cierra sus ojos del color de los congolos que arrastra el río Sinú, verá a sus abuelos Neyla Feria y Tomás Suárez, tejiendo sombreros vueltiaos, bajo la luz cenicienta del amanecer entre las palmas amargas. Su padre Giovanni Suárez Márquez es sembrador de maíz, yuca, ñame y fríjol. Su madre Beatriz Suarez Ortiz es trenzadora de sombreros vueltiaos, ama de casa y sembradora de hortalizas.  Yuranis se llama en la lengua zenú Yuma que quiere decir Libre para el trabajo. Lleva un sombrero vueltiao de ala pequeña.

“El sombrero de las mujeres es más pequeño que el de los hombres. Tiene el ala más pequeña. El de los hombres es más grande porque tiene dos vueltas agregadas”, dice Yuranis. “El sombrero y el tejedor son uno solo”, me explica. “El centro del sombrero es la matriz del universo, y cada vuelta son los pasos que darás a lo largo de la vida, hasta la última cinta que representa la muerte y el reencuentro con el principio”.

Viene del Sinú ancestral recogiendo las palabras perdidas de la tribu: Hoga, una lengua en proceso de revitalización, agrega la investigadora Miriam Castillo.  Algunas de esas palabras son ¡uueeii! Aue en lengua zenú quiere decir ¿Cómo estás? O ¡uueepapa!: Te deseo felicidad. O Heeiminene: Bueno conocerte.

Yuranis o Yuma vino a hablar en Cartagena, de los sabios orfebres que llenaron el valle del Sinú, de maravillas que hoy duermen en el Museo del Oro de Cartagena y deslumbran en los museos del mundo.  Se refirió a las manos sabias de los tejedores, alfareros, orfebres y creadores del legendario sombrero vueltiao. En su resguardo todos saben qué significa cada pinta del trenzado, qué significa las vueltas que da la caña flecha en la memoria colectiva. En el sombrero no solo hay una información del paisaje de aguas conectadas con el río Sinú, sino también, es un alfabeto de la tribu, una matemática emocional que los conecta a sus recuerdos más antiguos.

Descríbame cómo es su resguardo y cómo es su paisaje.
-Para mí es un paisaje muy bello. Nuestras casas son de palma y bahareque y los caminos altos con escalinatas de piedra, en medio de las murallas de la montaña. Cantan los yolofos que son unos pájaros negros de pico largo, muy parecidos a los que ustedes tienen en Cartagena. Y las oropéndolas que son pájaros de color café. A veces, los yolofos se meten en los nidos de las oropéndolas y las oropéndolas se meten en las de los yolofos. El nido es una enorme mochila tejida por los pájaros bajo los guayacanes. Y con la madera de los guayacanes, se tallan los bastones de los caciques del resguardo.

¿Cuál cree usted que son las mayores amenazas que tiene la cultura de los zenúes?
-Creo que hay dos amenazas, pero la primera y peor de todas, es que la mayor amenaza somos nosotros mismos, por el olvido que tenemos de lo que hemos sido a través del tiempo.  Y no podemos ser mejores si seguimos viéndonos como los más bajo de este mundo. Y no tener sentido de pertenencia ante el poderío grande del pasado. Lo peor es que los indígenas nos negamos a nosotros mismos. La segunda amenaza es el entretenimiento y mal uso de las tecnologías. Nosotros al tejer sombreros también estamos haciendo conexiones con el pasado y con nuestra comunidad. La única conexión no proviene de las tecnologías de hoy. Nosotros ancestralmente estamos conectados. Me da pesar cuando a los jóvenes de mi tierra, incluso de la misma comunidad zenú, les da pena ponerse un sombrero vueltiao, que es más que un sombrero, una memoria ancestral.

¿Qué costumbres del pasado prevalecen hoy entre los zenúes del resguardo donde usted nació y vive?
-Bueno, la unión prevalece porque todos en el resguardo somos una familia, una comunidad de trescientas familias. Los Suárez son una unidad familiar en el pueblo. Pero también viven los Márquez, los Vaquero, los Tirado, entre otros. Allá se sigue sembrando maíz, yuca, ajonjolí, se hace el bollo poloco tradicional, se hace el ñeque que es un licor de la comunidad, se consume chicha de maíz, se celebra la procesión de Santa Lucía. Me encanta el mote, el suero, el fríjol y el ajonjolí. La naturaleza es nuestro referente sagrado. Es nuestra deidad mayor. Allí vivimos nuestro ser. En algunas regiones cercanas a la ciénaga, hay aún familias que siguen consumiendo babillas. Practicamos en el resguardo el trueque de productos, con familias conocidas o desconocidas. Nosotros los zenúes nos levantamos y nos acostamos con el sol. Muy temprano cuando se oculta el sol y otra vez, temprano, cuando sale el sol.

¿Ha tenido contacto con otras culturas indígenas?-No. No he tenido esa experiencia de interactuar con arhuacos o wayúus o personas pertenecientes a comunidades del sur de Colombia. Me gustaría conocer otras comunidadades para fortalecer mi herencia desde el conocimiento de otras culturas.

¿Cómo reaccionan los zenúes frente a la globalización?
-El ataque de la globalización y de la cultura occidental se vuelve problemática cuando en el trenzado perdemos la conexión con el pasado y nos distraemos tejiendo a ritmo de vallenatos, reguetones o champetas. Se rompe la conexión de nuestro ser y nuestro espíritu.

¿Cómo se ve en diez años usted?
-Me veo como una etnoeducadora que visitará las diferentes comunidades indígenas y recorrerá las diversas culturas, que indagará por sus orígenes y se lo compartirá a los niños y los jóvenes, descendientes de zenúes o en general, a la comunidad sinuana y público en general.

Epílogo

Yuranis lee libros de historia de la región sinuana y le encanta leer poemas. Vino acompañada por su profesora Miriam Castillo y por los niños declamadores de Chinú: Samara Lucía Quiroz Zabala, de 8 años, y Gabriel Eduardo Casarrubia Ochoa, de 8 años, a participar en el Parlamento de Escritores de Cartagena.

“A mí me satisface dar a coocer mi etnia zenú”, dice.
 Cuenta que en su pueblo no hay un puesto de salud, y cuando alguien se enferma tienen que ir a la cabecera municipal. 

“Los zenúes madrugamos. Nos despertamos con el canto de los pájaros”, dice.
“No sufrimos de miedo pese a todo lo que nos ha ocurrido. La palabra del indígena tiene poder.

Bajo el ala de su sombrero vueltiao tejido en su resguardo, cae su cabellera negra, de azabache, y en el aire brillante de agosto, parpadean sus ojos   cafés sinuanos que descifran el entorno, con la dulce y sabia mansedumbre de una joven guardiana de su tribu.

"El silencio es clave en nuestra cultura zenú. Cuando tejemos estamos inmersos en el silencio que nos lleva al pasado. No es un silencio a la manera occidental. Es una forma de la meditación”

Toca la copa de su sombrero y es como si tocara el corazón de su tribu.

 

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