El tapabocas reina en el mundo

31 de mayo de 2020 12:00 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

“Mascarilla para proteger de agentes patógenos o tóxicos”, así define el diccionario de la Real Academia Española a la palabra tapabocas, también conocido como cubrebocas o barbijo. El término hace eco en todos los rincones del mundo desde diciembre de 2019, cuando comenzó la pandemia. Su uso ha sido incluso motivo de debates, en algunos países y entre expertos, sobre si es pertinente o no llevarlo para protegerse del coronavirus. Lo cierto es que los rostros de millones de personas lucen hoy diferentes: cubiertos, de nariz y boca. Los barbijos han aparecido en las guerras contra las pestes y, ahora, son de primerísima necesidad.

Uno de los primeros en la historia en aproximarse a ellos, creando un traje de protección especial y bastante particular, fue Charles de Lorme, un médico francés del siglo XVII que se le atribuye haberse inventado un atuendo peculiar con una máscara más bien pintoresca, con lentes y con un pico, con función ‘purificadora’ - que si bien no era solo un tapabocas como tal, sí cubría nariz y boca- digna más bien ahora de una película de terror. Se dice que el traje con aquella máscara lo usaron los médicos para protegerse de la peste bubónica. (Lea aquí: Empresa estadounidense donó 1.3 millones de tapabocas a Colombia)

El tapaboca más parecido a lo que conocemos hoy día, está documentado, apareció a finales del siglo XIX. Aquellas primeras mascarillas quirúrgicas, hechas con gasas, tenían el propósito de evitar las bacterias en el aire durante las cirugías. “Desde finales del año 1800 se le atribuye al cirujano francés Paul Berger haber sido el primero en ponerse algo parecido a una mascarilla quirúrgica durante un acto quirúrgico”, describe el doctor Luis Del Río, en el artículo ‘Uso del barbijo quirúrgico’, de la revista digital Intra Med de Argentina. Luego -añade el doctor- se tiene como referencia al cirujano austro húngaro Jan Mikulicz.

“En el año 1897 montó en Breslau (ciudad al suroeste de Polonia) el quirófano aséptico más moderno de Europa y allí fue el primero que utilizó máscaras de gasas y telas como una forma de disminuir las infecciones quirúrgicas”, describe. Aquellas máscaras de tela y gasa, si se trajeran al día de hoy, quizá no superarían ninguna pruebas de efectividad. Sin embargo, dice el artículo, “es llamativo ver cómo muy livianamente se dice que tanto Berger como Mikulicz: ‘bajaron la incidencia de infecciones quirúrgicas’, algo que, a la luz de lo que hoy se trata de imponer, aparece como totalmente fuera de contexto”.

Otro artículo, de la revista virtual de literatura médica Medigraphic, también describe al respecto: “Las gotitas de Flügge fueron descritas en la década de 1890 por el bacteriólogo e higienista alemán Carl Georg Friedrich Wilhelm Flügge (1847-1923), quien demostró que incluso durante el ‘discurso tranquilo’ se rocían (estas) gotitas en el aire en minutos; este hallazgo fue fundamental para que el cirujano Mikulicz promocionara el uso quirúrgico de máscaras de gasa en 1897”.

En ese año, Mikulicz luchó por el uso de mascarillas de gasa cuando “demostró la teoría de la infección por gotas. Sin embargo, no fueron obligatorias hasta 1926, cuando en heridas infectadas se encontraron los mismos microorganismos que había en las narices y gargantas de cirujanos y enfermeras”, afirma el médico Del Río. (Lea también: 11 mitos y verdades sobre el uso del tapabocas en tiempos de coronavirus)

En 1910, los cubrebocas se utilizaron en China para prevenir la propagación de la peste neumónica y, luego, se usó con la aparición de la gripe española en 1918. Han aparecido en otros brotes pandémicos como la gripe de Hong Kong. Hoy, cuando el mundo es nuevamente amenazado por una peste de temidos alcances, el tapabocas ha vuelto a la cotidianidad humana. Desde pequeñas, medianas y grandes empresas han cambiado su objeto social para incursionar en la fabricación de barbijos. Costureras locales y diseñadores de modas, marcas exclusivas se reinventan en la industria del tapabocas. Un estudio fotográfico en la India fábrica tapabocas con la impresión de una foto de tu boca y nariz; los futbolistas del Boca Juniors y del River Plate donaron sus camisetas para hacer barbijos en Argentina, en una campaña para generar empatía hacia los médicos y enfermeras que los usaran. Brian Woods, un estadounidense de 63 años, está haciendo tapabocas con piel de iguanas y de serpientes pitón, algo que podría parecer un tanto bizarro, que vende a 90 dólares en su página de Facebook. Los trabajadores de American Airlines también están fabricando mascarillas. Excombatientes de las Farc, en Colombia, están haciendo cubrebocas. Las internas de la Cárcel Distrital de Cartagena, desde que llegó la pandemia a la ciudad, iniciaron la producción de estas barreras contra el coronavirus.

Los bomberos de la ciudad de Armenia siguen atendiendo emergencias, pero en el tiempo libre cosen tapabocas. La tejedoras de Mampuján, alguna vez golpeadas por la guerra, ahora confeccionan, con coloridos hilos, tapabocas artesanales para vender por Internet.

Y así, el mundo se va reinventando, el mundo se va acoplando a cambiar un poco o mucho, a sobrevivir, como ya antes lo hemos hecho y como los seguiremos haciendo, con el tapabocas puesto.

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Facetas

DE INTERÉS